Bastian Schweinsteiger sólo habla fuera de la cancha. Dentro de ella pareció olvidarse por completo del juego dialéctico prepartido para transformarse en el director de una orquesta que sonó muy bien afinada y que contó con eximios ejecutantes (Özil, Podolski, Klose, Müller).
Quizás Alemania se sintió cómoda en el escenario que se le presentó al principio del encuentro con el gol de Müller y ofreció un concierto futbolístico de tono mayor, que ni el más fanático de la Mannschaft hubiese imaginado. El cuadro de Joachim Löw le "robó" el libreto a los de Maradona: a partir de la tenencia de la pelota, la puso contra el piso, se desplegaba en el campo con una admirable dinámica y un gran sentido de aprovechamiento de los espacios. En media hora, fue cocinando a fuego lento a su adversario, maniatándolo en la zona de movimientos donde Tevez-Messi-Higuaín podían preocupar y lastimándolo cuando tenía el balón.
El once germano mandaba muchos hombres a zona de ataque y Argentina padecía el orden vertiginoso del rival. Uno de los grandes problemas que se les presentó a la albiceleste, como en gran parte de la Copa del Mundo, fue la presencia de un solo volante de corte, porque ni Di María ni Maxi Rodríguez eran la rueda de auxilio del "Jefecito" para aplicarse a la contención y tampoco contribuían en la gestación de juego ofensivo.
El desequilibrio en el medio se traducía en grandes dificultades para la última línea, especialmente por los costados, donde Otamendi y Heinze la pasaban muy mal. Y ni hablar de la desconexión entre las líneas que también dejaban aislados, a merced de la casi infranqueable defensa alemana, a su trío de atacantes.
Argentina tuvo su primera aproximación a los 22? con un recurso poco utilizado: un pase filoso de Messi dejó solo a Tevez, pero Neuer estuvo atento para achicar. La propiedad de la pelota comenzó a ser más compartida y después fue Argentina la que se arrimó un poco más a territorio contrario.
El comienzo de la segunda mitad tuvo a nuestra Selección asumiendo el papel protagónico. Y se jugó a cara o cruz, sabiendo que tenía que empatar cuanto antes. Desde el primer minuto del segundo tiempo fue con todo por el empate. Di María creció yendo por la derecha y metiendo diagonales para poner a prueba a Neuer.
Había olor a empate después de tres oportunidades que tuvieron como actores a Tevez, a Higuaín y al mismo Di María. Pero también se exponía al contraataque letal, marca registrada germana. Y en una contra electrizante, Müller abrió magistralmente para Podolski, el zurdo cruzó el centro al área y Klose la empujó al arco vacío. Fue el golpe fulminante para el conjunto del "Diez", el que sentenció el duelo entre los dos colosos, uno en su máximo esplendor y otro opacado por la exhibición de un equipo sin fisuras. Argentina se desplomó anímicamente con el 0-2 y se quedó sin respuestas. Sólo le quedaba el corazón para intentar el descuento.
Fue Schweinsteiger, jugador de la toda la cancha, el inventor de otra maniobra maravillosa por izquierda para dejar en el camino a tres rivales y servirle el tercero a Arne Friedrich. ¡De pie señores! Aplausos para otra joyita concebida por el gran volante de Bayern Munich. Y la cereza del postre vino otra vez por Klose, que en su partido número 100 quedó a sólo un gol de alcanzar el récord de Ronaldo, que lleva 15 en los Mundiales.
Hace 36 años, la "naranja mecánica" de Johan Cruyff demolía a la Argentina en el Mundial de Alemania. Ayer, en el "Green Point" de Ciudad del Cabo, le dijo adiós a los sueños, adiós a la Copa... Por obra y gracia de un rival cuyo trabajo rozó la perfección.
Quizás Alemania se sintió cómoda en el escenario que se le presentó al principio del encuentro con el gol de Müller y ofreció un concierto futbolístico de tono mayor, que ni el más fanático de la Mannschaft hubiese imaginado. El cuadro de Joachim Löw le "robó" el libreto a los de Maradona: a partir de la tenencia de la pelota, la puso contra el piso, se desplegaba en el campo con una admirable dinámica y un gran sentido de aprovechamiento de los espacios. En media hora, fue cocinando a fuego lento a su adversario, maniatándolo en la zona de movimientos donde Tevez-Messi-Higuaín podían preocupar y lastimándolo cuando tenía el balón.
El once germano mandaba muchos hombres a zona de ataque y Argentina padecía el orden vertiginoso del rival. Uno de los grandes problemas que se les presentó a la albiceleste, como en gran parte de la Copa del Mundo, fue la presencia de un solo volante de corte, porque ni Di María ni Maxi Rodríguez eran la rueda de auxilio del "Jefecito" para aplicarse a la contención y tampoco contribuían en la gestación de juego ofensivo.
El desequilibrio en el medio se traducía en grandes dificultades para la última línea, especialmente por los costados, donde Otamendi y Heinze la pasaban muy mal. Y ni hablar de la desconexión entre las líneas que también dejaban aislados, a merced de la casi infranqueable defensa alemana, a su trío de atacantes.
Argentina tuvo su primera aproximación a los 22? con un recurso poco utilizado: un pase filoso de Messi dejó solo a Tevez, pero Neuer estuvo atento para achicar. La propiedad de la pelota comenzó a ser más compartida y después fue Argentina la que se arrimó un poco más a territorio contrario.
El comienzo de la segunda mitad tuvo a nuestra Selección asumiendo el papel protagónico. Y se jugó a cara o cruz, sabiendo que tenía que empatar cuanto antes. Desde el primer minuto del segundo tiempo fue con todo por el empate. Di María creció yendo por la derecha y metiendo diagonales para poner a prueba a Neuer.
Había olor a empate después de tres oportunidades que tuvieron como actores a Tevez, a Higuaín y al mismo Di María. Pero también se exponía al contraataque letal, marca registrada germana. Y en una contra electrizante, Müller abrió magistralmente para Podolski, el zurdo cruzó el centro al área y Klose la empujó al arco vacío. Fue el golpe fulminante para el conjunto del "Diez", el que sentenció el duelo entre los dos colosos, uno en su máximo esplendor y otro opacado por la exhibición de un equipo sin fisuras. Argentina se desplomó anímicamente con el 0-2 y se quedó sin respuestas. Sólo le quedaba el corazón para intentar el descuento.
Fue Schweinsteiger, jugador de la toda la cancha, el inventor de otra maniobra maravillosa por izquierda para dejar en el camino a tres rivales y servirle el tercero a Arne Friedrich. ¡De pie señores! Aplausos para otra joyita concebida por el gran volante de Bayern Munich. Y la cereza del postre vino otra vez por Klose, que en su partido número 100 quedó a sólo un gol de alcanzar el récord de Ronaldo, que lleva 15 en los Mundiales.
Hace 36 años, la "naranja mecánica" de Johan Cruyff demolía a la Argentina en el Mundial de Alemania. Ayer, en el "Green Point" de Ciudad del Cabo, le dijo adiós a los sueños, adiós a la Copa... Por obra y gracia de un rival cuyo trabajo rozó la perfección.







