Ganó por galán, aunque casi se va solo

Atlético fue una topadora en el primer tiempo, pero después se quedó sin aire y sufrió mucho

CASI. Pulguita define y espera que el balón termine en la red. Ninguno de sus compañeros llegó a empujarlo. Una lástima. La jugada lo merecía. CASI. "Pulguita" define y espera que el balón termine en la red. Ninguno de sus compañeros llegó a empujarlo. Una lástima. La jugada lo merecía.
Por Leo Noli 11 Octubre 2011
Ángel se va despidiendo a paso lento. Sus brazos no paran de bailar la danza del agite, de la victoria. El "Negro" agita, agita las manos, las caderas y muestra con una sonrisa sus colmillos blancos. Pasó de nuevo por la casa de 25 y Chile a apagar el incendio y lo logró. Lo sofocó y juntó las cenizas de un racha espantosa, gracias a sus subordinados. Ellos entendieron el libreto, lo supieron llevar adelante sin equivocarse; manejaron un ABC de dos tiempos. De dos estados tan distintos como el agua y el aceite.
Decía un amigo que Atlético estaba para ganarle a Merlo en  45'. Y después a rezar, a bancarse la segunda parte sin aire ni movilidad en las piernas. Bueno, este señor de los adentros del club no le erró para nada. El "decano" fue un verdadero galán en el acto uno. Un pícaro de aquellos, empezando por el indultado Barrionuevo, un zorro astuto y voraz.  Cuando comenzaba a rodar la película, "Pulguita" se animó a darle pimienta. Darío no fue ni capo ni grosso. No le hizo honor a su apellido conjugado en ese instante que tuvo para retener un balón liviano. Al uno se le voló la paloma. Se la robó Federico, que después le amagó, lo tumbó y envió el cuero a la raya de los suspiros.
Iban 25 segundos de partido y una gran emoción de adentro hacia afuera. Atlético ganaba y eso ya era un notición por estos pagos. Pudo haber goleado, destruido al Deportivo, aunque eso quedó en intención. Luis Miguel no pudo en dos: rompió el travesaño y luego su bochazo se fue pidiendo permiso; "Fede" no concretó su segunda y Garavano, de flojo para abajo, menos. La sinopsis del film hablaba casi de una autobiografía de un Atlético poderoso, cumplidor, sacrificado si la caprichosa lo cambiaba por otros colores. Entonces, de guapo la iba a recuperar, y lo hacía con astucia porque no le daba huecos a la visita.
El descanso no bastó para recargar energías. La culpa no es del grupo, quizás haya sido de una mala puesta punto o vaya saber qué. Lo único seguro es que el "decano" terminó siendo un estudiante en apuros. Para colmo de los colmos, arrancó la segunda etapa con un hombre de más, pero así y todo perdió protagonismo y no lo lamentó de casualidad.
López raspó el palo derecho, después seducido en vano por Pereyra. La bonita tenía dueño y se llamaba Atlético.

Príncipe y sapo a la vez
No hay dudas que el modelo a seguir por Llop, más allá de que intente rubricar su firma en el estilo del plantel, es la actuación del primer tiempo. Con aire, Atlético fue una luz, porque presionó y detonó las ideas de un Merlo aturdido. En el complemento, el equipo se pinchó. No tiene físico.

El gran dilema de los carriles  

Habiendo arrancado impecable el equipo, la salida por las bandas volvió a fallar. Ni Montiglio ni Longo entraron en sintonía con el vértigo que intentaron desatar Barrado, Rodríguez y Barrionuevo. No les faltó sacrificio a los carrileros, pero sí ideas para sorprender. Se necesita de ellos.

Para eso están ellos  
Lo de Barone atrás y de Iuvalé en el medio es digno de un punto aparte. Fueron una figurita de las caras, de esas imposibles de conseguir, y menos de pasar. El pelado ganó siempre y rompió el juego de Merlo, al igual que el 5. Cumplieron su función como nadie. Los mejores en su rubro.

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