La reciente visita del gobernador, José Alperovich, a la Expo Tucumán 2010, fue interpretada por la dirigencia de la Sociedad Rural de Tucumán (SRT), organizadora de la muestra, como una clara señal de buena voluntad del Gobierno provincial de recomponer las relaciones con el campo, sector que en el plano nacional puso en jaque la administración kirchnerista hace sólo dos años, en plena crisis por las retenciones móviles a la soja. También sirvió para que los ruralistas aprovecharan para informarle al mandatario que se espera un año plagado de incertidumbres en lo que a cultivos de granos se refiere.
El miércoles por la tarde, Alperovich y buena parte de su gabinete se trasladaron al predio de Cebil Redondo, donde fueron bastante generosos en la visita a los stands. Distendidos y abrazados, funcionarios y ruralistas charlaron como amigos de toda la vida, y el mandatario se mostró afable y dispuesto a detenerse a saludar a cuanta persona se le acercó. Pero el periplo oficial por la Expo no incluía sólo una recorrida por la muestra, sino que en la agenda estaba prevista una reunión privada entre la dirigencia de la SRT y el gobernador y sus más altos funcionarios. Todo un acontecimiento, si se piensa que hace sólo dos años el Gobierno le había retirado apoyo institucional y económico a la muestra ruralista, como consecuencia del grave conflicto que el Gobierno nacional sostuvo ese año con el campo argentino, a causa de las retenciones. Alperovich, un kirchnerista de paladar negro, no dudó, entonces, en ponerse del lado del Estado central, aún a costas de enfrentarse con sectores de la clase media-alta provincial, a la que él mismo representa. Hoy, Alperovich tendió un puente de diálogo y de trabajo con los agropecuarios tucumanos, aunque la tensión en el orden nacional continúa, con pronóstico reservado, ya que la oposición en el Congreso está a la espera de que se cumplan ciertos plazos administrativos para impulsar la caída de las retenciones a las exportaciones de granos, luego de que el mes pasado se vencieran las facultades delegadas del Parlamento al Poder Ejecutivo Nacional. Pero el acercamiento Alperovich-ruralistas parece ser de corto alcance: por si quedaba alguna duda, en la misma sede de la Sociedad Rural el mandatario confirmó, delante de todos los ruralistas y de la prensa presente, que no avalará una caída de los derechos de exportación, esta vez con el argumento de que los precios de los granos son demasiado satisfactorios como para propiciar una medida que pusiera en riesgo la caja del Estado nacional, que a su vez distribuye esos recursos entre provincias como Tucumán.
La definición adelantada de Alperovich sobre las retenciones no cayó muy bien entre los ruralistas, que seguramente esperaban ir convenciendo de a poco al mandatario sobre la necesidad de que se fueran diluyendo estos gravámenes que ellos consideran distorsivos. También les quedó claro que el eterno clamor para que se equiparen los costos de los fletes de la región a los puertos con los que pagan los productores de la Pampa Húmeda no es tarea sencilla, ni mucho menos. Cuando la prensa lo consultó sobre estas gestiones, el mandatario de inmediato se autoproclamó "gestor de siempre" y "empleado" de los ruralistas, pero deslizó que conseguir fletes diferenciales para el NOA no le está resultando fácil. La alternativa que baraja el ministro de Desarrollo Productivo, Jorge Gassenbauer, es la puesta en marcha del ferrocarril Belgrano Cargas, y remarcó que la presidenta, Cristina Kirchner, considera esta iniciativa como uno de los grandes proyectos del país. Pero dado que los tiempos y las prioridades de la política no parecen ir muy de la mano con las necesidades del agro -justamente del agro-, la opción no dejó muy tranquilos a los productores, que argumentaron a favor de la premura gubernamental con una situación que parece incontrastable: el gasto en fletes crecerá exponencialmente en la próxima temporada de granos, porque muchos sojeros se verán obligados a rotar sus cultivos con maíz, para evitar los daños del "picudo negro", un escarabajo que curiosamente hasta ahora sólo atacó a la soja del NOA y a ningún otro cultivo en el mundo. El insecto derriba rendimientos o mata la planta, directamente, y combatirlo con químicos cuesta alrededor de U$S 100 por hectárea, un valor demasiado alto. En este escenario, no quedan muchas opciones: hay que desembocar en el maíz, un cultivo que arroja un volumen por hectárea que casi duplica el de la soja y, por lo tanto, requiere de un mayor gasto en fletes. Para colmo, no resulta fácil exportar el maíz argentino por las trabas gubernamentales, de manera que incursionar en este cultivo significa la posibilidad de tener que almacenar por tiempo indefinido el grano, y en Tucumán no hay silos suficientes para satisfacer un aumento de la demanda.
El gobernador quedó encantado con la Expo y dejó evidencias de que está dispuesto a sumar en la causa agropecuaria, dentro de sus posibilidades, claro está. Pero más allá de los discursos y de las fotografías con rostros felices, el problema de la soja y del maíz están a la vuelta de la esquina, entre noviembre y diciembre, cuando se inicien las siembras de ambos cultivos.
El miércoles por la tarde, Alperovich y buena parte de su gabinete se trasladaron al predio de Cebil Redondo, donde fueron bastante generosos en la visita a los stands. Distendidos y abrazados, funcionarios y ruralistas charlaron como amigos de toda la vida, y el mandatario se mostró afable y dispuesto a detenerse a saludar a cuanta persona se le acercó. Pero el periplo oficial por la Expo no incluía sólo una recorrida por la muestra, sino que en la agenda estaba prevista una reunión privada entre la dirigencia de la SRT y el gobernador y sus más altos funcionarios. Todo un acontecimiento, si se piensa que hace sólo dos años el Gobierno le había retirado apoyo institucional y económico a la muestra ruralista, como consecuencia del grave conflicto que el Gobierno nacional sostuvo ese año con el campo argentino, a causa de las retenciones. Alperovich, un kirchnerista de paladar negro, no dudó, entonces, en ponerse del lado del Estado central, aún a costas de enfrentarse con sectores de la clase media-alta provincial, a la que él mismo representa. Hoy, Alperovich tendió un puente de diálogo y de trabajo con los agropecuarios tucumanos, aunque la tensión en el orden nacional continúa, con pronóstico reservado, ya que la oposición en el Congreso está a la espera de que se cumplan ciertos plazos administrativos para impulsar la caída de las retenciones a las exportaciones de granos, luego de que el mes pasado se vencieran las facultades delegadas del Parlamento al Poder Ejecutivo Nacional. Pero el acercamiento Alperovich-ruralistas parece ser de corto alcance: por si quedaba alguna duda, en la misma sede de la Sociedad Rural el mandatario confirmó, delante de todos los ruralistas y de la prensa presente, que no avalará una caída de los derechos de exportación, esta vez con el argumento de que los precios de los granos son demasiado satisfactorios como para propiciar una medida que pusiera en riesgo la caja del Estado nacional, que a su vez distribuye esos recursos entre provincias como Tucumán.
La definición adelantada de Alperovich sobre las retenciones no cayó muy bien entre los ruralistas, que seguramente esperaban ir convenciendo de a poco al mandatario sobre la necesidad de que se fueran diluyendo estos gravámenes que ellos consideran distorsivos. También les quedó claro que el eterno clamor para que se equiparen los costos de los fletes de la región a los puertos con los que pagan los productores de la Pampa Húmeda no es tarea sencilla, ni mucho menos. Cuando la prensa lo consultó sobre estas gestiones, el mandatario de inmediato se autoproclamó "gestor de siempre" y "empleado" de los ruralistas, pero deslizó que conseguir fletes diferenciales para el NOA no le está resultando fácil. La alternativa que baraja el ministro de Desarrollo Productivo, Jorge Gassenbauer, es la puesta en marcha del ferrocarril Belgrano Cargas, y remarcó que la presidenta, Cristina Kirchner, considera esta iniciativa como uno de los grandes proyectos del país. Pero dado que los tiempos y las prioridades de la política no parecen ir muy de la mano con las necesidades del agro -justamente del agro-, la opción no dejó muy tranquilos a los productores, que argumentaron a favor de la premura gubernamental con una situación que parece incontrastable: el gasto en fletes crecerá exponencialmente en la próxima temporada de granos, porque muchos sojeros se verán obligados a rotar sus cultivos con maíz, para evitar los daños del "picudo negro", un escarabajo que curiosamente hasta ahora sólo atacó a la soja del NOA y a ningún otro cultivo en el mundo. El insecto derriba rendimientos o mata la planta, directamente, y combatirlo con químicos cuesta alrededor de U$S 100 por hectárea, un valor demasiado alto. En este escenario, no quedan muchas opciones: hay que desembocar en el maíz, un cultivo que arroja un volumen por hectárea que casi duplica el de la soja y, por lo tanto, requiere de un mayor gasto en fletes. Para colmo, no resulta fácil exportar el maíz argentino por las trabas gubernamentales, de manera que incursionar en este cultivo significa la posibilidad de tener que almacenar por tiempo indefinido el grano, y en Tucumán no hay silos suficientes para satisfacer un aumento de la demanda.
El gobernador quedó encantado con la Expo y dejó evidencias de que está dispuesto a sumar en la causa agropecuaria, dentro de sus posibilidades, claro está. Pero más allá de los discursos y de las fotografías con rostros felices, el problema de la soja y del maíz están a la vuelta de la esquina, entre noviembre y diciembre, cuando se inicien las siembras de ambos cultivos.







