A cualquier precio

Las desventuras del rescate de los bonos.

18 Abril 2003
Por Marcelo Aguaysol

A estas alturas, pensar que los tiempos electorales pueden complementarse con los económicos suena utópico. Nadie quiere decirlo públicamente, pero el tan mentado rescate de las cuasimonedas lleva implícita la búsqueda de un posicionamiento político con vistas a las elecciones presidenciales del domingo 27. Lo marca el hecho de que el presidente Eduardo Duhalde haya anunciado el Plan de Reunificación Monetaria, sin tener siquiera las previsiones sobre cómo hacerlo. Tan sólo una imposición del FMI marca el ritmo del programa.Parecería que la ecuación es "hacerlo a cualquier precio; no importa cómo".
Tucumán, en esa línea, se subió al tren proselitista de hacer desaparecer, casi como por arte de magia, los $ 169 millones de Bonos de Cancelación de Deudas (Bocade). Hoy, el gobernador Julio Miranda está entrampado. Cayó en las redes de su juego político. No sabe cómo transmitirles a los que confiaron en los bonos y a los que especularon con la moneda provincial, que el canje por pesos se hará a valor de mercado y en el que la Nación se convertirá en la gran "cueva" que impondrá el desagio.
Hace 500 años, sir Thomas Gresham, un agente financiero de la realeza inglesa, dictó un principio económico sobre la circulación del dinero, convertido en una ley que lleva su apellido. "La mala moneda desplaza de circulación a la buena moneda", decía aquel financista. En Tucumán, eso se dio desde el mismo origen del Bocade, hace 16 años. Con la experiencia de dos períodos inflacionarios, desde su creación, la gente trató de desprenderse de inmediato del bono, que se fue desvalorizando por efecto de las sobreemisiones y de las erradas políticas monetarias de las gestiones que gobernaron la provincia. Esta semana, también se dieron los efectos de la Ley de Gresham. La Nación giró Lecop al Poder Ejecutivo y este las inyectó a través de los salarios estatales. La escasez de moneda buena (pesos) llevó a las "cuevas" a tomar sus previsiones. Nadie quiere perder con el floreciente negocio y, como siempre, los resignados tenedores de Bocade terminaron pagando los platos rotos.
Como dato agravante, hay que decir que Miranda gobernó la provincia con decretos de necesidad y urgencia cerrados que impedían el debate legislativo. Hoy, su administración bebe del mismo veneno que sembró. En la Nación, a sabiendas de que el rescate de los bonos tendría efectos negativos y posibles demandas judiciales, le dijeron no a ese tipo de decretos y, por eso, quieren una ley. Si es posible, firmada por el propio Miranda. Es sabido que el mandatario no quiso rubricar documentos que lo puedan comprometer en el futuro. Por eso, cuando se tomaron nuevos endeudamientos, se declaró el default transitorio o se pidió financiamiento, los papeles llevaron la rúbrica del vicegobernador Sisto Terán.
"Si no hay ley, no hay rescate", escucharon los funcionarios provinciales en Buenos Aires. Terán sabe que, por los momentos políticos que se viven, con preeminencia menemista en la Cámara, resulta una empresa dificultosa convocar a los legisladores para que sesionen antes del 29 del corriente, dos días después de las presidenciales. A ello hay que sumarle que el PE requiere que la norma sea ratificada con el voto de los dos tercios de los legisladores, al tratarse de un crédito de $ 150 millones, es decir, que se pagará a razón de $ 5 millones mensuales, de acuerdo con el plazo, la tasa y la moneda que se tome. Con ese dato, hubiera sido más lógico que el Estado destine esa cantidad de recursos en un retiro programado de la cuasimoneda, una medida que debió tomarse desde el mismo momento en que se incrementó el circulante de papeles pintados en demasía.
Otra vez el Bocade agoniza. Puede ser por los estertores que vaticinan su desaparición o por los posibles incumplimientos en el canje por efectivo, de un Estado carente de financiamiento genuino e incapaz de adecuar las finanzas y de gastar de acuerdo con sus ingresos.

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