21 Marzo 2011 Seguir en 
Algunos Estados árabes creen que la intervención de la alianza occidental en Libia llegó demasiado tarde y otros la consideran falta de fundamento; pero en general, en la región predomina el alivio por que las tropas del líder libio Muammar Gaddafi ya no puedan avanzar sin obstáculos... por el momento. Antes de que Occidente interviniera en Libia, las oportunidades de Gaddafi para recuperar las ciudades controladas por los rebeldes parecían buenas. Claro que habría tenido que vencer primero la resistencia de la oposición, pero a este hombre sin escrúpulos esa idea no le asustaba.
Pero ahora las cosas han cambiado: los rebeldes siguen denunciando ataques contra sus tropas, pero todos menos el propio Gaddafi creen que sus días en el poder están contados y que en el mejor de los casos podrá atrincherarse un tiempo en Trípoli. Los países árabes y occidentales mantuvieron una difícil relación en los últimos 10 años plagada de desconfianza, prejuicios y sensibilidad religiosa, gastada sobre todo por las intervenciones militares en Afganistán e Irak. Por eso es aún más sorprendente que ahora una operación militar occidental una a árabes, estadounidenses y europeos. En pocas ocasiones estuvieron tan de acuerdo como en la decisión de intervenir a favor de la insurgencia libia. Al menos hasta ahora.
Y es que algunos políticos árabes se habían imaginado una acción más limitada que la perpetrada desde el sábado por británicos, franceses y estadounidenses contra las fuerzas aéreas libias. Y los hermanos musulmanes egipcios advirtieron que Libia podría convertirse en un segundo Irak. Pero pese a ello, la reacción del mundo árabe a la intervención en Libia fue en general positiva, pues muchos simpatizan con la insurgencia que quiere librarse de Gaddafi tras cuatro décadas en el poder.
Sin embargo, también hoy se comenzaron a escuchar las primeras voces críticas: el secretario general de la Liga Arabe, Amre Mussa, criticó la operación militar. "Para proteger a los civiles no se necesitan operaciones militares", dijo Mussa desde El Cairo. El egipcio se mostró alarmado ante las informaciones según los cuales los ataques de la coalición internacional se cobraron víctimas civiles y aseguró que reclamó más datos al respecto. La Liga Arabe apoyó una resolución de La ONU para establecer una zona de exclusión aérea sobre Libia, pero ahora parece no estar de acuerdo con la forma de aplicar la medida.
Alemania, el único país europeo que no votó a favor de la resolución del Consejo de Seguridad que sirvió de base para los ataques, tendrá que buscar su lugar en el nuevo mundo árabe. "Creo que esa decisión no fue favorable", señaló un diplomático alemán. Es que lo que en el pasado era válido para el mundo árabe ya no sirve para medir lo que ocurrirá mañana, y ante esos cambios no escapan otros regímenes como Arabia Saudí o Siria.
La primera reacción de Gaddafi ante el inminente ataque contra sus tropas fue tan contradictoria como su personalidad: primero anunció un alto el fuego y al mismo tiempo envió a sus tropas para conquistar las ciudades-feudo de los rebeldes.
Ante la base en la que se atrincheró su familia, cientos de seguidores marcharon mostrando su apoyo, pero los rebeldes afirman que utiliza a la gente, contra su voluntad, como escudos humanos. Mientras, Gaddafi continúa con sus amenazas: "serán vencidos como Hitler, Napoleón o Musolini; todos los tiranos son al final aplastados por sus pueblos".
Pero ahora las cosas han cambiado: los rebeldes siguen denunciando ataques contra sus tropas, pero todos menos el propio Gaddafi creen que sus días en el poder están contados y que en el mejor de los casos podrá atrincherarse un tiempo en Trípoli. Los países árabes y occidentales mantuvieron una difícil relación en los últimos 10 años plagada de desconfianza, prejuicios y sensibilidad religiosa, gastada sobre todo por las intervenciones militares en Afganistán e Irak. Por eso es aún más sorprendente que ahora una operación militar occidental una a árabes, estadounidenses y europeos. En pocas ocasiones estuvieron tan de acuerdo como en la decisión de intervenir a favor de la insurgencia libia. Al menos hasta ahora.
Y es que algunos políticos árabes se habían imaginado una acción más limitada que la perpetrada desde el sábado por británicos, franceses y estadounidenses contra las fuerzas aéreas libias. Y los hermanos musulmanes egipcios advirtieron que Libia podría convertirse en un segundo Irak. Pero pese a ello, la reacción del mundo árabe a la intervención en Libia fue en general positiva, pues muchos simpatizan con la insurgencia que quiere librarse de Gaddafi tras cuatro décadas en el poder.
Sin embargo, también hoy se comenzaron a escuchar las primeras voces críticas: el secretario general de la Liga Arabe, Amre Mussa, criticó la operación militar. "Para proteger a los civiles no se necesitan operaciones militares", dijo Mussa desde El Cairo. El egipcio se mostró alarmado ante las informaciones según los cuales los ataques de la coalición internacional se cobraron víctimas civiles y aseguró que reclamó más datos al respecto. La Liga Arabe apoyó una resolución de La ONU para establecer una zona de exclusión aérea sobre Libia, pero ahora parece no estar de acuerdo con la forma de aplicar la medida.
Alemania, el único país europeo que no votó a favor de la resolución del Consejo de Seguridad que sirvió de base para los ataques, tendrá que buscar su lugar en el nuevo mundo árabe. "Creo que esa decisión no fue favorable", señaló un diplomático alemán. Es que lo que en el pasado era válido para el mundo árabe ya no sirve para medir lo que ocurrirá mañana, y ante esos cambios no escapan otros regímenes como Arabia Saudí o Siria.
La primera reacción de Gaddafi ante el inminente ataque contra sus tropas fue tan contradictoria como su personalidad: primero anunció un alto el fuego y al mismo tiempo envió a sus tropas para conquistar las ciudades-feudo de los rebeldes.
Ante la base en la que se atrincheró su familia, cientos de seguidores marcharon mostrando su apoyo, pero los rebeldes afirman que utiliza a la gente, contra su voluntad, como escudos humanos. Mientras, Gaddafi continúa con sus amenazas: "serán vencidos como Hitler, Napoleón o Musolini; todos los tiranos son al final aplastados por sus pueblos".
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