Fuego, gritos y oscuridad

Fuego, gritos y oscuridad

Análisis. Por Marco Gatica - Editor gráfico diario El Mercurio, Chile.

28 Febrero 2010
Es una situación dantesca. Oscuridad, sonidos extraños, gritos, alarmas que se disparan, lenguas de fuego que iluminan la noche. El terremoto generó mucho pánico y angustia en Santiago, donde vivo. Yo estaba durmiendo y me despertó un movimiento suave. Instantes después se convirtió en una ondulación muy violenta.

Me levanté a ver a mis hijos y mientras me dirigía a sus habitaciones iba golpeándome contra las paredes de los pasillos. El ruido era tan intenso que parecía que la casa se iba a desarmar. Inmediatamente se cortó la luz y comenzaron a caerse los cuadros de las paredes y los libros de los estantes.

Cuando salimos a la calle había muchas personas angustiadas. La oscuridad era total. Lo único que iluminaba la noche eran las llamas de algunos incendios que se veían a lo lejos y las chispas que caían de los cables. A medida que pasaba el tiempo, el pánico crecía, porque todos querían comunicarse con sus familiares, pero los teléfonos no funcionaban.

Unas dos horas después, la situación se empezó a calmar. Las comunicaciones volvieron a restablecerse y algunas personas decidieron regresar a sus casas. Otros se quedaron a dormir en la calle por temor a un nuevo movimiento sísmico. Afortunadamente, mi casa no sufrió daños.

El miedo sigue latente. En Santiago, donde vivo, se ven colas de autos en las estaciones de servicios y la gente abarrotó los pocos comercios que abrieron para abastecerse de alimentos y de agua. (Especial para LA GACETA)

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