AUCKLAND.- Los Wallabies habían llegado a estas tierras con la intención de dar la nota y desplazar a los All Blacks en su propia casa. Ya les habían ganado hace un par de meses al consagrarse en el Tres Naciones. Esperaban repetir la historia y coronar un gran año. No pudo ser. Al final, se subieron al tercer escalón del podio y se ganó la medalla de bronce, la misma que Los Pumas habían logrado en el Mundial de 2007. Claro que para nuestro seleccionado, ese bronce fue todo un logro, todo un avance, y por eso pareció de oro.
En cambio para Australia, que venció a Gales por 21-18 en "la final de Bronce", como la llaman aquí, es apenas un premio consuelo. Un equipo acostumbrado a los éxitos y que ya levantó dos veces la Copa William Webb Ellis, siempre va por el premio mayor. Esta vez, se tuvo que conformar con estar entre los tres mejores del mundo.
Australia fue uno de los grandes equipos del torneo, aunque en los dos últimos partidos no estuvo a la altura esperada, sobre todo en el duelo de semifinales contra los All Blacks. Su inesperada derrota ante Irlanda, por la fase clasificatoria, hizo que apareciera en una llave complicada en el camino hacia el título. Lo pagó caro. Si bien le ganó a Sudáfrica, el último campeón, en cuartos de final, sufrió luego ese desgaste y varios de sus jugadores se fueron quedando en el camino por lesiones.
Igual, su rugby sigue vigente. A Gales le ganó bien, aunque en el segundo tiempo decayó su ritmo y, si los Dragones se hubieran despertado antes, quizás otra habría sido la historia. Gales se ganó el cariño de la gente. Con su juego y progreso demostró que está en un buen nivel y que hay que tenerlo en cuenta. Se repitió el mismo partido por el tercer puesto que en 1987. En aquella ocasión, Gales ganó 22-21. Esta vez, Australia, se tomó la revancha, con un resultado muy parecido. A los dos, a Gales y a Australia, se les bajó el telón para este mundial. A pesar del flojo juego general, los dos se fueron merecidamente aplaudidos.
En cambio para Australia, que venció a Gales por 21-18 en "la final de Bronce", como la llaman aquí, es apenas un premio consuelo. Un equipo acostumbrado a los éxitos y que ya levantó dos veces la Copa William Webb Ellis, siempre va por el premio mayor. Esta vez, se tuvo que conformar con estar entre los tres mejores del mundo.
Australia fue uno de los grandes equipos del torneo, aunque en los dos últimos partidos no estuvo a la altura esperada, sobre todo en el duelo de semifinales contra los All Blacks. Su inesperada derrota ante Irlanda, por la fase clasificatoria, hizo que apareciera en una llave complicada en el camino hacia el título. Lo pagó caro. Si bien le ganó a Sudáfrica, el último campeón, en cuartos de final, sufrió luego ese desgaste y varios de sus jugadores se fueron quedando en el camino por lesiones.
Igual, su rugby sigue vigente. A Gales le ganó bien, aunque en el segundo tiempo decayó su ritmo y, si los Dragones se hubieran despertado antes, quizás otra habría sido la historia. Gales se ganó el cariño de la gente. Con su juego y progreso demostró que está en un buen nivel y que hay que tenerlo en cuenta. Se repitió el mismo partido por el tercer puesto que en 1987. En aquella ocasión, Gales ganó 22-21. Esta vez, Australia, se tomó la revancha, con un resultado muy parecido. A los dos, a Gales y a Australia, se les bajó el telón para este mundial. A pesar del flojo juego general, los dos se fueron merecidamente aplaudidos.
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