Cerró el templo del guitarrero

El dueño de una de las peñas más antiguas del país no se resigna. Fueron 70 años de tertulias y bohemia.

20 Marzo 2010
Las voces del Mono Villafañe, el dúo Tafinando y Noralía Villafañe se callaron después de cantar toda la noche, y cuando salieron la puerta de El alto de la lechuza se cerró. Y todavía no hay quien la abra. Esa noche del 26 de diciembre fue la última de una de las peñas más viejas del país.
La suya es parte de la historia misma de Tucumán. De su música y su cultura, de encuentros creativos y del surgimiento de grupos y figuras que todavía brillan.
Todo empezó en marzo de 1940, cuando Pedro Aredes y su esposa Mercedes Isabel de Aredes abrieron un negocio de comidas en la esquina de 24 de Septiembre y Marco Avellaneda, aprovechando el movimiento que había en la zona por la cercanía con la estación ferroviaria Central Córdoba (hoy Belgrano).
"En esa época se acostumbraba a brindarle música en vivo a los pasajeros que venían a realizar las compras a la ciudad... Ahí siempre hubo música, porque toda mi familia tocaba. Mi padre cantaba muy bien y se acompañaba correctamente con la guitarra", cuenta don Pedro Amanecido Aredes, hijo del fundador de la peña, que nació ese mismo año.
Los recuerdos de la infancia de don Pedro están marcados por la música y los artistas que pasaban por el solar donde además vivía la familia, y que en ese entonces era conocido como El alto de Aredes. Atahualpa Yupanqui, Virgilio Carmona, Donato Herrera, "el Gordo" Leiva, "el Ciego" Pancho...
"En el negocio se hacía música de día con bandoneón, guitarra y violín, y por la noche había largas tertulias con amigos que alternaban sus visitas de acuerdo con sus actividades", relata con entusiasmo.
En los 60, en concordancia con el auge del folclore argentino, y en especial del norteño, el local pasó a llamarse El alto de la lechuza y se convirtió en peña libre, con autorización para tocar la guitarra desde las mesas, cuanta don Pedro.
"Nunca supe bien quién le puso el nombre, pero fue porque en las palmeras y los galpones de la estación había muchas lechuzas que comían los granos que caían de los vagones... Todavía hay muchas", explica.
Es en esa época el boliche se transformó en centro de reuniones de figuras en alza, como Mercedes Sosa y su esposo Oscar Matus; Juan Falú, Néstor "Chacho" Echenique, del dúo Salteño ("cuando jugaba en San Martín", recuerda el propietario del local), "El Cuchi" Leguizamón, Manuel Castilla, Luis "Pato" Gentilini, Los Tucu Tucu y muchísimos más. "Toda gente que formó la historia de la música argentina, que construyó la identidad", aclara, por si hiciera falta.
En 1980 la familia Aredes dejó de vivir allí y reformó la construcción. "Se puso el escenario, sonido, se arregló la cocina y se transformo en peña con espectáculos", relató.
Don Pedro cuenta que en estos meses se hicieron algunas reformas en El alto, y que espera que a mediados de abril abra nuevamente sus puertas, aunque todavía no hay interesados a la vista en alquilarlo. "Yo ya no puedo administrarlo y por eso lo alquilo... Pero siempre voy a tocar la guitarra con los amigos. Nací ahí, como mi hermana Coca, y va a ser una peña siempre, aunque haya otros negocios más rentables -sentenció-. Es una institución y no voy a dejar que se pierda la costumbre".

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