El discurso de Carlos Menem en la cancha de San Martín fue, al final, revelador de cuán devastador ha sido el desgobierno mirandista. Cómo estará de mal la provincia, que el conductor de las dos presidencias argentinas sospechadas de ser las más corruptas del siglo XX (hasta preso por presunta asociación ilícita estuvo) se da el lujo, en Tucumán, de reclamar gobiernos decentes y dignos. Peor aún. La magnitud del destrozo estructural concretado por el Frente Fundacional es tal que esos reproches terminan siendo legítimos.
Los niños se siguen muriendo de hambre en este terruño del "granero del mundo" porque se parece más a un cementerio jardín que al jardín de una república. Coherentemente, la política está hecha puramente de espectros. De los fantasmas del 27.
El más temible es el del fraude. Por primera vez en 20 años de democracia, todos los partidos hablan de que el resultado de los comicios será manipulado. En la sede menemista de 24 de Setiembre al 1.000 de esta capital, los fiscales de mesa son preparados para que con toda celeridad comuniquen el resultado de las urnas que controlan. Dos son los temores públicamente confesados. Primero, que los telegramas no comuniquen los resultados reales. Luego, que como el escrutinio final se hará en Buenos Aires, allí se adulteren los datos.
La vergonzosa interna nacional de la UCR y el atentado de Luis Barrionuevo en Catamarca contra la democracia (los dos senadores tucumanos del PJ votaron que siga teniendo inmunidad e impunidad parlamentaria) son dos temibles antecedentes. El otro elemento es que sólo Menem y Néstor Kirchner tendrían en Tucumán los 2.500 fiscales para controlar cada mesa. Aquí, los radicales están tan poco entusiasmados con Leopoldo Moreau que ni siquiera definieron los apoderados de las escuelas.
Una posible victoria del seudo caudillo riojano también atormenta a los candidatos a gobernadores del subtrópico. El triunfo del ex jefe de Estado, aunque más no sea en Tucumán, es la excusa que están buscando los menemistas vernáculos para engendrar una fórmula propia, que desbanque a José Alperovich de su candidatura a gobernador y que deje a Esteban Jerez sin la fundamental "pata peronista". Encumbrados radicales agitan el fantasma de que, si regresa el ex presidente, los menemistas y FR irán unidos a los comicios del 29 de junio. Osvaldo Cirnigliaro, preservado de estos mentideros, sigue mostrando que fue quien mejor trabajó políticamente durante los últimos cuatro años, al punto que los operadores de todos los sectores lo buscan para una alianza.
Julio Miranda tiene su espanto propio. Un fantasmita amigable que le sonríe. Si gana Menem, la tentación de pasar anticipadamente a retiro al gobernador será difícil de resistir. Ya para hoy está previsto un almuerzo en el que el vicegobernador menemista Sisto Terán y 15 legisladores le pondrán condiciones para aprobar las leyes que les son indispensables para culminar su mandato.
Es claro que para los atrincherados representantes del pueblo, este no es un año en crisis sino un calendario con cinco elecciones. No hay en el horizonte ni una propuesta de los gobernantes que demuestre que hay signos vitales en los poderes políticos del Estado que siguen vaciando. Sí, en cambio, habrá novedades por la sobreemisión de Bocade, decretada por Miranda, a propuesta de Alperovich cuando era ministro de Economía, y consagrada por la Cámara. El Estado retirará los papeles pintados con el mismo desagio que generó. Si se estafa a un tenedor de bonos, se llama desfalco. Si se engaña a miles de ellos, se llama "rescate de cuasimonedas".
Pero para buena parte del 70% de los tucumanos que son pobres, esto no es urgente. Están ocupados en sobrevivir al hambre durante la infancia; a la falta de educación y a la marginalidad, durante la adolescencia; y a la desocupación, a la inseguridad y a la falta de cobertura social y sanitaria, en la edad adulta.
Un buen deseo para estas Pascuas es que, algún día, nacer en Tucumán deje de parecer un error.
14 Abril 2003 Seguir en 
Por Alvaro José Aurane







