14 Junio 2011 Seguir en 
Rita Isabel Juárez tenía siete años. Nunca se pudo precisar dónde ni cómo, pero al menos tres hombres la raptaron, la violaron, la quemaron con cigarrillos y la desnucaron a golpes. Su cuerpo fue hallado el 30 de marzo de 1997, en un baldío de Villa Mariano Moreno. A 14 años del macabro crimen, su padre, Luis Gerardo Juárez, y un conocido de este, Miguel Rubén Cata, comenzaron a ser juzgados por los vocales de la sala III de la Cámara Penal, Dante Julio José Ibáñez, Ana Lía Castillo de Ayusa y Carlos Caramuti.
Ayer, los magistrados resolvieron las cuestiones previas al debate oral y público. Hoy, los acusados tendrán la oportunidad de declarar. "Sé que todo va a salir bien, porque soy inocente. Pero para mí es muy doloroso estar acá", le dijo Luis Juárez a LA GACETA.
Cata también se defendió: "no tengo nada que ver con esto; para colmo, mis hijos se vieron muy perjudicados".
Las circunstancias que envuelven el crimen de la pequeña Rita Juárez son muy confusas. Incluso, desde el principio había muchas versiones sobre el aberrante ataque.
El 29 de marzo de 1997, a las 22.30, Luis Juárez, entonces de 29 años, se presentó en la comisaría de Villa Mariano Moreno. Allí, denunció que dos horas antes, su hija había desaparecido en un descuido de su madre, en la zona de calles 1 y 6 de ese barrio. Además, aportó una descripción detallada sobre cómo estaba vestida la criatura: camisa amarilla, enterito de jean azul y zapatillas azules.
Los policías realizaron los primeros rastrillajes, pero no había ningún indicio sobre el paradero de la pequeña.
Al día siguiente, cerca de las 17, los investigadores recibieron un informe extraoficial: el cuerpo de Rita estaba en un baldío de calles 17 y 22.
El hallazgo estremeció a todos los barrios de esa zona. La pequeña había sido cubierta por diarios y abandonada en unos matorrales.
La autopsia reveló que había sufrido quemaduras en el cuello, en la pelvis y en los muslos, todas probablemente causadas por brasas de cigarrillos.
Antes de desnucarla con un violento golpe, aparentemente dado con una piedra, los homicidas abusaron sexualmente de ella.
Las evidencias
Cata, Luis Juárez y un tercer sospechoso, Juan Enrique Santillán, fueron detenidos poco después del hecho. Este último murió antes de ser juzgado.
El ya desaparecido fiscal de Instrucción, Pedro Gallo, requirió la elevación a juicio de la causa en febrero de 2003.
Según la pesquisa, Luis Juárez fue quien cargó a la pequeña en una carretilla y trasladó el cuerpo hasta el baldío. Dos vecinas (madre e hija) dijeron durante la pesquisa que lo reconocieron entre la oscuridad. Además, el fiscal tomó como pruebas un estudio comparativo de cabellos (habría coincidencias con los hallados en la escena del crimen) y la propia declaración del imputado, que incurrió en varias contradicciones, según el requerimiento de elevación a juicio.
En la casa de Cata, los investigadores encontraron la carretilla que habrían utilizado para deshacerse del cuerpo. En esa herramienta, los peritos encontraron rastros de sangre.
Santillán también estaba complicado por el hallazgo de vellos púbicos que serían suyos en el lugar del hecho. Pero eso no será debatido.
El tribunal alcanzó a dar por iniciado el juicio, y les dio a los defensores Roberto Flores (por Cata) y Alberto Espinosa (por Juárez) la oportunidad de realizar los planteos previos.
Así, aunque los abogados habían requerido la nulidad del juicio por distintos motivos, los magistrados anunciaron que el debate continuará hoy.
"Estoy pasando por lo peor que le puede pasar a alguien; le ruego a Dios que no le pase a nadie más", señaló Luis Juárez.
El hombre, que permaneció tres años detenido bajo el régimen de prisión preventiva, está en libertad, al igual que Cata. Y se quejó por los años que pasaron sin que llegara el juicio. "He visto casos por la televisión, pero demoran mucho menos. No sé a qué se deberá esta demora, porque nunca tuve un problema de estos. La verdad, no sé por qué se tardó tanto", reclamó.
Y remarcó que él no mató a su hija. "Para colmo, tenemos el sufrimiento de que Rita ha fallecido. Estamos mal. Pero tenemos que seguir adelante hasta que se aclare todo", aseveró.
Su esposa, Nilda Selva Orellana, rompió en llanto mientras lo defendía. "Yo confío mucho en él. Lo único que pido es justicia. Encima de todo el dolor que estamos pasando, tenemos que estar aquí. Lo único que pedimos es que se sepa qué pasó con mi hija", dijo la mujer. Y finalizó: "Rita hoy tendría 21 años. Todos los días pienso eso, y lo haré hasta el último día de mi vida. Es terrible perder un hijo de esa manera".
Ayer, los magistrados resolvieron las cuestiones previas al debate oral y público. Hoy, los acusados tendrán la oportunidad de declarar. "Sé que todo va a salir bien, porque soy inocente. Pero para mí es muy doloroso estar acá", le dijo Luis Juárez a LA GACETA.
Cata también se defendió: "no tengo nada que ver con esto; para colmo, mis hijos se vieron muy perjudicados".
Las circunstancias que envuelven el crimen de la pequeña Rita Juárez son muy confusas. Incluso, desde el principio había muchas versiones sobre el aberrante ataque.
El 29 de marzo de 1997, a las 22.30, Luis Juárez, entonces de 29 años, se presentó en la comisaría de Villa Mariano Moreno. Allí, denunció que dos horas antes, su hija había desaparecido en un descuido de su madre, en la zona de calles 1 y 6 de ese barrio. Además, aportó una descripción detallada sobre cómo estaba vestida la criatura: camisa amarilla, enterito de jean azul y zapatillas azules.
Los policías realizaron los primeros rastrillajes, pero no había ningún indicio sobre el paradero de la pequeña.
Al día siguiente, cerca de las 17, los investigadores recibieron un informe extraoficial: el cuerpo de Rita estaba en un baldío de calles 17 y 22.
El hallazgo estremeció a todos los barrios de esa zona. La pequeña había sido cubierta por diarios y abandonada en unos matorrales.
La autopsia reveló que había sufrido quemaduras en el cuello, en la pelvis y en los muslos, todas probablemente causadas por brasas de cigarrillos.
Antes de desnucarla con un violento golpe, aparentemente dado con una piedra, los homicidas abusaron sexualmente de ella.
Las evidencias
Cata, Luis Juárez y un tercer sospechoso, Juan Enrique Santillán, fueron detenidos poco después del hecho. Este último murió antes de ser juzgado.
El ya desaparecido fiscal de Instrucción, Pedro Gallo, requirió la elevación a juicio de la causa en febrero de 2003.
Según la pesquisa, Luis Juárez fue quien cargó a la pequeña en una carretilla y trasladó el cuerpo hasta el baldío. Dos vecinas (madre e hija) dijeron durante la pesquisa que lo reconocieron entre la oscuridad. Además, el fiscal tomó como pruebas un estudio comparativo de cabellos (habría coincidencias con los hallados en la escena del crimen) y la propia declaración del imputado, que incurrió en varias contradicciones, según el requerimiento de elevación a juicio.
En la casa de Cata, los investigadores encontraron la carretilla que habrían utilizado para deshacerse del cuerpo. En esa herramienta, los peritos encontraron rastros de sangre.
Santillán también estaba complicado por el hallazgo de vellos púbicos que serían suyos en el lugar del hecho. Pero eso no será debatido.
El tribunal alcanzó a dar por iniciado el juicio, y les dio a los defensores Roberto Flores (por Cata) y Alberto Espinosa (por Juárez) la oportunidad de realizar los planteos previos.
Así, aunque los abogados habían requerido la nulidad del juicio por distintos motivos, los magistrados anunciaron que el debate continuará hoy.
"Estoy pasando por lo peor que le puede pasar a alguien; le ruego a Dios que no le pase a nadie más", señaló Luis Juárez.
El hombre, que permaneció tres años detenido bajo el régimen de prisión preventiva, está en libertad, al igual que Cata. Y se quejó por los años que pasaron sin que llegara el juicio. "He visto casos por la televisión, pero demoran mucho menos. No sé a qué se deberá esta demora, porque nunca tuve un problema de estos. La verdad, no sé por qué se tardó tanto", reclamó.
Y remarcó que él no mató a su hija. "Para colmo, tenemos el sufrimiento de que Rita ha fallecido. Estamos mal. Pero tenemos que seguir adelante hasta que se aclare todo", aseveró.
Su esposa, Nilda Selva Orellana, rompió en llanto mientras lo defendía. "Yo confío mucho en él. Lo único que pido es justicia. Encima de todo el dolor que estamos pasando, tenemos que estar aquí. Lo único que pedimos es que se sepa qué pasó con mi hija", dijo la mujer. Y finalizó: "Rita hoy tendría 21 años. Todos los días pienso eso, y lo haré hasta el último día de mi vida. Es terrible perder un hijo de esa manera".
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