La violencia entre chicos se convierte en hábito porque no les enseñan a convivir con el diferente
Expertas reflexionan sobre los casos de maltrato entre compañeros o "amigos", que en ocasiones pueden exhibir finales fatales. Las redes sociales son caja de resonancia de episodios de humillaciones sin límites entre niños o adolescentes. Una cultura en la que el instinto aparece en carne viva
20 Noviembre 2011 Seguir en 
Un compañero lo agarró a trompadas y a patadas. Cuando cayó al piso, recibió un golpe en el pecho que lo desmayó. El que agrede es uno solo, pero está acompañado: los otros no intervienen, sólo se ríen. Inclusive, uno de ellos filmó el episodio y lo "subió" a YouTube. La razón de la golpiza al chico de 15 años que estudia en el segundo año de la escuela técnica de Jesús María, en Córdoba: es gordo y pretendía jugar al fútbol.
Después le tocó a una mujer. También la semana pasada. También en Córdoba. La víctima es una chica de 13 años que estudia en una escuela de la localidad de Adelia María, cerca de Río Cuarto. Según su madre, "la discriminaban y perseguían por ser linda y flaca". De hecho, denunció que el hostigamiento comenzó el año pasado, pero apuntado a su bicicleta: le pinchaban los neumáticos o le arruinaban la cadena. Pero ahora, dos compañeras del colegio la persiguieron, una la tiró de la bici, la otra le dio una patada en el piso, y luego le aclararon que no la golpeaban más porque las lesiones de la caída (un diente quebrado, el labio superior golpeado, moretones en brazos y piernas) ya era suficiente.
Claro que el flagelo no es exclusivamente cordobés. Hace un año se hizo público el caso de Lucía Rossi, una modelo tucumana que denunció que una patota de otras jóvenes la había agredido por ser linda. Le apuntó directamente a Alejandra López Zelarayán. Esta lo desmintió: dijo que no sólo no hubo patota sino que Rossi fue quien la atacó. Rossi mantuvo sus dichos. "Ella ya me había amenazado antes. Me decía ?te voy a desfigurar?. Nunca pensé que iba a concretarlo, menos siendo mujer", manifestó.
El extremo ocurrió en la otra punta del continente. En Georgetown, Estados Unidos, la pequeña Ashlynn, de 10 años, se quitó la vida porque, según el testimonio de su madre, Stacy Conner, ya no soportaba el acoso que sufría a diario en el colegio. "Al parecer, los niños la humillaban llamándola puta, gorda y fea", consigna el diario The Daily, según el cual la niña acudió en varias oportunidades a los docentes, quienes la habrían tildado de ser una acusadora crónica.
Una pregunta surge desde el fondo de los recuerdos, desde la más tierna infancia que a menudo tuvo momentos que de tiernos nada tenía. ¿Por qué son crueles los chicos?
"La violencia ha existido desde que el hombre es hombre. El asunto, para no caer en historicismos ni en debates filosóficos, es pensarlo hoy: por qué, todavía hoy, sigue siendo así", plantea la psicoanalista Susana Martínez.
Negar la palabra
"Es fundamental entender que la violencia es la negación de la palabra", sostiene Martínez. "Donde hay un acto de violencia, hay algo que no está dicho. Hay una dificultad en el acuerdo con el otro: en el diálogo", define.
Justamente, para la profesional el caso del chico cordobés agredido porque es gordo resulta paradigmático: es la manifestación de la intolerancia al que es diferente. "Y al diferente hay que pensarlo como aquel a quien la sociedad marca como diferente: raro, relegado, enfermo. Es una cuestión marcada por lo cultural: lo que es raro en este país no lo es en otros. Cada sociedad va marcando lo que considera extraño, fuera de la norma, de lo esperable, de los ideales", precisa.
Martínez hace hincapié en que la gordura es todo un "tema" para nuestra sociedad. No por nada, advierte, la Argentina lidera los rankings mundiales, y especialmente los sudamericanos, en materia de cirugías estéticas. "Hay una relación con los ideales de belleza que los medios proponen. Y a la vez, también está en juego la imposición de una idea, de una voluntad, sobre un otro más débil".
Precisamente, la psicóloga Gabriela Duguech advierte que ante la angustia que provoca la distancia de los ideales que logran alcanzarse (la belleza, entre muchos otros), la violencia surge como un atajo perverso para hacerse un lugar entre los demás.
Entonces, la incidencia del contexto llena de contenido las preguntas acerca de los comportamientos crueles que pueden tener los chicos. La psicóloga Malena Elmiger advierte que hay una violenta contradicción a nivel de superestructuras: si vivir en sociedad implica deponer libertades primitivas a cambio de ingresar a una comunidad, la lógica del capitalismo establece, en cambio, que nada debe perderse: que todo se puede.
Tolerancia cero
"Lo que está en juego en el caso del chico de Córdoba es: sos gordo y no servís; no podés; no formás parte. La exclusión es aquí también una palabra importante. Y esto es muy contemporáneo, porque la tolerancia es la aceptación de la diversidad", patentiza Martínez.
Los chicos ponen en evidencia la construcción de una sociedad que vive rodeada de prejuicios que construyen intolerancia por las razones más diversas y, a la vez, más absurdas: el color de piel con el que se nació, la religión a la cual se adscribe o la condición social en la que se vive. Todos esos prejuicios generan violencia.
Después le tocó a una mujer. También la semana pasada. También en Córdoba. La víctima es una chica de 13 años que estudia en una escuela de la localidad de Adelia María, cerca de Río Cuarto. Según su madre, "la discriminaban y perseguían por ser linda y flaca". De hecho, denunció que el hostigamiento comenzó el año pasado, pero apuntado a su bicicleta: le pinchaban los neumáticos o le arruinaban la cadena. Pero ahora, dos compañeras del colegio la persiguieron, una la tiró de la bici, la otra le dio una patada en el piso, y luego le aclararon que no la golpeaban más porque las lesiones de la caída (un diente quebrado, el labio superior golpeado, moretones en brazos y piernas) ya era suficiente.
Claro que el flagelo no es exclusivamente cordobés. Hace un año se hizo público el caso de Lucía Rossi, una modelo tucumana que denunció que una patota de otras jóvenes la había agredido por ser linda. Le apuntó directamente a Alejandra López Zelarayán. Esta lo desmintió: dijo que no sólo no hubo patota sino que Rossi fue quien la atacó. Rossi mantuvo sus dichos. "Ella ya me había amenazado antes. Me decía ?te voy a desfigurar?. Nunca pensé que iba a concretarlo, menos siendo mujer", manifestó.
El extremo ocurrió en la otra punta del continente. En Georgetown, Estados Unidos, la pequeña Ashlynn, de 10 años, se quitó la vida porque, según el testimonio de su madre, Stacy Conner, ya no soportaba el acoso que sufría a diario en el colegio. "Al parecer, los niños la humillaban llamándola puta, gorda y fea", consigna el diario The Daily, según el cual la niña acudió en varias oportunidades a los docentes, quienes la habrían tildado de ser una acusadora crónica.
Una pregunta surge desde el fondo de los recuerdos, desde la más tierna infancia que a menudo tuvo momentos que de tiernos nada tenía. ¿Por qué son crueles los chicos?
"La violencia ha existido desde que el hombre es hombre. El asunto, para no caer en historicismos ni en debates filosóficos, es pensarlo hoy: por qué, todavía hoy, sigue siendo así", plantea la psicoanalista Susana Martínez.
Negar la palabra
"Es fundamental entender que la violencia es la negación de la palabra", sostiene Martínez. "Donde hay un acto de violencia, hay algo que no está dicho. Hay una dificultad en el acuerdo con el otro: en el diálogo", define.
Justamente, para la profesional el caso del chico cordobés agredido porque es gordo resulta paradigmático: es la manifestación de la intolerancia al que es diferente. "Y al diferente hay que pensarlo como aquel a quien la sociedad marca como diferente: raro, relegado, enfermo. Es una cuestión marcada por lo cultural: lo que es raro en este país no lo es en otros. Cada sociedad va marcando lo que considera extraño, fuera de la norma, de lo esperable, de los ideales", precisa.
Martínez hace hincapié en que la gordura es todo un "tema" para nuestra sociedad. No por nada, advierte, la Argentina lidera los rankings mundiales, y especialmente los sudamericanos, en materia de cirugías estéticas. "Hay una relación con los ideales de belleza que los medios proponen. Y a la vez, también está en juego la imposición de una idea, de una voluntad, sobre un otro más débil".
Precisamente, la psicóloga Gabriela Duguech advierte que ante la angustia que provoca la distancia de los ideales que logran alcanzarse (la belleza, entre muchos otros), la violencia surge como un atajo perverso para hacerse un lugar entre los demás.
Entonces, la incidencia del contexto llena de contenido las preguntas acerca de los comportamientos crueles que pueden tener los chicos. La psicóloga Malena Elmiger advierte que hay una violenta contradicción a nivel de superestructuras: si vivir en sociedad implica deponer libertades primitivas a cambio de ingresar a una comunidad, la lógica del capitalismo establece, en cambio, que nada debe perderse: que todo se puede.
Tolerancia cero
"Lo que está en juego en el caso del chico de Córdoba es: sos gordo y no servís; no podés; no formás parte. La exclusión es aquí también una palabra importante. Y esto es muy contemporáneo, porque la tolerancia es la aceptación de la diversidad", patentiza Martínez.
Los chicos ponen en evidencia la construcción de una sociedad que vive rodeada de prejuicios que construyen intolerancia por las razones más diversas y, a la vez, más absurdas: el color de piel con el que se nació, la religión a la cual se adscribe o la condición social en la que se vive. Todos esos prejuicios generan violencia.
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