16 Abril 2011 Seguir en 
Con mucha frecuencia lo que en otras geografías resulta fácil de llevar a la práctica y surge como una solución a grandes problemas, en Tucumán, pareciera desembocar en todo lo contrario: la salida termina convirtiéndose en un inconveniente más, sobre todo en materia de tránsito. Hace pocos días, dedicamos un espacio generoso a las contrariedades que ocasionan entre los automovilistas y peatones la rotonda emplazada en el mástil de Yerba Buena, en avenida Aconquija y Solano Vera. Por ese sector, en las horas pico, circulan alrededor de 3.500 vehículos.
Como se sabe, la rotonda es un emplazamiento vial circular para la distribución del tránsito, que se encuentra en la encrucijada de dos o más vías públicas y que permite la circulación giratoria. Un par de semanas atrás, un cartel escrito a mano que indica cómo se debe circular en una rotonda, llamó la atención de los ciudadanos. La autora era una estudiante de arquitectura que a diario veía las infracciones que se cometían en la zona. "La ?ley del peche? determina quién pasa primero. Acá, todo el mundo hace lo que quiere, nadie respeta al otro. No es tan complicado manejar en una rotonda y, si la gente hiciera las cosas como se debe, no haría falta que hubiese varitas frente al mástil. El problema es que ellos tampoco conocen las normas de tránsito. Entonces, la idea es que el cartel le sirva a todo el mundo: a los que manejan y a los que deben ordenar el tránsito", señaló la joven de 25 años.
Según señala la Agencia Nacional de Seguridad Vial, al acercarse a una rotonda se debe disminuir la velocidad y fijarse en la amplitud de la calzada, en las características de las curvas, si hay algún carril exclusivo para bicicletas o para peatones, y si hay otros vehículos en circulación o en espera. Una vez en el interior de la rotonda, la circulación debe ser ininterrumpida; la prioridad de paso la tiene el que circula por ella. Quien intenta ingresar debe cederle el paso al que ya está adentro o al que está por salir de ella, salvo que la señalización indique lo contrario.
De acuerdo con la observación in situ de un periodista de nuestro diario, los conductores que van por la avenida Aconquija no frenan para dejar que pasen los que están circulando por la rotonda. Son estos los que deben detenerse para evitar un choque. De ese modo, se generan las largas colas de vehículos detenidos, alimentadas por bocinazos. Varios de los responsables municipales del área de Tránsito dijeron que muchos automovilistas sí saben cómo comportarse en una rotonda, pero que no ponen en práctica los conocimientos que han adquirido en los cursos de educación vial a los que deben asistir para obtener el carnet de manejo. Los funcionarios de cuatro municipios coincidieron en que pese a las campañas de concientización y de los cursos de educación vial, son los conductores los que eligen no respetar las normas y creen que la solución es generar un cambio cultural en los automovilistas. En San Miguel de Tucumán, se recibe un promedio de 1.000 solicitudes mensuales para obtener la licencia de conducir y todos reciben el curso, según indicó un funcionario.
Evidentemente, algo funciona mal. Si los conductores no llevan a la práctica lo que les enseñan, significa que la duración del curso es insuficiente y no permite fijar los conocimientos, que los exámenes son poco rigurosos, que la mayoría de los aspirantes son pésimos alumnos o que los profesores no son competentes. O todas estas razones al mismo tiempo, lo cual sería más grave aún.
El carnet de manejo es un voto de confianza que le da la sociedad a un ciudadano para proteger la vida del prójimo y la propia, de modo que este, así como la autoridad, deben ser responsables. Sin una buena educación y sin sanciones severas, será difícil lograr un cambio cultural.
Como se sabe, la rotonda es un emplazamiento vial circular para la distribución del tránsito, que se encuentra en la encrucijada de dos o más vías públicas y que permite la circulación giratoria. Un par de semanas atrás, un cartel escrito a mano que indica cómo se debe circular en una rotonda, llamó la atención de los ciudadanos. La autora era una estudiante de arquitectura que a diario veía las infracciones que se cometían en la zona. "La ?ley del peche? determina quién pasa primero. Acá, todo el mundo hace lo que quiere, nadie respeta al otro. No es tan complicado manejar en una rotonda y, si la gente hiciera las cosas como se debe, no haría falta que hubiese varitas frente al mástil. El problema es que ellos tampoco conocen las normas de tránsito. Entonces, la idea es que el cartel le sirva a todo el mundo: a los que manejan y a los que deben ordenar el tránsito", señaló la joven de 25 años.
Según señala la Agencia Nacional de Seguridad Vial, al acercarse a una rotonda se debe disminuir la velocidad y fijarse en la amplitud de la calzada, en las características de las curvas, si hay algún carril exclusivo para bicicletas o para peatones, y si hay otros vehículos en circulación o en espera. Una vez en el interior de la rotonda, la circulación debe ser ininterrumpida; la prioridad de paso la tiene el que circula por ella. Quien intenta ingresar debe cederle el paso al que ya está adentro o al que está por salir de ella, salvo que la señalización indique lo contrario.
De acuerdo con la observación in situ de un periodista de nuestro diario, los conductores que van por la avenida Aconquija no frenan para dejar que pasen los que están circulando por la rotonda. Son estos los que deben detenerse para evitar un choque. De ese modo, se generan las largas colas de vehículos detenidos, alimentadas por bocinazos. Varios de los responsables municipales del área de Tránsito dijeron que muchos automovilistas sí saben cómo comportarse en una rotonda, pero que no ponen en práctica los conocimientos que han adquirido en los cursos de educación vial a los que deben asistir para obtener el carnet de manejo. Los funcionarios de cuatro municipios coincidieron en que pese a las campañas de concientización y de los cursos de educación vial, son los conductores los que eligen no respetar las normas y creen que la solución es generar un cambio cultural en los automovilistas. En San Miguel de Tucumán, se recibe un promedio de 1.000 solicitudes mensuales para obtener la licencia de conducir y todos reciben el curso, según indicó un funcionario.
Evidentemente, algo funciona mal. Si los conductores no llevan a la práctica lo que les enseñan, significa que la duración del curso es insuficiente y no permite fijar los conocimientos, que los exámenes son poco rigurosos, que la mayoría de los aspirantes son pésimos alumnos o que los profesores no son competentes. O todas estas razones al mismo tiempo, lo cual sería más grave aún.
El carnet de manejo es un voto de confianza que le da la sociedad a un ciudadano para proteger la vida del prójimo y la propia, de modo que este, así como la autoridad, deben ser responsables. Sin una buena educación y sin sanciones severas, será difícil lograr un cambio cultural.







