El crimen no fue planeado y por eso se cambió la calificación

La presencia de la hija de Nélida Fernández en el departamento desvirtuó la hipótesis que había sostenido desde el principio la fiscalía.

Adriana Giannoni es  fiscal de Instrucción. Colaboró con Botto, pero no estuvo de acuerdo con parte del alegato.
Adriana Giannoni es fiscal de Instrucción. Colaboró con Botto, pero no estuvo de acuerdo con parte del alegato.
23 Diciembre 2009
La hija de Nélida Fernández dormía en su habitación cuando llegó al departamento Angela Beatriz Argañaraz. Ese detalle, que para muchos pasó inadvertido, fue clave a la hora de condenar a las dos ex novicias. Tanto Alfredo Barrionuevo como Emilio Páez de la Torre y Pedro Roldán Vázquez lo tuvieron muy en cuenta para desvirtuar la acusación de homicidio agravado por la premeditación. Opinaron que nadie que hubiera planeado un crimen habría permitido que una criatura de siete años fuera testigo. Por eso se inclinaron por el delito de homicidio simple. Aparentemente ya dentro del departamento se generó una discusión y a Betty la mataron allí, pero no lo habían planificado.
Los jueces, además, coincidieron en que no era un simple crimen. Por eso, pese a que en general la pena que se aplica para este delito no pasa los 15 años, decidieron condenar a 20. Encontraron en las imputadas algunas actitudes agravantes, como haber hecho desaparecer el cadáver.
Hubo un detalle que ayer les llamó la atención a los camaristas. En sus últimas palabras, Nélida Fernández les dijo: "señores jueces de la democracia, no quiero usar la expresión 'soy inocente', porque las pruebas están a la vista". ¿Qué quiso decir? La frase era ambigua, pero dejaba varias interpretaciones. Susana Acosta, en cambio, aseguró: "yo sí voy a decir que soy inocente". Los camaristas tuvieron la seguridad de que el incidente se había generado dentro del departamento, pero no pudieron responder a la pregunta de qué pasó con el cadáver. Según los investigadores, lo sacaron seccionado de la vivienda.

El "error" de Botto
También prestaron atención a la actuación del fiscal Edmundo Botto, que no se mostró seguro durante el alegado y habló mucho de indicios, pero poco de certezas.
La gran certeza fue el descubrimiento de las manchas de sangre. Incluso hubo quienes advirtieron que Botto se había equivocado y, en vez de pedir que se condene a Luis Fernández por participación secundaria en el delito de homicidio agravado (que también prevé pena de prisión perpetua), lo hizo por encubrimiento sólo en el caso de Susana Acosta. Pero no se podía dividir la acusación entre Acosta y Nélida Fernández, ya que a las dos se les imputaba el mismo delito.
Esta decisión del fiscal molestó a la fiscala de Instrucción, Adriana Giannoni, que colaboró con él en el juicio: ella investigó el caso y ayer decidió no hacerse presente en la sala de audiencias.

Los planteos
Durante su alegato, el defensor de las mujeres, Gustavo Morales, adelantó que recurrirá en casación e hizo reserva del caso federal para que actúe incluso la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El voto en disidencia del vocal Roldán Vázquez le dará más fuerza a su argumentación, aunque el camarista se apegó in extremis a la ley para fundamentarlo.

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