15 Noviembre 2009 Seguir en 
A partir de la decisión de convertirse en actor, el resto del camino se presenta como una conjunción de desafíos que surgen de aquella primera resolución. Así lo vive Ricardo Podazza, sin que ello signifique que es menos intenso el recorrido, sino todo lo contrario.
"Asumir la responsabilidad de ser actor es toda una decisión, pero subir al escenario, absolutamente solo, con tus elementos escenográficos, visuales y sonoros, ya es una locura, aún más que la de encarnar un sólo personaje en una obra tradicional", definió.
El hecho de pensar en protagonizar un unipersonal genera en Podazza una gran movilización en distintos frentes. "Estructurar el texto, buscar el director adecuado y finalmente plasmar las ideas de uno y otro sobre el escenario, es un trabajo, diría, de hormiga. Un sinnúmero de mosaicos que se tienen que ubicar en el lugar adecuado, y finalmente salir a escena", detalló el actor. Es por eso que en su carrera asumió el desafío de interpretar casi todos los personajes de una obra. "Me gusta ver a mis compañeros e imaginarme cómo haría yo su personaje sea viejo, joven, varón o mujer", contó.
Este tipo de trabajo genera miedos en el actor, según reconoció Podazza, aunque no es para siempre. "El pánico se supera como en cualquier laburo, existe pero se lo supera, como en la vida los riesgos, las derrotas y los triunfos nos hacen mejores, más sabios, más pacientes", analizó poniendo blanco sobre negro en una situación que implica un alto nivel de exposición profesional y personal.
La relación con el director debe basarse, según explicó, en la posibilidad de reencausar la energía para hacer más llevadero y dinámico el papel a interpretar. "Sobre todo las transiciones de uno a otro rol; es una gran lucha pero si el director es hábil lo logra y muy bien", dijo.
Eso sea, posiblemente, lo que en alguna oportunidad le permitió detener su presentación en un colegio secundario para sentarse en el escenario y dialogar con un alumno que empezó a interrumpirlo con preguntas sobre la puesta que estaba realizando.
"Asumir la responsabilidad de ser actor es toda una decisión, pero subir al escenario, absolutamente solo, con tus elementos escenográficos, visuales y sonoros, ya es una locura, aún más que la de encarnar un sólo personaje en una obra tradicional", definió.
El hecho de pensar en protagonizar un unipersonal genera en Podazza una gran movilización en distintos frentes. "Estructurar el texto, buscar el director adecuado y finalmente plasmar las ideas de uno y otro sobre el escenario, es un trabajo, diría, de hormiga. Un sinnúmero de mosaicos que se tienen que ubicar en el lugar adecuado, y finalmente salir a escena", detalló el actor. Es por eso que en su carrera asumió el desafío de interpretar casi todos los personajes de una obra. "Me gusta ver a mis compañeros e imaginarme cómo haría yo su personaje sea viejo, joven, varón o mujer", contó.
Este tipo de trabajo genera miedos en el actor, según reconoció Podazza, aunque no es para siempre. "El pánico se supera como en cualquier laburo, existe pero se lo supera, como en la vida los riesgos, las derrotas y los triunfos nos hacen mejores, más sabios, más pacientes", analizó poniendo blanco sobre negro en una situación que implica un alto nivel de exposición profesional y personal.
La relación con el director debe basarse, según explicó, en la posibilidad de reencausar la energía para hacer más llevadero y dinámico el papel a interpretar. "Sobre todo las transiciones de uno a otro rol; es una gran lucha pero si el director es hábil lo logra y muy bien", dijo.
Eso sea, posiblemente, lo que en alguna oportunidad le permitió detener su presentación en un colegio secundario para sentarse en el escenario y dialogar con un alumno que empezó a interrumpirlo con preguntas sobre la puesta que estaba realizando.
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