11 Marzo 2010 Seguir en 
Para muchos niños y adolescentes, la merienda suele ser la cenicienta de las comidas. A veces la reemplazan por unas galletitas dulces, mientras miran televisión o chatean en la computadora, y otras veces la saltean, por falta de tiempo, y recién vuelven a comer por la noche, después de un ayuno de varias horas, que comenzó tras el almuerzo. Este desequilibrio desencadena en distintos problemas como puede ser la obesidad infantil, la malnutrición y los hábitos poco saludables. Los nutricionistas advierten que no hay que saltearse ninguna comida.
Los chicos no comen sólo cuando tienen hambre, sino también por otros motivos, como el aburrimiento, la ansiedad, la costumbre de abrir la heladera para ver "qué hay de rico" o por el simple hábito de comer mientras que miran televisión. "Recomendamos sentarse a merendar y visualizar lo que se come. Está comprobado que quienes comen con la televisión prendida consumen cuatro veces más de lo que su organismo necesita, porque el cerebro no registra lo que está haciendo. Este hábito es pernicioso para la salud porque puede llevar a la obesidad", advierte el titular del Servicio de Nutrición del Hospital de Niños, Víctor Gallo.
La comida debe ser pautada y a horario. Lo más conveniente es que el niño que va al colegio en el turno tarde vuelva a la casa y se siente a merendar, siempre más o menos a la misma hora, para evitar el picoteo entre comidas, que resiente la calidad de la dieta y conduce al aumento de peso.
"La merienda es importante porque a esa altura de la tarde -unas tres horas después del almuerzo- baja la glucemia en sangre. Con esta comida el organismo segrega insulina para compensar los niveles de azúcar. No hace falta comer mucho, simplemente un jugo de frutas o un vaso de leche, acompañado con unas dos o tres tostadas o rodajas de pan, es suficiente. De esta manera se equilibra el nivel de azúcar y se llega a la cena sin demasiada hambre, porque cuando se pasan muchas horas sin comer el organismo registra que no hay comida se produce un ahorro de energía y un aumento de la asimilación, por lo tanto se engorda más", explica.
Los adultos y los adolescentes son los que más suelen saltear la merienda debido a la falta de tiempo, ya que realizan muchas actividades por la tarde.
En el caso de los jóvenes, suele pasar que después de varias horas de ayuno llegan a la noche con un hambre terrible. Cenan muy tarde, antes de dormir, y por la mañana ya no tienen hambre.
Como se levantan con el tiempo justo para ir al colegio, no desayunan, salteando una nueva comida importante.
Una dieta equilibrada
Muchas veces a los chicos no les gusta la leche de vaca. "Hoy en día existen muchas opciones para reemplazarla. Vienen leches de vaca y de soja saborizadas que son muy ricas. También se les puede ofrecer jugos de frutas, yogur con cereales, panes con quesos crema, en fin, hay muchas maneras de incorporar calcio y vitaminas", afirma la chef Marina Serena.
Una merienda tentadora es a veces un recurso necesario para lograr fijar el hábito de tomar la merienda. De esa manera se evitará que el chico acuda a otro tipo de alimentos pobres en nutrientes, como las golosinas y los snacks.
A la hora de diseñar una merienda es importante es lograr el equilibrio en los nutrientes y en las cantidades. No debe ser una merienda tan abundante que luego el niño no tenga ganas que cenar. Debe tener lo esencial, el té, café con leche o jugo, con un complemento que puede ser pan, un pedazo de bizcochuelo o galletitas, sin olvidar una dosis de lácteos. Cada alimento aporte un tipo de vitaminas y minerales. La leche y sus derivados brindan proteínas, calcio y vitaminas A y B2. El azúcar da energía rápida, para continuar realizando actividades en lo que resta del día. Aunque hay que aclarar que el azúcar no tiene vitaminas ni minerales. Los cereales que se agregan a la leche brindan hidratos de carbono complejos y vitamina B, que proveen al organismo de las reservas necesarias de energía para poder utilizar en épocas de tensión y fatiga.
Los chicos no comen sólo cuando tienen hambre, sino también por otros motivos, como el aburrimiento, la ansiedad, la costumbre de abrir la heladera para ver "qué hay de rico" o por el simple hábito de comer mientras que miran televisión. "Recomendamos sentarse a merendar y visualizar lo que se come. Está comprobado que quienes comen con la televisión prendida consumen cuatro veces más de lo que su organismo necesita, porque el cerebro no registra lo que está haciendo. Este hábito es pernicioso para la salud porque puede llevar a la obesidad", advierte el titular del Servicio de Nutrición del Hospital de Niños, Víctor Gallo.
La comida debe ser pautada y a horario. Lo más conveniente es que el niño que va al colegio en el turno tarde vuelva a la casa y se siente a merendar, siempre más o menos a la misma hora, para evitar el picoteo entre comidas, que resiente la calidad de la dieta y conduce al aumento de peso.
"La merienda es importante porque a esa altura de la tarde -unas tres horas después del almuerzo- baja la glucemia en sangre. Con esta comida el organismo segrega insulina para compensar los niveles de azúcar. No hace falta comer mucho, simplemente un jugo de frutas o un vaso de leche, acompañado con unas dos o tres tostadas o rodajas de pan, es suficiente. De esta manera se equilibra el nivel de azúcar y se llega a la cena sin demasiada hambre, porque cuando se pasan muchas horas sin comer el organismo registra que no hay comida se produce un ahorro de energía y un aumento de la asimilación, por lo tanto se engorda más", explica.
Los adultos y los adolescentes son los que más suelen saltear la merienda debido a la falta de tiempo, ya que realizan muchas actividades por la tarde.
En el caso de los jóvenes, suele pasar que después de varias horas de ayuno llegan a la noche con un hambre terrible. Cenan muy tarde, antes de dormir, y por la mañana ya no tienen hambre.
Como se levantan con el tiempo justo para ir al colegio, no desayunan, salteando una nueva comida importante.
Una dieta equilibrada
Muchas veces a los chicos no les gusta la leche de vaca. "Hoy en día existen muchas opciones para reemplazarla. Vienen leches de vaca y de soja saborizadas que son muy ricas. También se les puede ofrecer jugos de frutas, yogur con cereales, panes con quesos crema, en fin, hay muchas maneras de incorporar calcio y vitaminas", afirma la chef Marina Serena.
Una merienda tentadora es a veces un recurso necesario para lograr fijar el hábito de tomar la merienda. De esa manera se evitará que el chico acuda a otro tipo de alimentos pobres en nutrientes, como las golosinas y los snacks.
A la hora de diseñar una merienda es importante es lograr el equilibrio en los nutrientes y en las cantidades. No debe ser una merienda tan abundante que luego el niño no tenga ganas que cenar. Debe tener lo esencial, el té, café con leche o jugo, con un complemento que puede ser pan, un pedazo de bizcochuelo o galletitas, sin olvidar una dosis de lácteos. Cada alimento aporte un tipo de vitaminas y minerales. La leche y sus derivados brindan proteínas, calcio y vitaminas A y B2. El azúcar da energía rápida, para continuar realizando actividades en lo que resta del día. Aunque hay que aclarar que el azúcar no tiene vitaminas ni minerales. Los cereales que se agregan a la leche brindan hidratos de carbono complejos y vitamina B, que proveen al organismo de las reservas necesarias de energía para poder utilizar en épocas de tensión y fatiga.
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