27 Abril 2002 Seguir en 
En múltiples oportunidades, en los meses pasados, hemos comentado críticamente la presencia de carros de tracción a sangre, dentro de las cuatro avenidas y con mucha frecuencia en el mismo centro comercial. Señalábamos la necesidad de observar las ordenanzas -de vieja data y conocidas por todos- que vedan el ingreso de ese tipo de vehículos al casco urbano.
Pero sucede que la infracción, lejos de desaparecer o por lo menos disminuir, ha crecido exponencialmente. En la actualidad, los carros circulan por la ciudad tranquilamente y en grandes cantidades, como si la ordenanza no existiera o estuviese formalmente derogada.
Pensamos que no puede admitirse que en nuestra ciudad se opere una regresión a las décadas de 1940 o 1950, cuando los carros estaban admitidos y no se tenía en cuenta el riesgo que significan para el tránsito ni la antihigiene que representan los caballos en la vía pública. Debe la Municipalidad hacer cumplir las normas que dicta y terminar con esta situación, que ya se va prolongando demasiado tiempo.
Pero sucede que la infracción, lejos de desaparecer o por lo menos disminuir, ha crecido exponencialmente. En la actualidad, los carros circulan por la ciudad tranquilamente y en grandes cantidades, como si la ordenanza no existiera o estuviese formalmente derogada.
Pensamos que no puede admitirse que en nuestra ciudad se opere una regresión a las décadas de 1940 o 1950, cuando los carros estaban admitidos y no se tenía en cuenta el riesgo que significan para el tránsito ni la antihigiene que representan los caballos en la vía pública. Debe la Municipalidad hacer cumplir las normas que dicta y terminar con esta situación, que ya se va prolongando demasiado tiempo.







