No seamos meros voyeurs

Por Gabriela Duguech - Psicóloga

20 Noviembre 2011
Ante los recientes hechos de violencia hacia jóvenes difundidos por la web y los medios hay distintas voces que se levantan y con razón, para señalar su indignación, consternación, preocupación. Sobre todo porque en algunos casos no son hechos aislados, episodios sueltos, sino la repetición de maltratos, acosos, humillaciones, que fijan a los protagonistas en posiciones de víctima o victimarios con el goce insano que esto implica aún mas en niños y adolescentes que están constituyéndose como sujetos.

Nos preguntamos cuál es el lugar de la angustia en cada uno de estos casos. Para el psicoanálisis, que se enfrenta con los avatares del sufrimiento psíquico en sus distintas formas, la angustia es señal de la presencia del sujeto en tanto este se constituye en relación a una subjetivación de la ley que el otro trasmite y que hace posible los vínculos humanos. La angustia, cuando es excesiva, pierde su valor de señal y puede paralizar al punto de no poder sostener la propia dignidad y quedar atrapado en el goce sádico del otro. La angustia ante la distancia con los ideales que no se alcanzan (éxito, belleza, popularidad) puede llevar a hacerse un lugar entre los demás aunque más no sea como matón, bravucón, despiadado.

La responsabilidad, que abre posibilidades de transformación subjetiva y no de fijación y cronificación de lo que hasta entonces era un comportamiento sintomático indicador de conflictos no resueltos, es algo a lo que hay que apuntar en cada una de estas situaciones. Unas palabras sobre la función de los medios en el tratamiento de estos temas: si no se lo hace con responsabilidad, lo que implica dar lugar a una reflexión sobre las causas mas allá de las apariencias, nos transformamos en cómplices voyeuristas de aquello que denunciamos; y, lejos de frenar el fenómeno, contribuimos a propagarlo.

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