26 Febrero 2011 Seguir en 
Tras el crimen de la estudiante Paulina Lebbos, perpetrado en 2006, los tucumanos no sólo se acostumbraron a la "Ley de las 4 AM". También se hizo habitual el uso de una palabra en inglés que hasta antes del crimen casi ni se pronunciaba en estas tierras: el after.
Estas fiestas clandestinas generan preocupación entre las autoridades del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo. "Hay un alto acatamiento de los boliches que cumplen con el horario de cierre a las 4 de la mañana. Pero los chicos no quieren ir a sus casas; es como que algo les falta y se van a los after", explicó Clara Tapia, interventora del instituto. "El tema es que se hacen en lugares peligrosísimos, sin ningún tipo de seguridad, sin habilitación y en zonas periféricas y muy riesgosas. Hasta nosotros quedamos expuestos, pues a veces nos arrojan piedras e incluso escuchamos tiros", agregó. Según Tapia, es muy importante que los padres sepan a qué lugares van sus hijos.
A casi cinco años del decreto, los jóvenes aún van a la zona de El Abasto, donde Paulina abordó el remise. Allí, le contaron a LA GACETA sus sensaciones. "No ha cambiado mucho la situación. Sigue igual que siempre", dice Daniela García, de 25 años, a quien la asaltaron en el último año y hasta chocó con su moto. "Era mejor que cierren de día; al menos había transporte público" dijo. Romina tiene 24 años, es promotora y comparte esa opinión: "ahora se toma alcohol más rápido, volando, antes de que sean las 4". Y recomienda, a las chicas especialmente, quedarse con sus amigos y no recibir tragos de extraños. "Y si te vas sola, confirmá que llegaste bien a tu casa", sugirió.
Andrea, de 18 años, es de Buenos Aires y vino a visitar a su novio. "Acá me da más miedo que en Quilmes o en Capital Federal, que es donde salgo; quizá sea porque no conozco, pero veo mucha más droga que allá", añadió.
Según Héctor, de 22 años, hay dos escenarios posibles en la noche tucumana: "si está la Policía, es porque hay descontrol, peleas y muchos borrachos. Si no, aparecen los chorros". A él lo asaltaron tres veces el año pasado a la salida del boliche en la zona del Abasto. "Se va la Policía a las 5 y salen a chorear y la gente sigue en la calle", dice Nicolás Salas, de 20 años. "Como no se consigue nada cerca, la gente va a los after en zonas cada vez más feas y con menos policías", remató.
Estas fiestas clandestinas generan preocupación entre las autoridades del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo. "Hay un alto acatamiento de los boliches que cumplen con el horario de cierre a las 4 de la mañana. Pero los chicos no quieren ir a sus casas; es como que algo les falta y se van a los after", explicó Clara Tapia, interventora del instituto. "El tema es que se hacen en lugares peligrosísimos, sin ningún tipo de seguridad, sin habilitación y en zonas periféricas y muy riesgosas. Hasta nosotros quedamos expuestos, pues a veces nos arrojan piedras e incluso escuchamos tiros", agregó. Según Tapia, es muy importante que los padres sepan a qué lugares van sus hijos.
A casi cinco años del decreto, los jóvenes aún van a la zona de El Abasto, donde Paulina abordó el remise. Allí, le contaron a LA GACETA sus sensaciones. "No ha cambiado mucho la situación. Sigue igual que siempre", dice Daniela García, de 25 años, a quien la asaltaron en el último año y hasta chocó con su moto. "Era mejor que cierren de día; al menos había transporte público" dijo. Romina tiene 24 años, es promotora y comparte esa opinión: "ahora se toma alcohol más rápido, volando, antes de que sean las 4". Y recomienda, a las chicas especialmente, quedarse con sus amigos y no recibir tragos de extraños. "Y si te vas sola, confirmá que llegaste bien a tu casa", sugirió.
Andrea, de 18 años, es de Buenos Aires y vino a visitar a su novio. "Acá me da más miedo que en Quilmes o en Capital Federal, que es donde salgo; quizá sea porque no conozco, pero veo mucha más droga que allá", añadió.
Según Héctor, de 22 años, hay dos escenarios posibles en la noche tucumana: "si está la Policía, es porque hay descontrol, peleas y muchos borrachos. Si no, aparecen los chorros". A él lo asaltaron tres veces el año pasado a la salida del boliche en la zona del Abasto. "Se va la Policía a las 5 y salen a chorear y la gente sigue en la calle", dice Nicolás Salas, de 20 años. "Como no se consigue nada cerca, la gente va a los after en zonas cada vez más feas y con menos policías", remató.







