17 Mayo 2011 Seguir en 

Ema Hortensia Gómez llega puntual a la entrevista. Sonríe. Aún tiene el cabello mojado. Cuenta que estuvo en el supermercado. Está de buen humor. Y contesta de muy buena gana casi todas las preguntas de LA GACETA.
Casi todas, porque hay temas que prefiere no tocar. Por ejemplo, qué hizo la tarde en que mataron al juez Héctor Agustín Aráoz. Tampoco quiere referirse a los otros acusados. No quiere polémicas, al menos por ahora.
Sus palabras son medidas. Protesta, con mucha razón, por las condiciones de vida en la Cárcel de Mujeres. Comenta que no quiere volver allí, donde el encierro le comió la juventud que tanto la había hecho brillar. También se acuerda (no en buenos términos) del fiscal Guillermo Herrera.
Deja su impronta en cada frase. "No me saqués gorda", le advierte con una sonrisa al fotógrafo. Lo dice de manera simpática; no hay un tono amenazante, ni mucho menos. Después, comienza su relato, que es muy interesante. Pero lo más importante, justamente, es aquello que no quiso decir.
Casi todas, porque hay temas que prefiere no tocar. Por ejemplo, qué hizo la tarde en que mataron al juez Héctor Agustín Aráoz. Tampoco quiere referirse a los otros acusados. No quiere polémicas, al menos por ahora.
Sus palabras son medidas. Protesta, con mucha razón, por las condiciones de vida en la Cárcel de Mujeres. Comenta que no quiere volver allí, donde el encierro le comió la juventud que tanto la había hecho brillar. También se acuerda (no en buenos términos) del fiscal Guillermo Herrera.
Deja su impronta en cada frase. "No me saqués gorda", le advierte con una sonrisa al fotógrafo. Lo dice de manera simpática; no hay un tono amenazante, ni mucho menos. Después, comienza su relato, que es muy interesante. Pero lo más importante, justamente, es aquello que no quiso decir.







