Machu Picchu: cien años sin soledad

Se cumplió un siglo del descubrimiento de las ruinas, y para muchos peruanos representó también el centenario de la entrega de la ciudad sagrada.

LA HISTORIA EN LA PIEDRA. Rodeada de montañas cuidadoras, emocionan las terrazas y los muros de Machu Picchu. LA GACETA / FOTOS DE MAGENA VALENTIÉ
LA HISTORIA EN LA PIEDRA. Rodeada de "montañas cuidadoras", emocionan las terrazas y los muros de Machu Picchu. LA GACETA / FOTOS DE MAGENA VALENTIÉ
Por Magena Valentié 07 Agosto 2011
¿Quién era ese gringo de 1,93 metro de alto que se abría paso entre la espesura? ¿Habría sabido que estaba parado justo en medio de las montañas sagradas de Huayna Picchu y Putucusi? El campesino Melchor Arteaga no pudo contener la tentación y se lo dijo: "¡por qué buscas tanto si ahí tienes a Machu Picchu!" Ese día, 24 de julio de 1911, Hiram Bingham se convertía en el descubridor del máximo exponente de la cultura andina. Y Arteaga, en entregador de la ciudad sagrada de los incas, oculta durante siglos de la ambición de los extraños.

"Bingham era un personaje medio siniestro, un aventurero", lo pinta el cusqueño y guía turístico Alexis Boris Dolmos Carrillo. "Había venido al Perú acompañando a una expedición alemana cuando se enteró de la existencia del lugar. Muy astuto, dejó que los otros se fueran a un congreso de arqueología y antropología en Chile y él se volvió a Estados Unidos para pedir dinero para una nueva expedición. Con el apoyo de la Universidad de Yale y de la revista ?National Geographic? logró extraer los restos que se hallaban dispersos por toda la ciudad inca", le cuenta al grupo de argentinos, entre los que se encontraba LA GACETA.

El robo de 46.300 piezas

Son las cuatro de la tarde. La bruma desciende y a cubre los picos de los apus (las grandes montañas, guardianas del lugar). El rencor al campesino delator crece entre los argentinos a medida que avanza el relato. Piensan en el esfuerzo de los pobladores de Ollantaytambo por impedir que se conozca la ciudad perdida. "Cortaban los caminos y los puentes que conducen a Machu Picchu para que no la encuentren", aporta el guía.

"Cuando Bingham llegó a las ruinas se dio con la sorpresa de que allí vivía gente. Eran mestizos que se habrían vuelto millonarios si hubieran saqueado el lugar, pero no lo hicieron porque lo respetaban. En cambio, Bingham se llevó miles de piezas a Estados Unidos con la promesa de estudiarlas y luego regresarlas. Nunca cumplió. Recién este año devolvieron 363 piezas (de las 46.300 que se llevaron) y encima querían 100 años más para estudiarlas", reniega Dolmos Carrillo.

"Machu Picchu ha sufrido mucho atropello ...", lamenta el chamánGermán Miranda Miranda. "Una vez cortaron un mirador astronómico para hacer una propaganda. Y cuando vinieron los reyes de España un helicóptero tiró abajo un templo que se partió en dos y todavía sigue tirado", afirma, encendiendo un murmullo de indignación.

Riqueza y eternidad

"Machu Picchu es una Catedral y no sabemos el día de su consagración. Solamente para construir los cimientos tuvieron que pasar muchos años, porque el piso original es pura selva. Todo esto es tierra negra, que cede con la piedra. Y sin embargo el drenaje es perfecto. Con el aluvión del año pasado muchos pensaron que Machu Picchu iba a desaparecer, pero ni una sola piedra se movió", sonríe Alexis.

"¡Se imaginan este lugar donde sacerdotes, sacerdotisas y gente importante venían a realizar aquí su retiro espiritual! ¡El sol reflejando en las laminillas de oro de los templos, las orquídeas colgando de esos balcones; algunos tocando sus quenas por aquí y otros meditando por allá!", se entusiasma el guía.

Es de todos

Rodeada del río Urubamba, protegida por las montañas y alimentada con fuentes de agua cristalina, Machu Picchu sigue siendo habitable aún hoy. "¡Porque fue construida para la eternidad!", grita Germán abriendo sus brazos. Y deteniéndose un instante en cada par de ojos, explica: "cada peregrino que viene aquí encuentra el punto en el cual se conecta con lo que no es de nadie, ni siquiera de los cusqueños, porque es de todos y de los que vendrán. Machu Picchu es ciudad eterna y su riqueza no se la llevó ningún gringo. Su valor está aquí, en estas piedras, en esta energía que ustedes sienten aurita y que nos conecta con nuestro Maestro Interior".

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