08 Marzo 2011 Seguir en 
En la primera semana, las protestas en Libia se convirtieron en una revolución, y en la segunda en un levantamiento armado. En la tercera el país corre peligro ahora de caer en una guerra civil, pero ninguno de los dos bandos se atreve a mencionar en voz alta esta posibilidad.
El líder Muammar al Gaddafi no reconoce que ha perdido el control de gran parte del país, mientras que los rebeldes presentan el conflicto como una revolución de un pueblo más o menos desarmado contra unidades militares fuertemente equipadas y mercenarios.
Saleh Badi, el comandante rebelde de la ciudad occidental de Misurata, donde se combate desde hace días, incluso elude hablar de "revolucionarios" y lo hace de "manifestantes". Y eso que Badi dista mucho de ser el único con conocimientos militares entre la oposición. "Una gran parte de los soldados se distanció de Gaddafi, y yo soy uno de ellos", reconoce. También en el este del país los rebeldes están bien armados y organizados e intentan a diario ampliar el territorio bajo su control. Para ser un grupo formado en pocos días se defienden muy bien, lo que también se debe al apoyo de la población, que simpatiza en gran medida con los rebeldes.
Y se siguen produciendo escenas entre trágicas y grotescas, como en el pequeño pueblo de Ben Jawad, al occidente del campo petrolero de Ras Lanuf. "Cuando los revolucionarios entraron en el pueblo el fin de semana, la mayoría de los beduinos y pastores que viven allí no sabían que se había producido una revolución", relata Abdul Rahman, un médico del bastión de la insurgencia, Bengasi. Los habitantes saludaron amablemente a los opositores. "Pero después vinieron las tropas de Gaddafi y algunos nos traicionaron".
También en Misurata, a cuyas afueras las tropas de Gaddafi esperan una oportunidad para una nueva ofensiva, todo aquel que no se solidarice con los rebeldes puede ser acusado de "traidor".
Según los insurgentes, entre las tropas estacionadas alrededor de la ciudad hay diversas brigadas del Ejército pero también algunos milicianos, lo que indicaría que el número de unidades militares aún intactas es pequeña.
El ex ministro del Interior libio Abdulfattah Yunis afirmó ayer que el 90% del territorio está bajo control de los rebeldes.
Pero mientras Gaddafi los siga bombardeando desde aviones les será muy difícil marchar sobre Trípoli.
Mientras tanto, corren todo tipo de rumores sobre el coronel: medios árabes aseguraban que Gaddafi había abierto un canal de comunicación con los revolucionarios y que estaría dispuesto a renunciar ante el Parlamento e ir al exilio. A la vez circularon rumores acerca de que habría sufrido una apoplejía.
El líder Muammar al Gaddafi no reconoce que ha perdido el control de gran parte del país, mientras que los rebeldes presentan el conflicto como una revolución de un pueblo más o menos desarmado contra unidades militares fuertemente equipadas y mercenarios.
Saleh Badi, el comandante rebelde de la ciudad occidental de Misurata, donde se combate desde hace días, incluso elude hablar de "revolucionarios" y lo hace de "manifestantes". Y eso que Badi dista mucho de ser el único con conocimientos militares entre la oposición. "Una gran parte de los soldados se distanció de Gaddafi, y yo soy uno de ellos", reconoce. También en el este del país los rebeldes están bien armados y organizados e intentan a diario ampliar el territorio bajo su control. Para ser un grupo formado en pocos días se defienden muy bien, lo que también se debe al apoyo de la población, que simpatiza en gran medida con los rebeldes.
Y se siguen produciendo escenas entre trágicas y grotescas, como en el pequeño pueblo de Ben Jawad, al occidente del campo petrolero de Ras Lanuf. "Cuando los revolucionarios entraron en el pueblo el fin de semana, la mayoría de los beduinos y pastores que viven allí no sabían que se había producido una revolución", relata Abdul Rahman, un médico del bastión de la insurgencia, Bengasi. Los habitantes saludaron amablemente a los opositores. "Pero después vinieron las tropas de Gaddafi y algunos nos traicionaron".
También en Misurata, a cuyas afueras las tropas de Gaddafi esperan una oportunidad para una nueva ofensiva, todo aquel que no se solidarice con los rebeldes puede ser acusado de "traidor".
Según los insurgentes, entre las tropas estacionadas alrededor de la ciudad hay diversas brigadas del Ejército pero también algunos milicianos, lo que indicaría que el número de unidades militares aún intactas es pequeña.
El ex ministro del Interior libio Abdulfattah Yunis afirmó ayer que el 90% del territorio está bajo control de los rebeldes.
Pero mientras Gaddafi los siga bombardeando desde aviones les será muy difícil marchar sobre Trípoli.
Mientras tanto, corren todo tipo de rumores sobre el coronel: medios árabes aseguraban que Gaddafi había abierto un canal de comunicación con los revolucionarios y que estaría dispuesto a renunciar ante el Parlamento e ir al exilio. A la vez circularon rumores acerca de que habría sufrido una apoplejía.







