04 Octubre 2010 Seguir en 
Durante la presentación del Plan Nacional de Lectura, en 2004, Ernesto Sábato -que el 24 de junio de 2011 cumplirá 100 años-compartió con un auditorio colmado su experiencia como lector: "les quiero pedir a los chicos y a los jóvenes, con la autoridad que me dan los años, que lean. Yo también he leído de chico, y fueron los libros quienes me ayudaron a comprender y a querer la grandeza de la vida. Quienes sembraron en mi alma lo que luego los años pudieron expandir. Leía cuanto llegaba a aquellas bibliotecas de barrio, donde, primero a través de libros de aventuras, y luego, porque un libro lleva, inexorablemente, a otro libro, a través de los más grandes de todos los tiempos, esos que nos entregan los abismos del corazón humano, y la belleza y el sentido de la existencia. Leer les agrandará, chicos, el deseo y el horizonte de la vida".
Más de tres millones de niños participaron el viernes pasado en Argentina de la VIII Maratón Nacional de Lectura, que organiza la Fundación Leer. Se trata de un acontecimiento educativo en todo el país que convoca a escuelas, comedores comunitarios, hospitales, bibliotecas y clubes, a las cuales asisten chicos, a disfrutar de los libros y de la lectura por placer.
El objetivo -según informa en su sitio web la Fundación Leer- es concientizar a la población sobre la importancia que tiene la lectura para el desarrollo personal y el crecimiento de las sociedades; reforzar las experiencias de lectura individual y compartida que ofrece la educación formal; crear un clima que propicie la alfabetización en las instituciones, profundizar los vínculos entre el hogar y la escuela, y entre la escuela y las diferentes instituciones y la comunidad. "Festejar la lectura es contribuir a la adquisición del hábito de lectura, es fomentar al sostenimiento de una práctica indiscutida, necesaria, irremplazable. Festejar la lectura es, por último, resignificar un derecho muchas veces postergado, olvidado y allí es cuando las instituciones educativas resultan actores clave en el contacto entre los niños y los libros.", se lee en la página de internet.
Este año el lema fue "Nuestros valores, costumbres y tradiciones. Historias para leer y escribir entre todos". En algunas escuelas tucumanas, optaron por otro tema. "Con los chicos decidimos trabajar con autores argentinos. Mucho cuento, mucha poesía, si bien los mayores ya han leído novelas. Los alumnos de sexto año son los organizadores: armaron una antología de autores, buscaron y trajeron los libros de la casa, armaron las mesas, prestan los libros y los leen", contó la vicedirectora de la escuela Gabriela Mistral. Un rápido sondeo realizado por LA GACETA en escuelas de Concepción confirmó la inquietud de los docentes: de cada 10 alumnos consultados, sólo tres admitieron estar acostumbrados a leer el diario o algún libro cuando no están en clase.
Es innegable que los vertiginosos avances tecnológicos han provocado cambios en las costumbres, no siempre positivos. El auge de lo audiovisual ha desplazado prácticamente el hábito de leer libros, tanto en los niños como en los adultos. Se lee de otro modo, pero más superficialmente. Está comprobado que es muy difícil la lectura de un libro en la computadora y mucho más si este tiene una extensión considerable. No se trata de demonizar la televisión o internet, sino de buscar la manera de recuperar una costumbre que es no sólo un alimento espiritual, sino que también desarrolla la sensibilidad y la imaginación.
Bienvenidas son, por cierto, estas jornadas. Por otro lado, sería más que interesante que se efectuaran también maratones para docentes, para padres y abuelos narradores, o certámenes interescolares literarios para estimular la lectura. Si los padres y los docentes no dan el ejemplo, difícilmente los chicos agranden su horizonte de vida.
Más de tres millones de niños participaron el viernes pasado en Argentina de la VIII Maratón Nacional de Lectura, que organiza la Fundación Leer. Se trata de un acontecimiento educativo en todo el país que convoca a escuelas, comedores comunitarios, hospitales, bibliotecas y clubes, a las cuales asisten chicos, a disfrutar de los libros y de la lectura por placer.
El objetivo -según informa en su sitio web la Fundación Leer- es concientizar a la población sobre la importancia que tiene la lectura para el desarrollo personal y el crecimiento de las sociedades; reforzar las experiencias de lectura individual y compartida que ofrece la educación formal; crear un clima que propicie la alfabetización en las instituciones, profundizar los vínculos entre el hogar y la escuela, y entre la escuela y las diferentes instituciones y la comunidad. "Festejar la lectura es contribuir a la adquisición del hábito de lectura, es fomentar al sostenimiento de una práctica indiscutida, necesaria, irremplazable. Festejar la lectura es, por último, resignificar un derecho muchas veces postergado, olvidado y allí es cuando las instituciones educativas resultan actores clave en el contacto entre los niños y los libros.", se lee en la página de internet.
Este año el lema fue "Nuestros valores, costumbres y tradiciones. Historias para leer y escribir entre todos". En algunas escuelas tucumanas, optaron por otro tema. "Con los chicos decidimos trabajar con autores argentinos. Mucho cuento, mucha poesía, si bien los mayores ya han leído novelas. Los alumnos de sexto año son los organizadores: armaron una antología de autores, buscaron y trajeron los libros de la casa, armaron las mesas, prestan los libros y los leen", contó la vicedirectora de la escuela Gabriela Mistral. Un rápido sondeo realizado por LA GACETA en escuelas de Concepción confirmó la inquietud de los docentes: de cada 10 alumnos consultados, sólo tres admitieron estar acostumbrados a leer el diario o algún libro cuando no están en clase.
Es innegable que los vertiginosos avances tecnológicos han provocado cambios en las costumbres, no siempre positivos. El auge de lo audiovisual ha desplazado prácticamente el hábito de leer libros, tanto en los niños como en los adultos. Se lee de otro modo, pero más superficialmente. Está comprobado que es muy difícil la lectura de un libro en la computadora y mucho más si este tiene una extensión considerable. No se trata de demonizar la televisión o internet, sino de buscar la manera de recuperar una costumbre que es no sólo un alimento espiritual, sino que también desarrolla la sensibilidad y la imaginación.
Bienvenidas son, por cierto, estas jornadas. Por otro lado, sería más que interesante que se efectuaran también maratones para docentes, para padres y abuelos narradores, o certámenes interescolares literarios para estimular la lectura. Si los padres y los docentes no dan el ejemplo, difícilmente los chicos agranden su horizonte de vida.







