16 Abril 2011 Seguir en 
LA HABANA.- La madrugada del 17 de abril de 1961, Gregorio Moreira vio al invasor tocar tierra en estas playas del suroeste de Cuba y se "amarró a tiros" por la revolución de Fidel Castro. Mañana se cumplen 50 años de esa vez y él llama "a fajarse" en la batalla decisiva de Raúl Castro: "¡Ahora, por los frijoles!".
Con 74 años arriba, Piti, como le llaman sus vecinos, trata de narrar sin perder detalle el tiroteo y el "corre corre" que se armó allí, a unos pasos de su humilde casa, cuando 1.400 anticastristas entrenados por la CIA comenzaron a desembarcar en Playa Larga y Playa Girón, en Bahía de los Cochinos, a 200 km. al sureste de La Habana.
"Fueron tres días de pura candela: un avión me bombardeó, quedé herido, los mercenarios me agarraron prisionero. Con una pistola en la boca, me decían: tú eres de los comunistas de Fidel", cuenta Gregorio, entonces joven carbonero.
Símbolo del fracaso de Washington en derrocar a Fidel Castro, la bahía de aguas turquesas y arena blanca es sitio obligado de "turismo revolucionario", que alberga dos hoteles, dos museos, y donde proliferan pequeños negocios con la reforma económica.
Orgulloso de haber combatido, Arcadio Gómez se presenta a sus 71 años "todavía luchando". Frente a la casona donde Fidel dirigió las operaciones, a la entrada de la bahía, dice que aprovechó la apertura para poner su "chiringuito" de plomero y ayudarse a vivir, con su pensión de 270 pesos (12 dólares).
"Muchos han vivido robando: el que vende pizza compra la harina al panadero que se la roba al Estado. Ahora debe pagar impuestos y licencia. Vamos a ver qué sale con Raúl. Hace 50 años, el pueblo se botó a defender la revolución: esperemos que la juventud hoy no vaya a fallar", expresó.
Un joven historiador recién despedido de una empresa en Playa Larga, por el "recorte" de miles de empleos públicos, dice esperar que "salga algo que anime a la gente" del VI Congreso del Partido Comunista, convocado desde mañana hasta el martes. "Tienen que cambiar el modelo. Pero a pesar del descontento por los despidos, y de la comida cara, si hay otra invasión no lo pienso dos veces: voy a pelear", dice Javier, de 31 años.
Enojados, pero no tanto
Comandada por la CIA, la invasión representó para Cuba la "primera derrota del imperialismo en América Latina" y un desastre para el presidente John F. Kennedy, que heredó el plan y se resistió a último momento a enviar el apoyo aéreo que necesitaban los invasores para tener éxito.
"Anuncia Kennedy plan contra Cuba", dice un periódico de la época, exhibido en el museo donde Fidel tuvo su comandancia en el central azucarero Australia. Un teléfono desde el cual dio instrucciones; paracaídas, uniformes y relojes de los invasores; y el motor de un B-26 derribado por los revolucionarios, testimonian la victoria.
Los invasores fueron derrotados en menos de 72 horas. Hubo 156 muertos en las filas de Castro, y 107 en las de los invasores. En 1962, fueron canjeados 1.189 prisioneros a EEUU por U$S 53 millones en medicinas y alimentos.
Una valla en Palpite, un pueblito a 30 km. de Playa Girón que "estuvo caliente" durante la invasión, consigna en letras rojas: "Hasta aquí llegaron los mercenarios".
"No podían pasar de aquí pa?bajo. No llegaron peleando, sino por el monte, huyéndole a la candela", relata, bajo el letrero, Manuel Pérez, que con 92 años trabaja en un huerto y dice tener fuerzas para volver a pelear y repeler un nuevo intento de invasión.
Su esposa, Juana Varela, de 77 años, dice que sus hijos -una vive en Miami- y hasta ella critican al gobierno "cuando falta la papa". "Esto está apretado: una libra (alrededor de medio kilo) de frijoles está por las nubes. Pero a la hora de los mameyes (guerra), aunque hay muchos renegados, todo el mundo va a echar bala", aseguró.
"Aquí ya no vuelven porque los devolvimos en compota. Fidel sigue siendo el líder y Raúl está al frente poniendo las cosas en orden. Ahora hay que trabajar o el país va a al abismo. Combatientes... quedamos pocos. ¿Los jóvenes van a echar pa?lante?", reflexiona Gregorio. Esto último lo dice mirando el mar. (AFP)
Con 74 años arriba, Piti, como le llaman sus vecinos, trata de narrar sin perder detalle el tiroteo y el "corre corre" que se armó allí, a unos pasos de su humilde casa, cuando 1.400 anticastristas entrenados por la CIA comenzaron a desembarcar en Playa Larga y Playa Girón, en Bahía de los Cochinos, a 200 km. al sureste de La Habana.
"Fueron tres días de pura candela: un avión me bombardeó, quedé herido, los mercenarios me agarraron prisionero. Con una pistola en la boca, me decían: tú eres de los comunistas de Fidel", cuenta Gregorio, entonces joven carbonero.
Símbolo del fracaso de Washington en derrocar a Fidel Castro, la bahía de aguas turquesas y arena blanca es sitio obligado de "turismo revolucionario", que alberga dos hoteles, dos museos, y donde proliferan pequeños negocios con la reforma económica.
Orgulloso de haber combatido, Arcadio Gómez se presenta a sus 71 años "todavía luchando". Frente a la casona donde Fidel dirigió las operaciones, a la entrada de la bahía, dice que aprovechó la apertura para poner su "chiringuito" de plomero y ayudarse a vivir, con su pensión de 270 pesos (12 dólares).
"Muchos han vivido robando: el que vende pizza compra la harina al panadero que se la roba al Estado. Ahora debe pagar impuestos y licencia. Vamos a ver qué sale con Raúl. Hace 50 años, el pueblo se botó a defender la revolución: esperemos que la juventud hoy no vaya a fallar", expresó.
Un joven historiador recién despedido de una empresa en Playa Larga, por el "recorte" de miles de empleos públicos, dice esperar que "salga algo que anime a la gente" del VI Congreso del Partido Comunista, convocado desde mañana hasta el martes. "Tienen que cambiar el modelo. Pero a pesar del descontento por los despidos, y de la comida cara, si hay otra invasión no lo pienso dos veces: voy a pelear", dice Javier, de 31 años.
Enojados, pero no tanto
Comandada por la CIA, la invasión representó para Cuba la "primera derrota del imperialismo en América Latina" y un desastre para el presidente John F. Kennedy, que heredó el plan y se resistió a último momento a enviar el apoyo aéreo que necesitaban los invasores para tener éxito.
"Anuncia Kennedy plan contra Cuba", dice un periódico de la época, exhibido en el museo donde Fidel tuvo su comandancia en el central azucarero Australia. Un teléfono desde el cual dio instrucciones; paracaídas, uniformes y relojes de los invasores; y el motor de un B-26 derribado por los revolucionarios, testimonian la victoria.
Los invasores fueron derrotados en menos de 72 horas. Hubo 156 muertos en las filas de Castro, y 107 en las de los invasores. En 1962, fueron canjeados 1.189 prisioneros a EEUU por U$S 53 millones en medicinas y alimentos.
Una valla en Palpite, un pueblito a 30 km. de Playa Girón que "estuvo caliente" durante la invasión, consigna en letras rojas: "Hasta aquí llegaron los mercenarios".
"No podían pasar de aquí pa?bajo. No llegaron peleando, sino por el monte, huyéndole a la candela", relata, bajo el letrero, Manuel Pérez, que con 92 años trabaja en un huerto y dice tener fuerzas para volver a pelear y repeler un nuevo intento de invasión.
Su esposa, Juana Varela, de 77 años, dice que sus hijos -una vive en Miami- y hasta ella critican al gobierno "cuando falta la papa". "Esto está apretado: una libra (alrededor de medio kilo) de frijoles está por las nubes. Pero a la hora de los mameyes (guerra), aunque hay muchos renegados, todo el mundo va a echar bala", aseguró.
"Aquí ya no vuelven porque los devolvimos en compota. Fidel sigue siendo el líder y Raúl está al frente poniendo las cosas en orden. Ahora hay que trabajar o el país va a al abismo. Combatientes... quedamos pocos. ¿Los jóvenes van a echar pa?lante?", reflexiona Gregorio. Esto último lo dice mirando el mar. (AFP)







