29 Septiembre 2010 Seguir en 
Hace 325 años, San Miguel de Tucumán fue trasladada a su actual emplazamiento. Había sido fundada en el paraje de Ibatín por el capitán Diego de Villarroel, por orden del gobernador Francisco de Aguirre, el 31 de mayo de 1565, donde permaneció durante 120 años. El 24 de septiembre de 1685, el gobernador Fernando de Mendoza y Mate de Luna ordenó el traslado de la ciudad al lugar actual conocido entonces como La Toma. Las razones de la mudanza se debieron no sólo a los desbordes del río Pueblo Viejo y al clima insalubre (los mosquitos que trasmitían el paludismo, las mangas de langosta, la mala calidad del agua), sino al hecho de que el camino del Alto Perú, que pasaba por Ibatín, había sido lentamente reemplazado por otro que ofrecía mayor seguridad ante los ataques indígenas. Se ocupó del traslado el teniente de gobernador, Miguel de Salas y Valdés y el 29 de septiembre, con una misa cantada con sermón, empezó la nueva etapa de la ciudad. Un dato remarcable de esta refundación es que estuvo a cargo de hombre nacido en la región del Tucumán y no de españoles.
La ciudad, donde sesionó el Congreso que declaró la independencia nacional en 1816, se ha transformado en una urbe que ha ido perdiendo identidad como consecuencia de la constante depredación de su valioso patrimonio arquitectónico. Pero también afronta otros problemas que aún no han encontrado la solución más conveniente, como el tránsito caótico, las constantes transgresiones a la normativa y la falta de higiene.
Quien llega a la capital del Jardín de la República en vehículo por el sur, en la zona de San Cayetano, se encuentra con una cloaca a cielo abierto, y si ingresa por la avenida Jujuy -vía ruta 157- debe sortear los numerosos baches. Tanto por la ruta 9 como por la 157 hay basurales, pavimento deteriorado y falta señalización. La suciedad se convierte en protagonista en las plazas, como la Belgrano (ese pareciera su estado natural) o la de Villa Luján, que luego de la feria queda en pésimo estado durante el fin de semana. A más de dos décadas de su creación, la peatonal "Isauro Martínez" , ubicada en calle Mendoza entre 25 de Mayo y Junín, sigue en estado embrionario pese a los intentos y proyectos municipales para embellecerla y hacerla atractiva no sólo para el turista sino también para el mismo tucumano. El ingreso a la ciudad por vía aérea también ofrece un aspecto negativo porque no brinda opciones en el transporte público; el existente tiene tarifas caras y por lo general, son vehículos cuyo estado deja mucho que desear. Esta situación es antigua, pero nada se hace para revertirla. "Le pedimos al aeropuerto que mejore el transporte de pasajeros y nos responden que no es competencia suya, sino de Transporte. En todos lados nos dicen que a la culpa la tiene el otro. Eso quiere decir que todos tienen un pedacito de la solución y que hay que trabajar en conjunto para solucionar los problemas de los accesos terrestres y aéreos", dijo el presidente de la Cámara de Turismo.
Pero también es cierto que se han efectuado obras significativas y de embellecimiento como el Paseo de la Independencia o la iluminación de los edificios históricos alrededor de la plaza Independencia. Hay algunos sectores del parque 9 de Julio que se han mejorado considerablemente.
Pero sin duda, uno de los motores de San Miguel de Tucumán es su intensa vida cultural, un sinónimo de educación, y que sin embargo, contrasta con la permanente transgresión de las normas de urbanidad de una buena parte de la ciudadanía.
Han transcurrido más de tres centurias y pese a contar desde 2005 con un Plan Estratégico Urbano Territorial, surgido de un consenso amplio, San Miguel de Tucumán sigue sin encontrar un rumbo.
La ciudad, donde sesionó el Congreso que declaró la independencia nacional en 1816, se ha transformado en una urbe que ha ido perdiendo identidad como consecuencia de la constante depredación de su valioso patrimonio arquitectónico. Pero también afronta otros problemas que aún no han encontrado la solución más conveniente, como el tránsito caótico, las constantes transgresiones a la normativa y la falta de higiene.
Quien llega a la capital del Jardín de la República en vehículo por el sur, en la zona de San Cayetano, se encuentra con una cloaca a cielo abierto, y si ingresa por la avenida Jujuy -vía ruta 157- debe sortear los numerosos baches. Tanto por la ruta 9 como por la 157 hay basurales, pavimento deteriorado y falta señalización. La suciedad se convierte en protagonista en las plazas, como la Belgrano (ese pareciera su estado natural) o la de Villa Luján, que luego de la feria queda en pésimo estado durante el fin de semana. A más de dos décadas de su creación, la peatonal "Isauro Martínez" , ubicada en calle Mendoza entre 25 de Mayo y Junín, sigue en estado embrionario pese a los intentos y proyectos municipales para embellecerla y hacerla atractiva no sólo para el turista sino también para el mismo tucumano. El ingreso a la ciudad por vía aérea también ofrece un aspecto negativo porque no brinda opciones en el transporte público; el existente tiene tarifas caras y por lo general, son vehículos cuyo estado deja mucho que desear. Esta situación es antigua, pero nada se hace para revertirla. "Le pedimos al aeropuerto que mejore el transporte de pasajeros y nos responden que no es competencia suya, sino de Transporte. En todos lados nos dicen que a la culpa la tiene el otro. Eso quiere decir que todos tienen un pedacito de la solución y que hay que trabajar en conjunto para solucionar los problemas de los accesos terrestres y aéreos", dijo el presidente de la Cámara de Turismo.
Pero también es cierto que se han efectuado obras significativas y de embellecimiento como el Paseo de la Independencia o la iluminación de los edificios históricos alrededor de la plaza Independencia. Hay algunos sectores del parque 9 de Julio que se han mejorado considerablemente.
Pero sin duda, uno de los motores de San Miguel de Tucumán es su intensa vida cultural, un sinónimo de educación, y que sin embargo, contrasta con la permanente transgresión de las normas de urbanidad de una buena parte de la ciudadanía.
Han transcurrido más de tres centurias y pese a contar desde 2005 con un Plan Estratégico Urbano Territorial, surgido de un consenso amplio, San Miguel de Tucumán sigue sin encontrar un rumbo.







