Unipersonales: solo frente al público
No cualquier actor está dispuesto a salir a escena sin el apoyo de un elenco. Los que se animan aseguran que protagonizar una obra en solitario es todo un desafío que, además, provoca acostumbramiento. En la obra "Porque soy psicóloga", la actriz Liliana Sánchez sólo tiene como interlocutor a un muñeco mecánico.
15 Noviembre 2009 Seguir en 
El análisis de las dificultades y satisfacciones que conlleva la particular vivencia de protagonizar un unipersonal se basa, en el caso del actor y director Ricardo Salim, en una experiencia propia, que tuvo todos los condimentos de este tipo de propuesta. Salim recordó que en 1976 hizo una versión del cuento "Diario de un loco" de Gogol, adaptado por Julio Ferdman, con la dirección de Mercedes Sombra, actriz ya fallecida que era esposa de Boyce Díaz Ulloque.
"La estrenamos en una sala muy precaria que construimos en un galpón del ex Banco Empresario, en la calle 24 de Septiembre al 700. Por el estado del Teatro Alberdi, esta sala sirvió de sede provisoria del Teatro Universitario hasta su desaparición en 1979", señaló. Salim contó que al ver el ensayo general, Díaz Ulloque le dijo que no tenía derecho a mostrarle al público tanta dureza en la acción. Pero luego lo incentivó para estrenarla, cosa que se hizo sin publicidad.
Se trató de una puesta al estilo del "teatro arena", en donde los espectadores están muy cerca de la acción. "En las representaciones me dio la impresión de que algunos espectadores estaban dormidos, porque muchos se cubrían la cara. Un día le pregunté al arquitecto Eduardo Sacriste, que era uno de ellos, el porqué, y me contestó que le costaba mucho mirar al personaje, y que se conformaba sólo con escuchar lo que hablaba", contó con una sonrisa. Eso lleva a la reflexión sobre el desafío de estar solo frente al mundo desde un escenario. "El primer desafío es mantener la atención del público durante el espectáculo, sin que decaiga el interés, y sin la ayuda de un antagonista. El segundo es la soledad que representa el trabajo de concentración y de actuación sin interlocutores", dijo.
"Hacer este trabajo en los años setenta fue realmente un desafío porque en Tucumán los unipersonales no eran muy populares, y además, no era habitual ver teatro de tanta exigencia corporal e interpretativa. El trabajo con la directora fue interesantísimo; ensayamos durante meses entre los escombros del Teatro Alberdi, sin testigos", explicó Salim.
La obra tuvo mucho éxito de público y de crítica, y en 1977 se montó en Roma, donde estaba estudiando Ferdman, y allí se hicieron funciones en el Teatro Spazio Uno en el Trastévere. Muchos años después, en 1996, fue repuesta en la librería El Griego, por que tenía una invitación para presentarla unos días después en la Embajada Argentina en Washington D.C.
"El personaje de 'Diario de un loco' salía a escena con harapos, totalmente empapado en medio de un ataque de llanto y furia. Lo impresionante de la experiencia era ver la cara del público al salir del teatro y encontrarse con el actor a cara limpia y con otras ropas", contó Salim.
"La estrenamos en una sala muy precaria que construimos en un galpón del ex Banco Empresario, en la calle 24 de Septiembre al 700. Por el estado del Teatro Alberdi, esta sala sirvió de sede provisoria del Teatro Universitario hasta su desaparición en 1979", señaló. Salim contó que al ver el ensayo general, Díaz Ulloque le dijo que no tenía derecho a mostrarle al público tanta dureza en la acción. Pero luego lo incentivó para estrenarla, cosa que se hizo sin publicidad.
Se trató de una puesta al estilo del "teatro arena", en donde los espectadores están muy cerca de la acción. "En las representaciones me dio la impresión de que algunos espectadores estaban dormidos, porque muchos se cubrían la cara. Un día le pregunté al arquitecto Eduardo Sacriste, que era uno de ellos, el porqué, y me contestó que le costaba mucho mirar al personaje, y que se conformaba sólo con escuchar lo que hablaba", contó con una sonrisa. Eso lleva a la reflexión sobre el desafío de estar solo frente al mundo desde un escenario. "El primer desafío es mantener la atención del público durante el espectáculo, sin que decaiga el interés, y sin la ayuda de un antagonista. El segundo es la soledad que representa el trabajo de concentración y de actuación sin interlocutores", dijo.
"Hacer este trabajo en los años setenta fue realmente un desafío porque en Tucumán los unipersonales no eran muy populares, y además, no era habitual ver teatro de tanta exigencia corporal e interpretativa. El trabajo con la directora fue interesantísimo; ensayamos durante meses entre los escombros del Teatro Alberdi, sin testigos", explicó Salim.
La obra tuvo mucho éxito de público y de crítica, y en 1977 se montó en Roma, donde estaba estudiando Ferdman, y allí se hicieron funciones en el Teatro Spazio Uno en el Trastévere. Muchos años después, en 1996, fue repuesta en la librería El Griego, por que tenía una invitación para presentarla unos días después en la Embajada Argentina en Washington D.C.
"El personaje de 'Diario de un loco' salía a escena con harapos, totalmente empapado en medio de un ataque de llanto y furia. Lo impresionante de la experiencia era ver la cara del público al salir del teatro y encontrarse con el actor a cara limpia y con otras ropas", contó Salim.
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