Otros casos donde faltaba el cuerpo
La ausencia del cadáver de la víctima fue uno de los tópicos del juicio que duró 13 jornadas hasta llegar a la sentencia. Esta falta no es un hecho común; por el contrario, se trata de algo extraño para cualquier tribunal. Los casos que se detallan a continuación son excepcionales.
23 Diciembre 2009 Seguir en 
Lo quemaron en un horno en Alderetes
En 1998 la Cámara Penal III de la Justicia tucumana sentenció a prisión perpetua a Pedro Nieva, Antonio Vázquez y Luis Alvarez Navarro por el homicidio de Manuel Núñez. Según los jueces, los condenados asesinaron el 15 de octubre de 1995 a Núñez asestándole unas 20 puñaladas y un disparo mortal en la cabeza. Luego, arrojaron el cuerpo a un horno para "cocinar" ladrillos, en El Talar, Alderetes. El cuerpo estuvo dos días quemándose a 1.000 grados.
Vázquez y Alvarez Navarro relataron que recibieron de Nieva $ 100 para "sacar del medio" a Núñez, porque mantenía una relación sentimental con su concubina. La mujer estuvo procesada y luego fue sobreseída (negó la relación y afirmó que no había participado en el hecho). Los acusados tampoco declararon, pero ante la Policía habían reconocido que cometieron el crimen. Dentro del horno había restos óseos calcinados que no pudieron ser identificados. La sentencia se basó en el relato de los imputados y de algunos testigos.
Lo detuvieron por hacer ruido y nunca apareció
El caso más emblemático a nivel nacional fue el del estudiante de periodismo Miguel Bru. El joven fue detenido el 17 de agosto de 1993, luego de un allanamiento a la casa donde ensayaba con su banda de rock. El operativo policial se inició cuando un vecino denunció ruidos molestos. El cuerpo del muchacho nunca apareció y, en principio, no figuraba en los registros de la comisaría novena su ingreso a la seccional.
Sin embargo, la Cámara de Apelaciones en lo Criminal de La Plata condenó en 1999 a prisión perpetua al sargento Justo López y al subcomisario Walter Abrigo por someter a Bru a tormentos seguidos de muerte. El tribunal fundamentó su sentencia en los testimonios de los detenidos que se encontraban esa noche en la seccional, quienes declararon haber visto que los policías torturaban a Bru.
Por otro lado, las pericias científicas demostraron que el libro de ingresos había sido adulterado. Debajo de las tachaduras habían borrado el nombre del estudiante.
La turista suiza que fue a visitar Talampaya
En La Rioja se produjo otro antecedente de un juicio en el que hubo condena pese a que no apareció el cuerpo. El detonante fue la desaparición, en agosto de 2004, de la turista suiza Annagreth Wurgler.
La justicia reconstruyó el recorrido que hizo Wurgler para llegar al parque de Talampaya, que ella quería conocer. En la ruta fue recogida por Miguel Narváez. Al llegar a la localidad de Pagancillo, Narváez dejó a la turista en un camping de la zona y luego le comentó a su jefe, Alcides Cuevas, que a la joven extranjera le interesaba recorrer la zona.
Según los jueces, Cuevas la asesinó luego de trasladarla a Villa Unión, cerca de Talampaya. Fue fundamental la declaración de Narváez, absuelto en el juicio: declaró que Cuevas le confesó que había matado a Wurgler. "No la vas a ver nunca más en tu vida; ella ya no existe", le habría dicho. Además, en la camioneta del condenado fue hallada una calza de la víctima.
El remisero que mató e incineró a su esposa
Hace dos semanas, el remisero Diego Estanislao Hervatín fue condenado a prisión perpetua en Buenos Aires. Lo acusaron de haber asesinado a su esposa embarazada en su departamento del barrio de Floresta. El cuerpo de la mujer nunca apareció.
Según el fallo, Hervatín, de 36 años, habría asesinado a su esposa, Stella Maris Pugliese, de un disparo en la cara el 5 de mayo de 2007, en el baño del departamento que ambos compartían. Los jueces no pudieron determinar si el hombre descuartizó a su mujer y quemó los restos en una parrilla ubicada en la terraza. El fallo detalla todas las hipótesis sin comprobar de la investigación. Pero fue determinante el relato de la amante de Hervatín -que había sido acusada, pero resultó absuelta-. Según ella, el hombre le confesó que había matado a su esposa e incluso le mostró el cadáver en la bañera. Además, dijo haberlo visto cargando bolsas de plástico en las que presumiblemente trasladó el cuerpo a un lugar desconocido.
En 1998 la Cámara Penal III de la Justicia tucumana sentenció a prisión perpetua a Pedro Nieva, Antonio Vázquez y Luis Alvarez Navarro por el homicidio de Manuel Núñez. Según los jueces, los condenados asesinaron el 15 de octubre de 1995 a Núñez asestándole unas 20 puñaladas y un disparo mortal en la cabeza. Luego, arrojaron el cuerpo a un horno para "cocinar" ladrillos, en El Talar, Alderetes. El cuerpo estuvo dos días quemándose a 1.000 grados.
Vázquez y Alvarez Navarro relataron que recibieron de Nieva $ 100 para "sacar del medio" a Núñez, porque mantenía una relación sentimental con su concubina. La mujer estuvo procesada y luego fue sobreseída (negó la relación y afirmó que no había participado en el hecho). Los acusados tampoco declararon, pero ante la Policía habían reconocido que cometieron el crimen. Dentro del horno había restos óseos calcinados que no pudieron ser identificados. La sentencia se basó en el relato de los imputados y de algunos testigos.
Lo detuvieron por hacer ruido y nunca apareció
El caso más emblemático a nivel nacional fue el del estudiante de periodismo Miguel Bru. El joven fue detenido el 17 de agosto de 1993, luego de un allanamiento a la casa donde ensayaba con su banda de rock. El operativo policial se inició cuando un vecino denunció ruidos molestos. El cuerpo del muchacho nunca apareció y, en principio, no figuraba en los registros de la comisaría novena su ingreso a la seccional.
Sin embargo, la Cámara de Apelaciones en lo Criminal de La Plata condenó en 1999 a prisión perpetua al sargento Justo López y al subcomisario Walter Abrigo por someter a Bru a tormentos seguidos de muerte. El tribunal fundamentó su sentencia en los testimonios de los detenidos que se encontraban esa noche en la seccional, quienes declararon haber visto que los policías torturaban a Bru.
Por otro lado, las pericias científicas demostraron que el libro de ingresos había sido adulterado. Debajo de las tachaduras habían borrado el nombre del estudiante.
La turista suiza que fue a visitar Talampaya
En La Rioja se produjo otro antecedente de un juicio en el que hubo condena pese a que no apareció el cuerpo. El detonante fue la desaparición, en agosto de 2004, de la turista suiza Annagreth Wurgler.
La justicia reconstruyó el recorrido que hizo Wurgler para llegar al parque de Talampaya, que ella quería conocer. En la ruta fue recogida por Miguel Narváez. Al llegar a la localidad de Pagancillo, Narváez dejó a la turista en un camping de la zona y luego le comentó a su jefe, Alcides Cuevas, que a la joven extranjera le interesaba recorrer la zona.
Según los jueces, Cuevas la asesinó luego de trasladarla a Villa Unión, cerca de Talampaya. Fue fundamental la declaración de Narváez, absuelto en el juicio: declaró que Cuevas le confesó que había matado a Wurgler. "No la vas a ver nunca más en tu vida; ella ya no existe", le habría dicho. Además, en la camioneta del condenado fue hallada una calza de la víctima.
El remisero que mató e incineró a su esposa
Hace dos semanas, el remisero Diego Estanislao Hervatín fue condenado a prisión perpetua en Buenos Aires. Lo acusaron de haber asesinado a su esposa embarazada en su departamento del barrio de Floresta. El cuerpo de la mujer nunca apareció.
Según el fallo, Hervatín, de 36 años, habría asesinado a su esposa, Stella Maris Pugliese, de un disparo en la cara el 5 de mayo de 2007, en el baño del departamento que ambos compartían. Los jueces no pudieron determinar si el hombre descuartizó a su mujer y quemó los restos en una parrilla ubicada en la terraza. El fallo detalla todas las hipótesis sin comprobar de la investigación. Pero fue determinante el relato de la amante de Hervatín -que había sido acusada, pero resultó absuelta-. Según ella, el hombre le confesó que había matado a su esposa e incluso le mostró el cadáver en la bañera. Además, dijo haberlo visto cargando bolsas de plástico en las que presumiblemente trasladó el cuerpo a un lugar desconocido.
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