Con fecha de vencimiento

La re-reelección seduce al gobernador tanto como lo asusta: al día siguiente del inicio de su tercer mandato, verá diluirse el poder que supo manejar

LA GACETA
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Por Fernando Stanich 17 Febrero 2010
Los productos enlatados son los que más lejana fecha de vencimiento tienen. Pero, al final de cuentas, se echan a perder igual. A poco de iniciado su séptimo año al frente del poder, el alperovichismo comienza a exhibir algunos de los síntomas propios de la vejez. Envasado en 2003, ya hay quienes recomiendan 2011 como la fecha tope para consumir el producto, antes de que despida un tufillo nauseabundo.

El primero y más notorio síntoma de ese decaimiento es la monotonía. El alperovichismo carece de sorpresa. Peor aún, el ritual fetiche del gobernador, de recorrer cada mañana alguno de los tantos frentes de obra -ninguna de envergadura, por cierto- ya perdió eficacia. Es tal el relajamiento que hace dos semanas supervisó el corte de césped, la pintura y la puesta de unos cuantos banquitos en la plaza de un barrio periférico. Lo que no le contaron sus colaboradores es que ese paseo estuvo cubierto de yuyos durante todo enero y que lo limpió personal del "Tano" Alfaro un par de horas antes de que llegara la combi oficial. Al final, Alperovich cortó la cinta y descubrió una plaqueta con su nombre frente a la indiferencia vecinal. Con escuderos así, para qué buscar rivales políticos.

Precisamente, en la falta de sparrings está la llave para entender el por qué del oxidamiento oficial. Si no hay desafíos atractivos, la guardia se baja. Huelga decir que, a lo largo de estos años, el gobernador acumuló muchísimo poder; pero también demasiada soledad. De hecho, su círculo de confianza es cada vez más reducido y en la calesita gubernamental sólo hay lugar para los leales. En realidad, para los que no cuestionan su voluntad. Ahí están Gassenbauer, Mansilla, Jaldo y Manzur, que pide a gritos salir del plantón que significó el Ministerio de Salud de la Nación.

Qué hacer

¿No hay más nombres? Justamente, ese es uno de los grandes dilemas que deberá resolver Alperovich de aquí a 2011. Porque en ninguna cabeza sensata cabe la posibilidad de pensar en una victoria nacional como compañero de fórmula del kirchnerismo. "Eso es para la gilada", diría un edil capitalino que visitó un sanatorio el fin de semana. El gobernador lo sabe, por eso repite en cuanta ocasión tiene que prefiere ser re-reelecto dentro de un año y ocho meses. En rigor, en Casa de Gobierno nadie teme por un fallo judicial que impida al titular del Poder Ejecutivo ir por su tercer mandato consecutivo.

El problema para Alperovich es qué hacer. Presentarse y ganar la elección, a juzgar por los últimos resultados electorales y por la escuálida oposición local, no le resultaría demasiado trabajoso. En realidad, en el primer día después de una eventual victoria está la encrucijada. Porque significará que el gobernador, el hombre que acumuló poder y más poder desde 2003, sí tiene una fecha de vencimiento impresa: el 29 de octubre de 2015.

La propia Constitución alperovichista lo dice: dos períodos consecutivos sin contar el vigente al momento de la reforma. En definitiva, Alperovich sentirá que el poder se le escurre como arena por entre los dedos al otro día de que asuma su tercera gestión. Además, de repetirse la performance de la última votación, el oficialismo ya no tendrá una abrumadora mayoría en la Legislatura. No está de más recordar una advertencia de alguien que vivió la experiencia. Consultado por LA GACETA el 17 de agosto de 2009, el ex gobernador cordobés Eduardo Angeloz fue contundente: su peor error fue haber aceptado el tercer período. "Porque la gente se cansa de uno, siempre la misma figura, la misma cara (…). Además, después de tanto tiempo uno ya no tiene control suficiente sobre quienes lo acompañan, uno se relaja…".

Un joven atrevido

¿Es conveniente tanta exposición para alguien que, en apariencia, ya consiguió todo? Hay alperovichistas que dudan. Y se lo hacen saber por los medios. El intendente Domingo Amaya es uno. Públicamente dijo que apoyará al gobernador, aunque aclaró -tan elegante como desafiante- que lo hará porque él aún puede esperar su turno. "Soy un hombre joven", lanzó con atrevimiento.

En rigor, la principal preocupación del gobernador pasa por encontrar la fórmula para mantener el poder. La Constitución que él encomendó reformar presenta otra salida. En su artículo 90, dice claramente que el gobernador y el vice podrán ser elegidos nuevamente para el cargo con intervalo de un mandato. ¿Alguien se imagina a Alperovich sentado a en su casa, esperando cuatro años para volver al ruedo? Sólo si está convencido de que quien lo suceda entre 2011 y 2015 será una mera extensión de él. Ahí, quizá, radique la preocupación de Manzur por regresar cuanto antes o la extrema fidelidad que le profesa el siempre bien ubicado Jaldo. El problema de esta opción son los ejemplos. Flaco favor le hizo Kirchner a su esposa al manejar el país desde Olivos, y es probable que pague sus culpas con una carrera política tirada al vacío. La exposición exagerada del creador limita el margen de acción de la criatura, que termina por desdibujarse.

Alperovich deberá decidir. Pero empaquetó tanto su producto que no hay variedad. O abre el enlatado antes de la fecha de vencimiento o corre el riesgo de comenzar a despedir el característico halo de un producto caduco. Aunque después de todo, no hay nada en este mundo que no termine por echarse a perder.

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