El juego de los frentes

La elección de los aliados causa costos políticos.

17 Abril 2003
Por Carlos Abrehu

Que se vayan todos. Esa consigna recuperó actualidad, de la mano de distintas organizaciones piqueteras que manifestaron ayer por la zona céntrica, cuando faltan 10 días para las elecciones presidenciales. Ahora bien, la Constitución de 1994 opone una sólida traba a esa demanda, porque no dispone relevos globales sino graduales de congresistas y establece otras reglas para los cambios de jueces y de presidente y vicepresidente de la República.
En la esfera provincial, la Constitución de 1990 consagra el reemplazo masivo de legisladores y gobernantes porque les prohíbe la reelección, aunque este dique puede ser dinamitado si se elige una convención reformadora durante 2003. Pero, en este turno, por obra de la ley suprema vigente, se van todos. La situación se tornó muy complicada para cientos de dirigentes.
El reclamo de desplazamiento de los cuadros políticos tiene una raíz sociológica profunda: el desencanto con la ineficiencia para gobernar en tiempos de crisis y con la corrupción administrativa.
La serie de elecciones que se abrirá el 27 y concluirá en octubre -cuando se vote la renovación de legisladores nacionales- ofrecerá una posibilidad de modificación. Pero es sólo una expectativa. Está lejana la época en que el llamado a las urnas ilusionaba a los ciudadanos.
La sucesión de fracasos escarmentó a los votantes. Sin embargo, la democracia habilita una puerta a la esperanza. Por esta intentarán ingresar los candidatos presidenciables, y luego -el 29 de junio- los postulantes a la gobernación.
La estrategia frentista es la receta a que apelan los políticos con pretensiones de poder en Tucumán. El peronismo reflotó el Frente Fundacional, con el que ganó los comicios de 1999 y de 2001.
La fórmula José Alperovich-Fernando Juri tiene un respaldo pluripartidista, y el producto que se oferta en el mercado electoral es una marca política signada por su pasaje por la administración mirandista. De cómo se diferencien de esta, dependerá parte de su suerte.
El Frente Anticorrupción gira en derredor de un peronista disidente -Osvaldo Cirnigliaro-, que no detuvo su tarea de armado.
La tercera herramienta frentista reconoce el liderazgo moral de Esteban Jerez, pero aún no superó el estado de la hipótesis. Unión por Tucumán -la coalición que fogonea Jerez - es un polo de atracción para sectores empresarios y organizaciones partidarias de trayectorias disímiles, que están empeñados en frustrar el plan continuista del gobierno de Miranda. Esa heterogeneidad de intereses genera versiones de diversa naturaleza y choques de opiniones. Al diputado José Ricardo Falú le llegaron quejas por algunos dichos descarnados del ex fiscal anticorrupción respecto de Olijela Rivas.
Los roces se suavizaron con el correr de las horas y se entró en una agitada etapa de conversaciones, que se extenderá en los próximos días. Definir el modelo de coalición implica, también, resolver las exclusiones. Que Bussi sí, que Bussi no. La opción en uno u otro sentido generará costos políticos.
Para Fuerza Republicana, la elección del 29 de junio también será crucial porque expondrá su posición de partido que quiere mantener la condición de principal desafiante del peronismo. Una declinación del caudal electoral debilitaría al bussismo frente a los comicios de octubre.
Los juegos de poder se estirarán hasta dentro de 11 días, cuando se inscriban los lemas. La sociedad será espectadora de ello, porque su principal preocupación radica en defender su calidad de vida.

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