21 Septiembre 2010 Seguir en 
En las antiguas civilizaciones ya era un símbolo del renacimiento de la renovación de la naturaleza. Los griegos contaban que Perséfone, hija de Zeus y de Deméter, fue raptada por Hades, rey del infierno que se había enamorado de ella, mientras recogía flores junto a la ninfa Liana. Su madre la encuentra en el averno y le ruega a Hades que se la devuelva, pero este se niega. Por esa razón, Perséfone deberá compartir su existencia entre ambos mundos: medio año a la luz del sol y otro medio en el mundo de las sombras. De ese modo, la diosa personificaba la fertilidad de la tierra en primavera.
Esta estación del año está relacionada con la juventud que es la etapa donde se alimentan los sueños, los proyectos de lo que se quiere ser en el futuro o de la profesión u oficio que se ha de elegir. En el país, el Día del Estudiante coincide con el de la Primavera y el día de repatriación de los restos de Domingo F. Sarmiento, que murió en Asunción del Paraguay en 1888. Su origen se remonta a la propuesta del entonces estudiante y luego arqueólogo Salvador Debenedetti en 1902, cuando presidía el Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Su iniciativa de declarar el 21 de septiembre como Día del Estudiante fue aceptada en esa facultad y luego se extendió a todo el país. Los jóvenes festejarán hoy con fervor su día y la llegada de la primavera.
Este período es tal vez el más complicado y conflictivo en la vida del hombre. El adolescente busca diferenciarse del adulto en el intento de fraguar su personalidad y su destino. La rebeldía es, por cierto, una de las características de este momento. Tanto el chico como el grande deben enfrentar una sociedad que está cambiando constantemente, tanto en sus formas como en sus contenidos. En nuestro suplemento de Actualidad del domingo, los jóvenes se explayaron acerca de cómo ven a los adultos y el mundo que les están dejando. La mayoría de los adolescentes expresó su inquietud por el futuro laboral, la pobreza, la falta de respeto por los otros y la discriminación, pero esencialmente los perturba la falta de diálogo. "A ellos noles interesa qué opinamos nosotros", se quejó un muchacho de 18 años, mientras una adolescente de 15 dijo: "no me parece mal que opinen. Pero sí me molesta que se manifiesten menospreciándonos. Me enfurece escuchar a gente de edad pregonar que los jóvenes de hoy están perdidos, que son libertinos, alcohólicos y otras tantas estupideces re-negativas. Pero estoy convencida de que esas personas se olvidaron de que alguna vez tuvieron nuestra edad e incluso hasta la pasaron peor que nosotros, en lo referente a la comunicación y a la comprensión con sus padres y su familia". Otros dijeron que muchos mayores ven la vida con el color del dinero. "La vida tiene valores importantes como el amor, la familia, la solidaridad, la comprensión", afirmó una alumna, mientras que otra opinó que la globalización y el consumismo están aislando a los grandes de los chicos. Pero no sólo reclamaron; también hicieron autocrítica. Algunos confesaron que estudian menos de lo que deberían.
Con una educación en crisis y un bombardeo permanente de productos de consumo y modas superficiales que diseñan justamente los adultos, hoy más que nunca los jóvenes están expuestos a los flagelos de la sociedad, que van desde la soledad hasta las drogas. El adulto vive, en general, preocupado en la obtención del dinero para lograr el bienestar familiar, a costa de descuidar a sus hijos. La calidad de vida no debería medirse por el aspecto material, sino por el humano. "La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo", dijo con humor el escritor George Bernard Shaw. Sería positivo que los estudiantes y los adultos pudiesen convertir alguna vez su vida en una primavera y un diálogo permanentes.
Esta estación del año está relacionada con la juventud que es la etapa donde se alimentan los sueños, los proyectos de lo que se quiere ser en el futuro o de la profesión u oficio que se ha de elegir. En el país, el Día del Estudiante coincide con el de la Primavera y el día de repatriación de los restos de Domingo F. Sarmiento, que murió en Asunción del Paraguay en 1888. Su origen se remonta a la propuesta del entonces estudiante y luego arqueólogo Salvador Debenedetti en 1902, cuando presidía el Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Su iniciativa de declarar el 21 de septiembre como Día del Estudiante fue aceptada en esa facultad y luego se extendió a todo el país. Los jóvenes festejarán hoy con fervor su día y la llegada de la primavera.
Este período es tal vez el más complicado y conflictivo en la vida del hombre. El adolescente busca diferenciarse del adulto en el intento de fraguar su personalidad y su destino. La rebeldía es, por cierto, una de las características de este momento. Tanto el chico como el grande deben enfrentar una sociedad que está cambiando constantemente, tanto en sus formas como en sus contenidos. En nuestro suplemento de Actualidad del domingo, los jóvenes se explayaron acerca de cómo ven a los adultos y el mundo que les están dejando. La mayoría de los adolescentes expresó su inquietud por el futuro laboral, la pobreza, la falta de respeto por los otros y la discriminación, pero esencialmente los perturba la falta de diálogo. "A ellos noles interesa qué opinamos nosotros", se quejó un muchacho de 18 años, mientras una adolescente de 15 dijo: "no me parece mal que opinen. Pero sí me molesta que se manifiesten menospreciándonos. Me enfurece escuchar a gente de edad pregonar que los jóvenes de hoy están perdidos, que son libertinos, alcohólicos y otras tantas estupideces re-negativas. Pero estoy convencida de que esas personas se olvidaron de que alguna vez tuvieron nuestra edad e incluso hasta la pasaron peor que nosotros, en lo referente a la comunicación y a la comprensión con sus padres y su familia". Otros dijeron que muchos mayores ven la vida con el color del dinero. "La vida tiene valores importantes como el amor, la familia, la solidaridad, la comprensión", afirmó una alumna, mientras que otra opinó que la globalización y el consumismo están aislando a los grandes de los chicos. Pero no sólo reclamaron; también hicieron autocrítica. Algunos confesaron que estudian menos de lo que deberían.
Con una educación en crisis y un bombardeo permanente de productos de consumo y modas superficiales que diseñan justamente los adultos, hoy más que nunca los jóvenes están expuestos a los flagelos de la sociedad, que van desde la soledad hasta las drogas. El adulto vive, en general, preocupado en la obtención del dinero para lograr el bienestar familiar, a costa de descuidar a sus hijos. La calidad de vida no debería medirse por el aspecto material, sino por el humano. "La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo", dijo con humor el escritor George Bernard Shaw. Sería positivo que los estudiantes y los adultos pudiesen convertir alguna vez su vida en una primavera y un diálogo permanentes.







