Sólo dos de cada 10 abusos sexuales se denuncian

Hace dos semanas, los tucumanos nos conmovimos con la historia de un niño que fue violado en la plaza San Martín. Estos hechos se repiten en casi todos los ámbitos, pero principalmente en los entornos más cercanos a las víctimas. El silencio es el mejor aliado de los agresores. Pero, al menos, aumentan las causas judiciales. Faltan prevención y más espacios de contención.

Lucía Lozano
Por Lucía Lozano 19 Noviembre 2011

Hace deportes, anda en bicicleta, quiere ser una gran artista con su pincel. Y la pelea para ser buena alumna. La vida de María, dice su mamá, es -ahora- como la de cualquier otra chica de su edad. Sólo que la suya, a los 13 años, tiene una mochila bastante pesada. Porque carga con una infancia rota, con una inocencia interrumpida. Igualmente, no se detiene: fue a la Justicia, buscó atención psicológica y también se propone ayudar a otras personas que, como ella, fueron víctimas de abuso sexual infantil y también de un sistema burocrático, colapsado... algo impensable para un mundo en el que crecen cada vez hay más denuncias sobre este delito.

Lo que vivió María es irreversible, pero de ninguna manera la obliga a resignarse. Su sufrimiento comenzó cuando tenía apenas 8 años. Sus padres se separaron y su mamá inició una nueva relación. No imaginaba lo que le esperaba. Su padrastro comenzó a abusar de ella cada vez que se quedaban solos en la casa.

Pasaron dos años. Las malas notas en la escuela fueron la puerta por la que María se asomó a este terrible drama. Una maestra preocupada supo que algo andaba mal. En ese momento, la mamá también vio una señal: la niña había empezado a hacerse pis en la cama. Llegó la confesión, y el drama familiar. "Nunca se me pasó por la cabeza que con mi nena podía hacer algo así. El tenía adoración por ella. Nunca me di cuenta lo que escondía", explica la mamá.

Con la ayuda de la maestra, consiguieron hacer la denuncia. Aún así, después de por varias confesiones y pruebas psicológicas, esperan la fecha para juicio oral. Saben que no será fácil. Pero están dispuestas a todo. "Muchos nos dieron la espalda; nos exigieron que no dijéramos nada. Queremos demostrar que ella nunca fabuló y que con la inocencia de una menor no se juega. Todo abusador tiene que estar preso y pagar por el daño, que es inmenso", sostiene la mamá. Su historia, recogida en una ONG que se dedica a tratar esta problemática, es una ventana que nos permite ver las increíbles marcas que se esconden detrás de un delito que se quiere silenciar, un delito repleto de enormes y fríos números que recorreremos en esta nota.

832
víctimas denunciaron el último año haber sufrido violaciones y abusos sexuales de todo tipo, según los datos del Centro de Atención y Orientación en Violencia Familiar, de la Policía. La mayoría de los que sufren son menores.

1.635
personas sufrieron algún hecho de violencia doméstica en lo que va del año. Se estima que se realizan casi 164 denuncias por mes, un 10% más que en 2010. Este fue el año en el que más personas dijeron basta. Las violaciones, los abusos y las amenazas de muerte son los principales motivos que llevan a la gente a buscar ayuda. Las madres, los familiares de menores, los docentes y los médicos son los que más se animan a correr el velo.

"Hay pequeños que quedan abandonados casi todos los fines de semana en una casa de San Pedro de Colalao. Y hubo un caso de abuso sexual hacia una niña de 12 años. El acosador es un amigo de la familia", describió en una denuncia un estudiante que hace su práctica en el interior. Con nombre, apellido y dirección, el caso llegó a la Justicia. "Encontré a una alumna llorando en el baño, la abracé fuerte y me contó que desde hace tiempo su hermanastro abusa de ella", aparece en otra denuncia; esta vez, de la mano de una docente.

40%
de los casos que llegan al Departamento de Prevención y Asistencia de la Violencia Familiar, de la Dirección de Familia y Minoridad, son por abusos sexuales. Antes, hasta hace siete años, las historias se contaban con los dedos de las manos, reconoce Rosa Alastuey, quien dirige el departamento. "Ahora, esto se duplicó y casi equipara a las denuncias por violencia conyugal (60%)", explica. Igualmente, reconoce, aún falta mucho.

80%
de los abusos sexuales no se denuncia. Según los datos del Equipo de Prevención del Abuso Sexual Infantil (Epasi), de cada 100 hechos, unos 20 se delatan en la Justicia, de los cuales sólo uno obtiene sentencia firme. "Es cierto que en estos últimos años se han incrementado las denuncias. No es que hay más abusos, sino que se lo está visibilizando al problema; se está tomando más conciencia. Y sí, es bueno; pero debiera ir acompañado de información acertada a las familia (padres y madres) y de formación de los agentes de justicia y de salud; ya que son quienes intervienen en forma directa en estos casos y muchas veces no tienen las herramientas para hacerlo, pues desconocen la naturaleza particular de este delito", sostiene la licenciada Ana Valoy, psicóloga social, especializada en prevención del abuso sexual.

90%
de las personas que abusan de menores son hombres, detalla el Epasi. Y muchos de los agresores llevan la misma sangre de sus víctimas. O pertenecen al entorno más cercano del niño o niña: son vecinos, allegados, maestros, cuidadores o amigos de los padres. Los abusadores no suelen recurrir a la fuerza física, sino que se ganan la confianza del menor con manipulaciones y amenazas para que el pequeño guarde silencio.

1
caso único es el de María, que sigue andando en bici, que sigue pintando. Caso único como el de tantos. Porque cada historia es singular. "Hay muchos que tienen miedo. Por suerte yo me animé a hablar", dice la -ahora- adolescente. Y se abraza a una frase que alguna vez escuchó: "porque no hay mayor agonía que la de cargar un cuento sin contar".


Para tener en cuenta

1- El abusador puede usar fuerza física, soborno, intimidación, trucos o aprovechar la falta de conocimiento del niño para manipularlo.

2-
El que abusa sexualmente de los niños resulta ser una persona de autoridad en la que el niño confía y ama. Aparentemente, es un ser respetable y normal.

3-
Los sitios donde ocurren abusos con mayor frecuencia suelen ser donde más seguros creemos que están los niños, como la casa, la escuela o centros deportivos.


Signos de alarma

1- Relatos de abuso sexual; generalmente confusos, poco claros o disociados. La víctima suele tener un comportamiento muy obsesivo en relación al sexo.

2-
La víctima puede presentar sangrado, lesiones, picazón o dolor en la zona genital o anal. Tiene miedo, se retrae y se aísla de las actividades normales.

3-
La víctima sufre dolores de cabeza, pesadillas y tiene problemas para dormir. Rechaza estar con el agresor o no quiere permanecer en el lugar donde es abusada.

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