"Yo soy la que pide justicia por ese hombre"

A un día del esperado fallo, Ema Gómez le contó a LA GACETA que tiene confianza en los jueces, aunque también teme volver a la cárcel. "Yo nunca me voy a fugar", aseveró la presunta homicida del magistrado. "Fue muy groso lo que viví con Agustín", añadió. "Soy una chica de pueblo", se definió. Video.

LLORANDO. Ema Gómez, frente a la casa del juez, el día del crimen. LLORANDO. Ema Gómez, frente a la casa del juez, el día del crimen.
17 Mayo 2011
Tiene la voz serena. No parece ansiosa ni nerviosa, aunque mañana se definirá su vida. Ema Hortensia Gómez hoy tiene 31 años. Si la condenan a prisión perpetua por el crimen de su ex novio, el juez Héctor Agustín Aráoz, la ex policía tendrá cerca de 60 cuando salga de la cárcel. "Confío en los jueces", asegura. Pero también aclara que no quiere por nada del mundo volver a estar en un calabozo. "Eso sí: yo nunca me voy a fugar", señaló, en diálogo con LA GACETA, en el estudio de su defensor, Mario Mirra.

- Faltan pocas horas para la sentencia. ¿Cómo pensás que será?

- Confío en el Tribunal. Pienso que ya está todo dicho. Los jueces fueron muy amables conmigo; tuvieron la gentileza de tratarme bien, como una dama. Fueron muy respetuosos en todo. Desde el primer momento me explicaron mis derechos. Y a mí me costó mucho pasar a declarar; no es fácil estar sentada en esa silla, con todo el mundo mirándote, esperando que contés qué pasó esa noche, en la que me cambió la vida. Además, hay muchas familias destruidas. Incluida la mía.

- ¿Por qué no declaraste antes?

- En la comisaría (N. de la R.: días después de su detención) me tenían con una sola muda de ropa. Me hicieron entrar a Tribunales toda custodiada. Y ahí fue la primera vez que vi al fiscal (Guillermo) Herrera. Él me puso tres hojas en blanco delante, y me dijo: "firmá, nomás". Yo me puse nerviosa, porque lo buscaba a mi papá. Pero estaba sola. Creo que también estaba el comisario (Rodolfo) Domínguez para prestar declaración... no recuerdo bien eso; la verdad que me mareo. Pero le dije: "no voy a firmar papeles en blanco, usted está mal; discúlpeme". Le corrí un poco el escritorio y, en la puerta, vi un hombre flaco, alto, y a mi papá. Y ahí fue cuando me desmayé. Estaba con un shock, porque además había muy poca luz. Esos días fueron los más duros. Ha sido terrible. ¿Qué garantías tenía para declarar? Ahora, es mi palabra contra la suya.

- ¿Por qué los jueces le deberían creer a Ema Gómez?

- No es que deban creer. Ellos tienen la última palabra. Me esforcé mucho por estar presente en el juicio; tuve que recurrir a gente que me acomode la cabeza de manera espiritual. Todavía estoy bajo tratamiento psicológico. Lo que yo le dije al tribunal es mi palabra. Y ellos tienen la última palabra. Pero confío en ellos. Los jueces tienen mucho trabajo, en analizar las cosas que tienen que ver. Porque lo que me hizo a mí el fiscal Herrera, todas las irregularidades... Pienso que deberán ver qué es lo que hay; lo válido de todo esto. Lo que más me interesa es que salga todo bien. Para que Agustín Aráoz pueda descansar en paz. Si estoy viva es por algo. Mi silencio se debía a las amenazas y al miedo.

- ¿Tenés miedo de ser condenada?

- Por supuesto que tengo miedo de volver a la cárcel. He sufrido mucho esos cuatro años. Llegué a pesar 50 kilos; era un palillo; se me veían los huesitos de flaquita que estaba. Fue muy complicado ese tiempo en el penal; muy duro. Es realmente el dolor que se vive ahí... además, vivíamos hacinadas. Había muchas peleas, y vos viste que es complicadísimo vivir en ese lugar. A mí me decían "la gorra", porque había sido policía. Entonces me enviaron a un lugar separado. Pasé los tres años restantes sola en una habitación, aislada. Estuve muy mal, realmente. Cuando los veía a mi papá y a mi mamá me volvía la vida; cuando se iban, me moría de nuevo.

- Hay dos posibilidades el miércoles. ¿Ya pensaste en cada una y en qué vas a hacer después?

- Si las cosas salen favorables, mi idea es volver a compartir con mi familia. Se me privó cuatro años de la libertad. Mis hijos ya son casi adolescentes. Sería bueno que intente rehacer mi vida. Es muy complicado andar por la calle y que la gente te reconozca con un cartel de arriba. Es mucho cuestionamiento. Y si llega a ser para no... yo siempre he cumplido con presentarme y decirle al juez lo que ha pasado, lo que me han hecho. Deberían charlar un buen rato. Hay cuestiones acá que no entiendo. Se dilató (sic) a terceros, de manera grosera por parte de otro abogado que no quiero nombrar. ¿Por qué esconderse detrás de una dama, o de una mujer? ¿Por qué agredirme de esa manera? ¿Querés defender lo indefendible? Está todo dicho. Pero deben valorar que tenga la fuerza de dar mi testimonio. Para mí fue muy fuerte ver a los hijos del doctor Aráoz... bueno, yo le digo Agustín. Sé que en el fondo ellos no tienen una mala intención hacia mí. Si nos llevamos pocos años.

- Pero la relación no es buena...

- Me sentí agraviada. No es que tenía una relación amplia con ellos, pero sí había un "hola, qué tal, cómo te va". ¿Pero por qué negarme, si eso existió? Fue muy grosso lo que viví con Agustín. Tengo excelentes recuerdos de él, y siempre le pido a Dios que lo tenga en lo mejor de la Gloria, porque me ha enseñado muchísimo. Imaginate que era un juez... Pero lamentablemente esto se ha tornado en otra cosa.

- ¿Ema Gómez tiene algún tipo de magnetismo?

- Ema Gómez no tiene ningún magnetismo. Soy una chica de pueblo, vengo de familia humilde y me criaron con amor y respeto. Mis padres me enseñaron muchas cosas. Esto, simplemente, se hizo grande; no es que yo tenga magnetismo. En ese momento, de pasar de Casa de Gobierno a nombrarme como policía, y después la relación se hizo pública... porque él era juez y me doblaba en edad. Pero para el amor no hay edades. La misma prensa ha creado una imagen que no me es favorable. Soy una persona que trabaja desde los 15 años. De chica, mi papá me llevaba a cortar caña. Y me casé muy joven.

- En el juicio se hablaron de muchas cuestiones íntimas tuyas...

- Me dolió todo lo que se dijo. Fueron tantas cosas... Hasta la gente del Inadi me llamó; tengo buenas relaciones con ellos, y me preguntaron: "¿qué dijo ese abogado?". Hubo discriminación, ¿pero qué puedo hacer? No lo dije yo, sino un abogado. Yo sigo de pie. ¿Pero por qué piensan que yo me puedo fugar? Yo lamento lo de esta chica (Silvia) Lai (condenada por el crimen de su esposo, José Salas, en supuesta complicidad con el prófugo Luis Piccinetti). A ella se la detuvo. ¿Pero por qué irme, si no he hecho nada? Yo tengo mis hijos; tengo a mi padre; a mi madre, que sufre mucho con todo esto. Al contrario: soy la primera que está pidiendo justicia acá. Yo soy la que pide justicia por ese hombre; si yo lo encontré a él. Yo vi cómo estaba. Imaginate vos.

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