Con orden, paciencia y contundencia: así construyó San Martín un triunfo que puede marcar un punto de partida

El “Santo” neutralizó al mejor equipo de la Primera Nacional, encontró respuestas desde el banco y dejó una imagen de equipo serio y competitivo.

Con orden, paciencia y contundencia: así construyó San Martín un triunfo que puede marcar un punto de partida Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.
Por Gonzalo Vera Hace 1 Hs

El desafío para San Martín era mayúsculo. A La Ciudadela llegaba un Gimnasia de Jujuy con argumentos suficientes para sembrar inquietud en la hinchada “santa”. Un plantel con nombres de jerarquía, un funcionamiento parejo, y resultados que lo posicionaban como el mejor equipo en la Primera Nacional.

El “Santo” estuvo a la altura, superó una dura prueba, y quedó como único escolta. Aunque es temprano para hablar de “partidos de seis puntos”, da la sensación de que anoche los de Andrés Yllana ganaron un duelo de algo más que tres unidades.

Derrotar al puntero del campeonato no es una tarea lineal. Requiere de una mezcla precisa entre orden táctico para no desprotegerse y la lucidez individual para romper un partido que, por momentos, parecía condenado al empate. San Martín entendió mejor que nadie las fases del encuentro: supo esperar su momento, supo sufrir tras la expulsión y, finalmente, supo golpear con contundencia sobre el final gracias al aporte de los que ingresaron desde el banco.

El entrenador volvió a confiar en la estructura de tres centrales -Guillermo Rodríguez, “Fosa” Ferreyra y Parnisari- que le da seguridad en el fondo, flanqueados por Juárez y Diarte como carrileros, en un 3-4-3. El inicio fue un manual de neutralización. Durante los primeros 20 minutos, el juego se estancó en el círculo central, en una lucha de voluntades donde a ambos les costaba generar peligro real. Gimnasia demostró por qué llegaba como líder: un equipo compacto que, a través de las subidas peligrosas de su lateral izquierdo, intentaba inquietar a una defensa “santa” que, sin embargo, se mantuvo imperturbable con un Ezequiel Parnisari en modo muralla.

En esa guerra de desgaste, la claridad no abundaba. Hubo voluntad, pero faltaba esa sintonía fina que se evidenció en una jugada donde Diellos y Castro terminaron estorbándose en lo que podría haber sido la apertura del marcador. Sin embargo, San Martín tuvo la virtud de la paciencia. A pesar de que Alan Cisnero caía por momentos en el exceso individualista y el equipo abusaba de remates de media distancia sin mayor peligro, la sensación en el ambiente era que en el atrevimiento del joven de 22 años estaba la única manera de forzar la cerradura.

Y así fue: una gran maniobra personal de Cisnero terminó en el centro preciso para que Diego Diellos, con un frentazo algo imperfecto, pusiera el 1-0.

Párrafo aparte para el ‘9’. A pesar de algunas dificultades en los controles, Diellos corrió todo el partido: presionó, pivoteó, chocó con los defensores y fue un dolor de cabeza constante para la última línea jujeña. El gol fue su merecida recompensa.

Pasó de proponer a resistir

El juego cambió drásticamente a los 80 minutos con la expulsión de Lucas Diarte. Ahí comenzó otro partido. Yllana debió reacomodar las piezas para soportar el asedio final. El dibujo mutó a un 5-3-1, con el ingreso de Salazar y luego de Nahuel Gallardo para blindar las bandas. San Martín pasó de proponer a resistir, demostrando que tiene el oficio necesario para abroquelarse cerca de Sand sin perder la compostura. Un poco por impericia del “Lobo”, pero también por virtudes defensivas, el “Santo” nunca sufrió a pesar del hombre menos.

En medio de los últimos intentos jujeños Gonzalo Rodríguez -que había ingresado apenas minutos antes- fabricó una contra de antología. El “Turbo” juntó a tres marcas, descargó con criterio para Borasi y este, con generosidad, habilitó a Matías García. El “Caco” tuvo la frialdad que pedía la jugada, eludió al arquero y definió con el arco vacío para liquidar el pleito.

La victoria ante el puntero deja una conclusión fundamental: San Martín va madurando. Esta vez, ganó porque tuvo un plan inicial para neutralizar, serenidad y convicción para no desesperarse, una individualidad para destrabar, una defensa sólida para aguantar con diez y un puñal afilado en el banco de suplentes para sentenciar la historia.   

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