El síntoma de la enfermedad persiste

Por Fernando Stanich 08 Abril 2011
Cuando alguien sufre de migraña, una aspirina puede significar un alivio. Pero sólo eso: un respiro circunstancial. El Gobierno acaba de dar una respuesta coyuntural a un problema de fondo; y corre el riesgo de que el dolor se expanda por otras partes del cuerpo.

Sólo basta con prestar atención al rostro del gobernador, José Alperovich, en los últimos días. Pasó de la frescura de quien ve un camino allanado a la tensión que genera la incertidumbre. Es que si algo no esperaba esta gestión es que un germen de semejante descontento brote en el área de seguridad. Fundamentalmente, porque se trata del servicio público más sensible a los intereses de la sociedad e históricamente reacio al control del alperovichismo.

¿Cómo se interpreta el conflicto en la Casa de Gobierno? Con el temor de que ya nada será igual. Peor aún, con el miedo de que el respeto a la autoridad del gobernador puede perderse en cuestión de horas. Porque, en definitiva, ya no son sólo los autoconvocados de la salud los que desafían en las calles la relación entre gremios tradicionales y funcionarios del Gobierno. Hay otros que también se le animan.

A partir de lo sucedido con la salud y con la seguridad quedó más que claro que el statu quo sindical -que tanto le costó al alperovichismo alcanzar- está en peligro. Justo en el año en que Alperovich jugará sus fuerzas en la re-reelección.

El Gobierno es consciente de que, en los próximos meses, puede esperar lo peor. Porque si bien cerró las paritarias con la mayoría de los gremios, el malestar de los trabajadores es palpable. ¿Quién le garantiza que otros estatales no irán ahora por una nueva mejora en sus sueldos? Nadie.

Alperovich calmó momentáneamente el malestar que lo aquejaba, pero el síntoma de la enfermedad persiste. Y está visto que el descontento social rechaza con mayor frecuencia la medicación tradicional.

Comentarios