Mientras el juez federal Mario Racedo avanza a paso lento con la investigación sobre los acusados de narcotráfico de la comisaría de El Manantial, la misma Policía va a toda velocidad con el sumario administrativo: ayer fueron citados a declarar 12 agentes en el departamento Inteligencia Criminal (D2) y para hoy están llamados otros 12. Deben contar lo que pasaba con los detenidos por narcotráfico Cristian y Fernando Achén, uno de los cuales fue filmado cuando negociaba algo con un adolescente en la puerta de la comisaría.
Las cosas que se comentan parecen una película de presos VIP acostumbrados a las facilidades que da el dinero: se dice que tenían videocable, teléfonos celulares, camas con cómodos colchones, una estufa en invierno y un ventilador en verano, un escritorio que era de la misma comisaría que había sido reciclado por ellos, que, por cierto, pintaron su celda para transformarla en VIP. "Ellos tenían muy buen comportamiento. Una vez abrieron la puerta de par en par y nos quedamos sentados. Vieron que Cristian y Fernando no se escaparon y se dieron cuenta de que podían tener confianza en ellos", dijo a LA GACETA la esposa de Fernando Achén, confirmando el vínculo que tenían con los policías.
Teoría de las manzanas
La denuncia de la mujer que aportó el video no fue atendida por la Policía hasta que se publicó en LA GACETA el domingo 12. Pero en la fuerza de seguridad hubo algunos movimientos previos: un subcomisario fue trasladado a Famaillá 15 días antes del escándalo; otro a Lules, y se cambió al jefe de la comisaría. Pero eso no aplacó la fuerza del impacto mediático. El mismo gobernador, José Alperovich, tras asimilar el golpe del affaire El Manantial, sentenció: "siempre hay una manzana podrida, y debemos sacarla antes de que pudra todo el cajón". Se removió a dos responsables directos de la comisaría (los comisarios Rubén Omar Jaime y Jorge Santi); se puso en disponibilidad a dos subcomisarios (Amado Juárez y Alfredo Gaitán) y se separó preventivamente al comisario inspector Víctor Reynoso, jefe de la zona II de la Regional Oeste. Hombre polémico, Reynoso había llegado hace cuatro meses a la Regional, tras haber sido jefe de la comisaría 2º y recordado porque en 2006 fue objeto de ira de nueve fiscales que pidieron al poder político que lo sacara de su cargo de jefe de Robos y Hurtos en la Dirección de Investigaciones.
Ahora volvió a quedar en terreno pantanoso, esta vez bajo sospecha de no haber controlado lo que pasaba en una olvidada comisaría del interior. También tiembla su jefe inmediato, el comisario general Víctor Pacheco (a cargo de la Regional Oeste), quien primero defendió a sus hombres diciendo que la denunciante actuaba por despecho y luego debió sacarlos rápidamente de la escena, ante la vergonzosa fotografía de los Achén sentados en una moto policial y el video de la transacción en la puerta de la comisaría.
Los dos extremos
Hasta ahí el escándalo. Ahora viene la etapa más compleja, que es determinar el alcance de la trama, que puede ir desde irregularidades administrativas merecedoras de una sanción hasta una corrupción estructural sin control.
Si fuera el primer caso, apenas se trataría de algunas manzanas podridas, como dijo Alperovich, y eso permitiría continuar con el sistema tal como está funcionando actualmente. Un sistema funcional al poder político, que se negó a cualquier tipo de cambios (no hace un mes se desechó un proyecto para crear la Policía Judicial y hace siete años se evitó la creación de Asuntos Internos).
Pero también está la posibilidad de que haya corrupción estructural. Así lo probarían tanto las denuncias del video como de las supuestas coimas pedidas a los feriantes en la plaza de El Manantial. Así también lo señala Elsa Juárez, una de las madres de adictos de La Costanera, que afirma que a casi dos años del escándalo por la venta de "paco" en ese barrio, siguen estacionándose las camionetas de la Policía frente a las casas de los "dealers". Habló de policías que van a recoger dinero en los barrios de El Palomar, Banda del Río Salí y otras zonas. "Levantan más de $ 10.000 por semana", dijo. Otra mujer denunció lo mismo de la zona de Villa Alem.
¿Hasta dónde se hundirá el bisturí? Los agentes de El Manantial que fueron a declarar ante el jefe del D2, comisario Fernando Maruf, también están inquietos. Temen que la espada de la pesquisa caiga sobre los hombros de los perejiles, que en un sistema verticalista siempre están presionados por el fantasma de la obediencia debida. Así lo describió ante este periodista uno de los agentes: "Acá había gente que miraba y callaba y otros que siempre buscaban el pan de cada día".
Las cosas que se comentan parecen una película de presos VIP acostumbrados a las facilidades que da el dinero: se dice que tenían videocable, teléfonos celulares, camas con cómodos colchones, una estufa en invierno y un ventilador en verano, un escritorio que era de la misma comisaría que había sido reciclado por ellos, que, por cierto, pintaron su celda para transformarla en VIP. "Ellos tenían muy buen comportamiento. Una vez abrieron la puerta de par en par y nos quedamos sentados. Vieron que Cristian y Fernando no se escaparon y se dieron cuenta de que podían tener confianza en ellos", dijo a LA GACETA la esposa de Fernando Achén, confirmando el vínculo que tenían con los policías.
Teoría de las manzanas
La denuncia de la mujer que aportó el video no fue atendida por la Policía hasta que se publicó en LA GACETA el domingo 12. Pero en la fuerza de seguridad hubo algunos movimientos previos: un subcomisario fue trasladado a Famaillá 15 días antes del escándalo; otro a Lules, y se cambió al jefe de la comisaría. Pero eso no aplacó la fuerza del impacto mediático. El mismo gobernador, José Alperovich, tras asimilar el golpe del affaire El Manantial, sentenció: "siempre hay una manzana podrida, y debemos sacarla antes de que pudra todo el cajón". Se removió a dos responsables directos de la comisaría (los comisarios Rubén Omar Jaime y Jorge Santi); se puso en disponibilidad a dos subcomisarios (Amado Juárez y Alfredo Gaitán) y se separó preventivamente al comisario inspector Víctor Reynoso, jefe de la zona II de la Regional Oeste. Hombre polémico, Reynoso había llegado hace cuatro meses a la Regional, tras haber sido jefe de la comisaría 2º y recordado porque en 2006 fue objeto de ira de nueve fiscales que pidieron al poder político que lo sacara de su cargo de jefe de Robos y Hurtos en la Dirección de Investigaciones.
Ahora volvió a quedar en terreno pantanoso, esta vez bajo sospecha de no haber controlado lo que pasaba en una olvidada comisaría del interior. También tiembla su jefe inmediato, el comisario general Víctor Pacheco (a cargo de la Regional Oeste), quien primero defendió a sus hombres diciendo que la denunciante actuaba por despecho y luego debió sacarlos rápidamente de la escena, ante la vergonzosa fotografía de los Achén sentados en una moto policial y el video de la transacción en la puerta de la comisaría.
Los dos extremos
Hasta ahí el escándalo. Ahora viene la etapa más compleja, que es determinar el alcance de la trama, que puede ir desde irregularidades administrativas merecedoras de una sanción hasta una corrupción estructural sin control.
Si fuera el primer caso, apenas se trataría de algunas manzanas podridas, como dijo Alperovich, y eso permitiría continuar con el sistema tal como está funcionando actualmente. Un sistema funcional al poder político, que se negó a cualquier tipo de cambios (no hace un mes se desechó un proyecto para crear la Policía Judicial y hace siete años se evitó la creación de Asuntos Internos).
Pero también está la posibilidad de que haya corrupción estructural. Así lo probarían tanto las denuncias del video como de las supuestas coimas pedidas a los feriantes en la plaza de El Manantial. Así también lo señala Elsa Juárez, una de las madres de adictos de La Costanera, que afirma que a casi dos años del escándalo por la venta de "paco" en ese barrio, siguen estacionándose las camionetas de la Policía frente a las casas de los "dealers". Habló de policías que van a recoger dinero en los barrios de El Palomar, Banda del Río Salí y otras zonas. "Levantan más de $ 10.000 por semana", dijo. Otra mujer denunció lo mismo de la zona de Villa Alem.
¿Hasta dónde se hundirá el bisturí? Los agentes de El Manantial que fueron a declarar ante el jefe del D2, comisario Fernando Maruf, también están inquietos. Temen que la espada de la pesquisa caiga sobre los hombros de los perejiles, que en un sistema verticalista siempre están presionados por el fantasma de la obediencia debida. Así lo describió ante este periodista uno de los agentes: "Acá había gente que miraba y callaba y otros que siempre buscaban el pan de cada día".







