La abulia domina el tramo final de la campaña proselitista que cerrará el jueves. Ese estado de ánimo es fruto de las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 14 de agosto, que en Tucumán mostraron como nítida ganadora a Cristina Fernández. Muy lejos de ella se situaron los distintos postulantes de las demás fuerzas.
A partir del 15 de agosto se dibujó un nuevo país político, que en Tucumán presentó otro color, con el aplastante triunfo de José Alperovich en los comicios provinciales del 28. La oleada cristinista emergió con claridad, al calor del buen clima económico que reinaba entonces.
El efecto cascada de esos números derramó en la sociedad y enfrió el calor de la disputa. De todos los adversarios directos de la Presidenta, el único que reapareció por estas latitudes fue el socialista Hermes Binner. Todo un reflejo de la recomposición política operada en una oposición anémica y atomizada.
El desafío mayor que enfrenta Alperovich es la captura de las cinco diputaciones que se renovarán dentro de siete jornadas. Para el oficialismo, lo óptimo sería la concreción de ese objetivo. Sin embargo, existe cautela. El propio gobernador evita manifestaciones desbordantes de triunfalismo. La génesis de esa actitud hay que rastrearlas en los guarismos de las mencionadas PASO.
Cristina Fernández superó por 100.000 votos a la lista oficialista piloteada por Alfredo Dato. El Gobierno quiere subir el piso de los candidatos hasta 500.000 votos. La Presidenta obtuvo 509.000 adhesiones. Tanta diferencia se atribuyó al corte de boleta, que revelaba descontento con los componentes de la nómina del Frente para la Victoria (FPV).
Identidad difusa
Se argumentó, entonces, que la difusa identidad peronista de los candidatos había motorizado la rebeldía, como también su falta de trabajo territorial. Pero Dato y Beatriz Mirkin se desempeñaron en funciones políticas desde el gobierno de Ramón Bautista Ortega. El tercero de la lista, Benjamín Bromberg, es un ilustre desconocido en el mundillo peronista tucumano, si bien acredita militancia en Buenos Aires, desde la década del setenta. Pero es primo del gobernador y hombre de su confianza, lo que contrapesa cualquier objeción en el entorno del Poder Ejecutivo.
La verticalidad sustituyó la deliberación partidaria interna, que es un postal de décadas pasadas. A causa de ese metodología, Alperovich asumió el comando de la operación electoral. Su imagen al lado de la Presidenta, simboliza por dónde pasa el poder partidario en Tucumán. La responsabilidad de lo que develen las urnas se le achacará directamente a él. Sin excusas, de ninguna especie, porque ha domesticado al PJ.
El aparato estatal será el soporte de la acción del FPV. Sin embargo, queda una fracción del peronismo que se desgajó de la influencia de la maquinaria gubernamental. Ante esta situación, Alperovich en actos públicos, y la senadora Beatriz Rojkés desde la sede del PJ, salieron a pedir que no se corte el voto. Es una demanda inusual en los últimos hábitos políticos del peronismo de la era alperovichista.
En las anteriores elecciones nacionales de octubre de 2007, el efecto de la tijera perjudicó a la ministra de Educación, Silvia Rojkés de Temkin, que se postulaba para diputada. No obstante, otras voces relativizan el malestar interno. El peronismo es disciplinado y se traga muchos sapos, conjeturan.
La pelea
Entre el radical Luis Sacca y el socialista Rodolfo Succar oscila la pelea de la oposición. La trepada de Binner en las encuestas nacionales teóricamente debería gravitar en el ascenso de Succar en las preferencias de la opinión no peronista.
El candidato presidencial del Frente Amplio Progresista (FAP) lo avaló claramente. Miguel Lifschitz. intendente de Rosario y dirigente muy próximo a Binner, el lunes pasado, exteriorizó esa percepción. En Tucumán, el socialismo le restará votos a la UCR y a otros partidos, planteó Lifschitz. El socialismo integró a Libres del Sur (Federico Masso) en el FAP. Vamos a ubicarnos segundos en el país y en Tucumán, sentenció el rosarino.
La UCR, a su vez, optó por provincializar la puja electoral. Ni Ricardo Alfonsín ni Javier González Fraga volvieron a Tucumán después de las PASO. El derrumbe del binomio repercutió pesadamente en el ánimo de los radicales y la crisis que golpeó a la lista consagrada el 14 de agosto, tras las renuncias de Rubén Chebaia y Rodolfo Campero, condicionaron el andar de los engranajes partidarios.
El senador José Cano, el candidato Sacca y la legisladora electa Silvia Elías de Pérez consiguieron reordenar el tablero interno luego de laboriosas gestiones. Tras una serie de actos en esta ciudad y giras por el interior, renació la confianza en la conducción de la campaña. El ex diputado Juan Robles y el recién incorporado Juan Casañas sobresalieron en ese afán de construcción. ¿Les alcanzará para retener la banca que obtuvo José Ignacio García Hamilton? Ellos creen que sí, pero la palabra terminal surgirá de las urnas.
Los socialistas piensan que los radicales disconformes votarán por su lista. En la UCR, a su vez, apuestan a que las disidencias internas en el socialismo los terminen beneficiando. Creen que la presencia de Masso causó irritación por sus contactos con el alperovichismo.
La significación
Los analistas del Gobierno especulan que la dispersión del electorado entre Succar y Sacca los aleje de la quinta banca. La división acabaría sirviéndole en bandeja el quinto escaño de diputados. Alperovich afirmaría más aún su predominio en el territorio.
La elección de diputados es significativa desde el ángulo institucional. Cuanto más representantes consiga el oficialismo, mayor agilidad tendrá para imponer sus propuestas. Una composición más equilibrada de ese cuerpo podría permitir un mayor control de la acción de la Casa Rosada. En el plano político, Alperovich no se arrepiente de su dependencia de la caja kirchnerista. La oposición presiona por un mayor federalismo, que es la contracara.
A partir del 15 de agosto se dibujó un nuevo país político, que en Tucumán presentó otro color, con el aplastante triunfo de José Alperovich en los comicios provinciales del 28. La oleada cristinista emergió con claridad, al calor del buen clima económico que reinaba entonces.
El efecto cascada de esos números derramó en la sociedad y enfrió el calor de la disputa. De todos los adversarios directos de la Presidenta, el único que reapareció por estas latitudes fue el socialista Hermes Binner. Todo un reflejo de la recomposición política operada en una oposición anémica y atomizada.
El desafío mayor que enfrenta Alperovich es la captura de las cinco diputaciones que se renovarán dentro de siete jornadas. Para el oficialismo, lo óptimo sería la concreción de ese objetivo. Sin embargo, existe cautela. El propio gobernador evita manifestaciones desbordantes de triunfalismo. La génesis de esa actitud hay que rastrearlas en los guarismos de las mencionadas PASO.
Cristina Fernández superó por 100.000 votos a la lista oficialista piloteada por Alfredo Dato. El Gobierno quiere subir el piso de los candidatos hasta 500.000 votos. La Presidenta obtuvo 509.000 adhesiones. Tanta diferencia se atribuyó al corte de boleta, que revelaba descontento con los componentes de la nómina del Frente para la Victoria (FPV).
Identidad difusa
Se argumentó, entonces, que la difusa identidad peronista de los candidatos había motorizado la rebeldía, como también su falta de trabajo territorial. Pero Dato y Beatriz Mirkin se desempeñaron en funciones políticas desde el gobierno de Ramón Bautista Ortega. El tercero de la lista, Benjamín Bromberg, es un ilustre desconocido en el mundillo peronista tucumano, si bien acredita militancia en Buenos Aires, desde la década del setenta. Pero es primo del gobernador y hombre de su confianza, lo que contrapesa cualquier objeción en el entorno del Poder Ejecutivo.
La verticalidad sustituyó la deliberación partidaria interna, que es un postal de décadas pasadas. A causa de ese metodología, Alperovich asumió el comando de la operación electoral. Su imagen al lado de la Presidenta, simboliza por dónde pasa el poder partidario en Tucumán. La responsabilidad de lo que develen las urnas se le achacará directamente a él. Sin excusas, de ninguna especie, porque ha domesticado al PJ.
El aparato estatal será el soporte de la acción del FPV. Sin embargo, queda una fracción del peronismo que se desgajó de la influencia de la maquinaria gubernamental. Ante esta situación, Alperovich en actos públicos, y la senadora Beatriz Rojkés desde la sede del PJ, salieron a pedir que no se corte el voto. Es una demanda inusual en los últimos hábitos políticos del peronismo de la era alperovichista.
En las anteriores elecciones nacionales de octubre de 2007, el efecto de la tijera perjudicó a la ministra de Educación, Silvia Rojkés de Temkin, que se postulaba para diputada. No obstante, otras voces relativizan el malestar interno. El peronismo es disciplinado y se traga muchos sapos, conjeturan.
La pelea
Entre el radical Luis Sacca y el socialista Rodolfo Succar oscila la pelea de la oposición. La trepada de Binner en las encuestas nacionales teóricamente debería gravitar en el ascenso de Succar en las preferencias de la opinión no peronista.
El candidato presidencial del Frente Amplio Progresista (FAP) lo avaló claramente. Miguel Lifschitz. intendente de Rosario y dirigente muy próximo a Binner, el lunes pasado, exteriorizó esa percepción. En Tucumán, el socialismo le restará votos a la UCR y a otros partidos, planteó Lifschitz. El socialismo integró a Libres del Sur (Federico Masso) en el FAP. Vamos a ubicarnos segundos en el país y en Tucumán, sentenció el rosarino.
La UCR, a su vez, optó por provincializar la puja electoral. Ni Ricardo Alfonsín ni Javier González Fraga volvieron a Tucumán después de las PASO. El derrumbe del binomio repercutió pesadamente en el ánimo de los radicales y la crisis que golpeó a la lista consagrada el 14 de agosto, tras las renuncias de Rubén Chebaia y Rodolfo Campero, condicionaron el andar de los engranajes partidarios.
El senador José Cano, el candidato Sacca y la legisladora electa Silvia Elías de Pérez consiguieron reordenar el tablero interno luego de laboriosas gestiones. Tras una serie de actos en esta ciudad y giras por el interior, renació la confianza en la conducción de la campaña. El ex diputado Juan Robles y el recién incorporado Juan Casañas sobresalieron en ese afán de construcción. ¿Les alcanzará para retener la banca que obtuvo José Ignacio García Hamilton? Ellos creen que sí, pero la palabra terminal surgirá de las urnas.
Los socialistas piensan que los radicales disconformes votarán por su lista. En la UCR, a su vez, apuestan a que las disidencias internas en el socialismo los terminen beneficiando. Creen que la presencia de Masso causó irritación por sus contactos con el alperovichismo.
La significación
Los analistas del Gobierno especulan que la dispersión del electorado entre Succar y Sacca los aleje de la quinta banca. La división acabaría sirviéndole en bandeja el quinto escaño de diputados. Alperovich afirmaría más aún su predominio en el territorio.
La elección de diputados es significativa desde el ángulo institucional. Cuanto más representantes consiga el oficialismo, mayor agilidad tendrá para imponer sus propuestas. Una composición más equilibrada de ese cuerpo podría permitir un mayor control de la acción de la Casa Rosada. En el plano político, Alperovich no se arrepiente de su dependencia de la caja kirchnerista. La oposición presiona por un mayor federalismo, que es la contracara.







