25 Abril 2002 Seguir en 
Aun en tiempos tan turbulentos e inciertos como los que atravesamos -y con mucha más razón por aquellas características- existen ciertas urgencias que el Estado no puede dejar de atender, puesto que están vinculadas a aspectos esenciales en la vida misma de la población.
Hace pocos días, en este comentario, colocábamos dentro de esa categoría a la alimentación, a propósito del problema planteado en el comedor de una escuela de nuestra ciudad, donde existían casos de desmayo entre los niños por falta de comida. Dijimos entonces que era necesario operar sobre el problema sin pérdida de tiempo, ya que el hambre no admite esperas. Y dijimos también que el Estado debía acudir a cualquier costo para satisfacer el requerimiento, aunque ello significara diferir otras obligaciones.Hoy, es del caso agregar a esa prioridad, y en idéntico nivel de importancia, el grave problema de los medicamentos. Las instituciones que agrupan a las farmacias y droguerías acaban de explicitar la situación que afrontan, y que no es nada difícil de comprender. Los laboratorios que les proveen los remedios han cambiado sus condiciones de pago, imponiendo plazos mucho más estrictos y, sobre todo, exigen el pago en dinero efectivo. Estos requisitos se reflejan muy negativamente en el expendio.
El plazo viene a complicar la atención a las obras sociales, ya que habitualmente estas pagan a las farmacias a no menos de 60 días. Pero la exigencia del dinero efectivo aparece mucho más problemática, cuando se tiene en cuenta que ese tipo de moneda ha sido sustituida en nuestra provincia, en un elevadísimo porcentaje, por los bonos de cancelación de deudas. Así, a las farmacias y droguerías solamente les ingresan esos títulos, cuya conversión en efectivo les demanda un desagio que no hace sino crecer.
Farmacias y droguerías están, pues, ante una emergencia cuya solución urgente requieren al Gobierno. En caso contrario, a las calamidades sociales que exhibe nuestro medio habrá de agregarse también la falta de medicamentos. Así está planteada la cuestión. Los reclamantes proponen una operatoria diferente para el canje de sus bonos, de modo que puedan adecuarse a las condiciones establecidas por sus proveedores.
Es evidente que la atención de la salud, como ocurre con el alimento, es algo que no puede esperar a que la economía nacional y provincial tomen un mejor rumbo. Aquí está involucrada directamente la vida de las personas, sin distinción de edad, según resultaría ocioso argumentar. Por otro lado, bien sabemos que, en esta temática, al problema de la obtención de los medicamentos se suma también la falta de provisión de los mismos a los hospitales públicos. A ese cuadro hemos dedicado varias notas y es conocido que no ha mejorado sustancialmente, sino todo lo contrario.
Puesto que tal es la realidad, cae de maduro que el poder público debe abocarse a la tarea de enfrentarla y resolverla sin pérdida de tiempo. En ese sentido no hay opciones. Los requerimientos farmacéuticos de las personas enfermas en Tucumán deben ser atendidos en toda circunstancia. Como en el caso de los alimentos, aquí tampoco caben dilaciones de ninguna especie. La atención de la salud, como sucede con el hambre, carece de margen de espera, a diferencia de otros rubros de la vida cotidiana.
Es de esperar, entonces, que el Gobierno obtenga la solución que permita superar semejante emergencia. La población está aguardando, con la consiguiente angustia, que eso ocurra.
Repetimos: no puede invocarse la gravedad de la situación para dejar desatendido este clamor.
Hace pocos días, en este comentario, colocábamos dentro de esa categoría a la alimentación, a propósito del problema planteado en el comedor de una escuela de nuestra ciudad, donde existían casos de desmayo entre los niños por falta de comida. Dijimos entonces que era necesario operar sobre el problema sin pérdida de tiempo, ya que el hambre no admite esperas. Y dijimos también que el Estado debía acudir a cualquier costo para satisfacer el requerimiento, aunque ello significara diferir otras obligaciones.Hoy, es del caso agregar a esa prioridad, y en idéntico nivel de importancia, el grave problema de los medicamentos. Las instituciones que agrupan a las farmacias y droguerías acaban de explicitar la situación que afrontan, y que no es nada difícil de comprender. Los laboratorios que les proveen los remedios han cambiado sus condiciones de pago, imponiendo plazos mucho más estrictos y, sobre todo, exigen el pago en dinero efectivo. Estos requisitos se reflejan muy negativamente en el expendio.
El plazo viene a complicar la atención a las obras sociales, ya que habitualmente estas pagan a las farmacias a no menos de 60 días. Pero la exigencia del dinero efectivo aparece mucho más problemática, cuando se tiene en cuenta que ese tipo de moneda ha sido sustituida en nuestra provincia, en un elevadísimo porcentaje, por los bonos de cancelación de deudas. Así, a las farmacias y droguerías solamente les ingresan esos títulos, cuya conversión en efectivo les demanda un desagio que no hace sino crecer.
Farmacias y droguerías están, pues, ante una emergencia cuya solución urgente requieren al Gobierno. En caso contrario, a las calamidades sociales que exhibe nuestro medio habrá de agregarse también la falta de medicamentos. Así está planteada la cuestión. Los reclamantes proponen una operatoria diferente para el canje de sus bonos, de modo que puedan adecuarse a las condiciones establecidas por sus proveedores.
Es evidente que la atención de la salud, como ocurre con el alimento, es algo que no puede esperar a que la economía nacional y provincial tomen un mejor rumbo. Aquí está involucrada directamente la vida de las personas, sin distinción de edad, según resultaría ocioso argumentar. Por otro lado, bien sabemos que, en esta temática, al problema de la obtención de los medicamentos se suma también la falta de provisión de los mismos a los hospitales públicos. A ese cuadro hemos dedicado varias notas y es conocido que no ha mejorado sustancialmente, sino todo lo contrario.
Puesto que tal es la realidad, cae de maduro que el poder público debe abocarse a la tarea de enfrentarla y resolverla sin pérdida de tiempo. En ese sentido no hay opciones. Los requerimientos farmacéuticos de las personas enfermas en Tucumán deben ser atendidos en toda circunstancia. Como en el caso de los alimentos, aquí tampoco caben dilaciones de ninguna especie. La atención de la salud, como sucede con el hambre, carece de margen de espera, a diferencia de otros rubros de la vida cotidiana.
Es de esperar, entonces, que el Gobierno obtenga la solución que permita superar semejante emergencia. La población está aguardando, con la consiguiente angustia, que eso ocurra.
Repetimos: no puede invocarse la gravedad de la situación para dejar desatendido este clamor.







