El trencito del parque 9 de Julio

28 Septiembre 2010
En nuestra edición de ayer, comentábamos el desapego de los tucumanos por preservar el legado cultural, que tiene que ver con nuestra identidad. No sólo inmuebles de valor patrimonial han caído bajo la piqueta. El parque 9 de Julio, principal paseo público de la ciudad, ha sido víctima de este despojamiento y cada vez tiene menos atractivos de divertimento.

En su última sesión, los concejales capitalinos aprobaron una iniciativa por la cual se exige a la Municipalidad elaborar en los próximos 30 días los pliegos para licitar la concesión del famoso trencito. El municipio deberá verificar el estado de las vías, que en varios sectores ya desaparecieron cuando se hicieron obras de infraestructura, en la creencia de que no volvería a funcionar más. El emblemático convoy que paseó a varias generaciones de tucumanos dejó de funcionar en abril de 2004, debido que había caducado la concesión que el municipio había otorgado a una firma mendocina, concesionaria también de los juegos mecánicos. Desde entonces, el parque se quedó prácticamente sin entretenimientos, excepto la pista de karting que sigue siendo muy concurrida los domingos. La tradicional confitería La Pérgola que contaba con juegos para niños fue desmantelada hace más un lustro.

Según uno de los impulsores de la iniciativa, si se reflotara el tren, los chicos podrían conocer en su integridad el parque y su recorrido podría traer consigo mayor iluminación y cuidado en los espacios que atravesara. Las autoridades no se mostraron optimistas porque un estudio de costos determinó hace poco tiempo que era demasiado oneroso ponerlo en funcionamiento nuevamente.

En los últimos lustros, el parque 9 de Julio fue retrocediendo. En enero de 2008, sin realizar consultas con las universidades, el Colegio de Arquitectos o instituciones culturales para que propusieran ideas, la Municipalidad inició la demolición de la tradicional confitería El Lago. La original construcción, habilitada en 1961, cuyo proyecto, cálculo de estructura y dirección técnica fueron realizados por el ingeniero Angel Manuel Gil, fue uno de los distintivos del paseo público desde entonces. El techo paraboloide hiperbólico de la confitería, tenía un gran valor arquitectónico. Un funcionario argumentó que la decisión se había tomado porque no había habido interesados en la concesión el restaurante ni en la explotación y mantenimiento del lago San Miguel. Esa fue la razón -según su opinión- por la cual se había decidido demoler por completo el inmueble y parquizar la zona. La tarea de destrucción se detuvo por la presión de las instituciones y de la prensa. Se determinó que quedaría en pie el techo paraboloide hiperbólico, pero su base estaba casi demolida de modo que un fuerte viento terminó derribándolo.

Desde el municipio se argumenta que las licitaciones por la reposición del trencito, así como la reposición de un parque de diversiones han fracasado porque las inversiones que deben efectuarse son elevadas. Habría que revisar tal vez cuáles son las exigencias del municipio.

Tucumán carece de un lugar de entretenimientos de gran envergadura, como tienen otras ciudades desde hace años. Resulta inverosímil que ningún empresario local o de otras geografías se haya animado hasta ahora a invertir en este tipo de emprendimientos comerciales que constituyen además un atractivo turístico, salvo que se considere que los chicos tucumanos son diferentes que los de Carlos Paz o Buenos Aires.

Por otro lado, da la impresión de que los tucumanos estamos aplazados en materia ferroviaria. A la desaparición del trencito del parque se suma el convoy de Tafí Viejo que hizo su viaje inaugural en 18 de junio de 2009, y su posterior puesta en marcha quedó en promesa. Ambos trenes pueden convertirse en atracciones turísticas.

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