04 Enero 2010 Seguir en 
A lo largo de la temporada turística 2010, San Pedro de Colalao reforzará el control policial y la vigilancia. Los adolescentes buscan escaparse del control de sus padres, pero no pueden huir de la ley. "Decidimos reforzar la cantidad de policías porque cada vez viene más gente", explicó Julio Contino, Delegado Comunal de la villa veraniega. "Restringimos el acceso al casco céntrico de personas que andan a caballo o en cuatriciclo. Solían causar muchos accidentes. Aconsejamos a los chicos que se pongan el casco cada vez que se suben en sus motos o cuatriciclos. Si no obedecen se procede al secuestro del vehículo", añadió.
Si bien los días transcurren en paz, las noches son el lugar propicio para el descontrol. "En las noches los adolescentes se pelean. Lo vivimos en cada temporada; salen del boliche, se alcoholizan y se juntan en grupos. Luego empiezan las refriegas. Por suerte el refuerzo en la vigilancia y la seguridad han dado un muy buen resultado", concluyó Contino.
Breve adiós a Pilar
Un matrimonio proveniente de Buenos Aires quedó fascinado con el lugar. "San Pedro es limpio. Acá nos alejamos de la fábrica, del estrés, de los robos y de la creciente delincuencia. Los porteños son muy acelerados. Hoy anduvimos con la ventanilla del auto abierta mientras que allá la gente vive enrejada", dijo José Fungueriño, que vive en la localidad de Pilar junto a su esposa Soledad y a sus hijos.
Si bien los días transcurren en paz, las noches son el lugar propicio para el descontrol. "En las noches los adolescentes se pelean. Lo vivimos en cada temporada; salen del boliche, se alcoholizan y se juntan en grupos. Luego empiezan las refriegas. Por suerte el refuerzo en la vigilancia y la seguridad han dado un muy buen resultado", concluyó Contino.
Breve adiós a Pilar
Un matrimonio proveniente de Buenos Aires quedó fascinado con el lugar. "San Pedro es limpio. Acá nos alejamos de la fábrica, del estrés, de los robos y de la creciente delincuencia. Los porteños son muy acelerados. Hoy anduvimos con la ventanilla del auto abierta mientras que allá la gente vive enrejada", dijo José Fungueriño, que vive en la localidad de Pilar junto a su esposa Soledad y a sus hijos.










