Déjenme dormir, por favor

Por Asher Benatar
Para LA GACETA - BUENOS AIRES

07 Febrero 2010
El ámbito en el que uno se siente más libre es aquel donde se desarrollan los sueños. No hay imposibles, no hay obligaciones con lo que llamamos realidad, no hay causa-efecto, no hay dimensiones ni tiempo, todo puede ser: un subterráneo que comienza tórrido y termina hundido en una nieve implacable, un piso cubierto por relojes destrozados, una bandada de pájaros que actúa como follaje dentro de una jaula ubicada en el centro de un enorme yelmo entreabierto.
No tengo idea de la duración del sueño. Dicen quienes los han estudiado con métodos científicos que se desarrollan en apenas segundos, y tal vez sea así, no tengo conocimientos como para negarlo, pero cuesta creer que aquello que da saltos en el tiempo, que parece abarcar épocas y ámbitos distantes, se resuelva en tan modesto lapso. El sueño, y no creo establecer con esto una teoría original, es un liberador, es la réplica vengativa de las vidas que en forma inexorable se ven en la obligación de someterse a una rutina que a todos llega, es la forma de entrar en una fantasía que muchas veces la realidad cotidiana nos niega.
Hace tiempo comencé mis clases de yoga. Este posesivo "mis" parece indicar una continuidad en el tiempo, pero no fue así. Al poco tiempo de iniciado el curso, una persona que aparenta saber mucho de esto, que ha convivido con nepaleses y que se aisló en un rincón de una zona arrinconada del Asia, me contó que, según él, por obra del yoga nunca más había soñado. A pesar de las opiniones irónicas (irónicas, oníricas, a veces el lenguaje se divierte) de amigos muy afectos a esta práctica hindú, aterrado, nunca más aparecí por el instituto.
Sí, ya sé, obré sin dar a mi decisión una base científica, aquella que se apoya en la ley de los grandes números, pero no quise arriesgarme. Siento con respecto al sueño una adicción total que nunca trataré de extirpar asistiendo a un imaginario centro de ayuda, en el que el debutante comenzaría diciendo: "soy un onirista, y vengo a curarme".
El sueño es una especie de arte latente que otorga a todo el mundo la condición de artista. Gente simple (aclaro, sólo establezco una eventual realidad que a nadie menoscaba), que no puede discernir acerca de los valores de una figura poética, gente que está a años luz de poder ser autor de una de ellas, metido en el acto de soñar, se convierte en un creador de situaciones, de cortadas neblinosas metidas en un bosque petrificado, de pétalos mustios que cubren el horizonte.
Mediante el sueño, ese estado de gracia horizontal al que ni siquiera las llamadas pesadillas corrompen, el hombre más llano se convierte en un cofre de complejidades, abjura de las causalidades y opta por las casualidades, se rebela contra la censura que ejerce lo ya adquirido, sin conocerlos participa de Tzara, Lautremont, Breton o Rimbaud, sin saber qué es una vanguardia se hace vanguardista, teniendo una noción lejana de Freud participa del concepto freudiano de inconsciente, utilizando al sueño como un manual de instrucciones que en el otro ámbito, el vertical, resultaría incomprensible, intuye y goza con las relaciones misteriosas que se establecen entre los elementos más disímiles, tal vez el famoso paraguas en la mesa de disección.
Me está dando sueño, viene ocurriéndome desde hace tiempo, me fascinan los fines de semana largos, porque me aseguran setenta y dos horas de aventuras inigualables. No me importa lo que me rodea, el desorden en todo el estudio, casi no trabajo, las cuentas van acumulándose debajo de la puerta.
Hay gente buena (equivocada, claro) que quiere ayudarme, sacarme de este sopor donde yo la paso tan bien, donde me siento un verdadero artista, donde soy espectador de las maravillas que no puede ofrecerme el mundo vertical con su detestable rutina, con sus conflictos concretos, incluso con esas artes a las que considero primitivas y que, al decir de Borges, entretejen naderías. Buenas tardes.

© LA GACETA

Asher Benatar - Dramaturgo, literato y fotógrafo. Es columnista de la revista cultural Ñ, del diario Clarín.

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