Arte para la libertad

Por Liliana Chávez -Para LA GACETA - México

FRESCO ARGENTINO. Mural El tunel de la Patria, de la Unidad 24 en Florencio Varela, del Sistema Penitenciario bonaerense. FRESCO ARGENTINO. Mural "El tunel de la Patria", de la Unidad 24 en Florencio Varela, del Sistema Penitenciario bonaerense.
08 Noviembre 2009
Sara Aldrete, mascando chicle y con una Coca Cola en la mano, llega al ensayo en el patio central del penal femenino más grande de México, el de Santa Marta Acatitla, donde tiene 20 años cumpliendo una condena de 247.
Viste ropa deportiva con los colores reglamentarios: sudadera blanca, pants azul marino y tenis blancos Nike. Dice que antes, cuando estaba en libertad, jamás imaginó hacer arte. Un cáncer ahora curado la llevó a descubrirlo. Los medicamentos cambiaron su talla 5 por una 11 y la quimioterapia casi acabó con su cabello rubio, largo, rizado, "exuberante". Fue entonces cuando Sarita -para los de adentro- o la "Narcosatánica" -para los de afuera-, pintó su primer cuadro, el más horrible, el más desgarrador, el que le hizo saber que el arte podía salvarla.
En estos mismos 20 años y adentro -aunque a miles kilómetros de distancia, en Buenos Aires, Argentina- la vida de Luis Moyano se transformó poco a poco: desde las primeras salidas transitorias de la Cárcel de Devoto hasta su liberación definitiva hace unos meses, el grupo de teatro Salvatablas ha sido también su salvación.
- Vos llegás ahí y te dan cabida para hablar y te llaman a actuar, inventás algo, la gente te besa, te abraza, y en la cárcel no, ahí te dan palo -cuenta Luis. Tímido y sin educación más allá de la primaria, nunca había conversado ni leído tanto hasta que hace dos años empezó a asistir al taller en la Universidad de las Madres de Mayo y conoció el arte.
En México los talleres artísticos se imparten al interior de los reclusorios, mientras que en Argentina los presos pueden salir a tomar clases en instituciones externas. A diferencia del resto de América Latina, ambos países ofrecen un ejemplo consolidado de lo que la educación artística puede hacer en la readaptación social.

El escenario que puede salvar
En Buenos Aires, 40 hombres y mujeres provenientes del complejo carcelario federal en el barrio de Villa Devoto permiten una escena contraria: en la cafetería sobre la banqueta podrían ser cualquier grupo de amigos que se encuentran con gusto.
Cada martes y jueves de 5 a 8 p.m. la rutina del grupo teatral Salvatablas es el respiro a la otra rutina: dos horas en tren y el colectivo de la cárcel al centro histórico de la ciudad, media hora de plática y mate, luego recibir al invitado del día -abogados, escritores, jueces-, después las anécdotas de la semana en textos y cartas de familiares, hasta llegar al teatro.
Basado en el psicodrama, su teatro espontáneo no requiere vestuario, maquillaje, música ni escenografía: los participantes se convierten en actores al interpretar situaciones de su vida cotidiana y así pueden dejar de ser presos y transformarse por minutos en hijo, padre, juez, mujer e incluso policía. Divorcios, amenazas, peleas, hijos sin conocer, parejas que abandonan, ¿para qué inventar cuando el amor y el odio se viven en carne propia?
Luis Moyano puede ahora llegar al ensayo desde casa. La sonrisa se ha pegado a su rostro moreno;  la barba de más de tres días ha adquirido un tono gris que evidencia sus 65 años de edad y los de encierro por homicidio en intención de robo que su cuerpo robusto y enérgico esconde.
- Estar en contacto con gente no presa crea pertenencia del grupo a la sociedad, estudian algo nuevo, respetan conductas sociales, aprenden a resolver conflictos de manera no violenta, modifican incluso el trato entre ellos mismos -explica el director de Salvatablas, Sebastián Carrera, actor profesional y sociólogo.
Casi oculto en una de las esquinas del salón, Luis no pasa inadvertido para sus compañeros. Lo eligen para representar a un juez en un caso de corrupción. Es el mayor dentro de un grupo en el que casi todos tienen entre 25 y 35 años. Es temido quizá, pero también respetado.
El mismo temor-respeto-cariño surge entre las compañeras de Sarita, considerada la asesina serial más peligrosa de México, condenada a los 24 años de edad por complicidad en el homicidio de 13 personas en su natal Tamaulipas. En el Reclusorio Oriente tomó clases de teatro, danza, pintura y literatura y desde que fue trasladada a Santa Marta se integró al Taller de formación teatral que su compañera Teresa Chávez Cabrera fundó hace cinco años.
El afuera aún es incierto para Luis, como para tantos que salen libres de un sistema penitenciario que no prevee lo que viene después. Sin embargo, mientras comparte ahora el mate con su esposa y no con los presos, Luis sólo añora un mejor futuro para su bebé recién nacido, sin cárcel, sin malas amistades ni drogas, con una educación que lo lleve a ser lo que él elija.
La necesidad de encontrar trabajo para mantener a su familia le apremia, pero no volvería a robar. ¿El sistema penitenciario lo cambió ahí adentro?, le pregunto y Luis ríe con ironía:
- El cambio ya lo tenía adentro, muchos muchachos no se dan cuenta, van y vienen a la cárcel. Yo me pasé un montón de años pero ya no vuelvo más. Es una decisión personal, el sistema no cambia nada.

Muros que se ablandan
135 metros pintados y una inversión de unos 7.000 pesos argentinos tiene el mural iniciado en 2007, y aún incompleto, por los presos de la Unidad 24 en Florencio Varela, Argentina. Tiene su propia página de internet (www.tuneldelapatria.blogspot.com) y con él sus autores esperan ganar el récord mundial de Guinness para el mural más grande dentro de una penitenciaría. Es pintado por diez internos que recibieron clases de historia, bajo la asesoría del oficial Diego Alejandro Sistti, quien además de guardia es profesor de artes plásticas.
Como en México, la mayoría de los proyectos artísticos en cárceles argentinas parten de iniciativas individuales que luego pueden ser apoyadas parcialmente por el gobierno, como el del Colectivo Yo No Fui, creado por la joven escritora María Medrano, quien está convencida que los programas de arte no son prioridad para el Gobierno.
Para ella, el arte no es terapia ni medicamento sino trabajo que debe ser remunerado. Y una bodega en el barrio de Palermo sirve para dar trabajo a las mujeres que salen de la cárcel, a partir de lo aprendido en los talleres de fotografía, grabado y literatura. Fruto de los talleres de poesía coordinados por María, en el Centro Federal de Detención de Mujeres de Ezeiza (Unidad 31), es el libro Yo no fui, antología poética.
En la provincia de Salta, en la frontera con Bolivia, Ana Gloria Moya, una tucumana que es abogada del sistema penitenciario y una reconocida escritora, ha mantenido también un taller literario como actividad voluntaria.
Un estudio económico de este año encabezado por la investigadora de la Universidad Nacional de la Plata, María Laura Alzúa, muestra que la participación en programas educativos reduce significativamente la violencia entre los presos. Basándose en la información del censo 2002-2005 sobre 26.000 hombres sentenciados en cárceles argentinas, Alzúa entiende que esta reducción puede producirse porque la educación cambia los valores morales y las actitudes psicológicas propias del comportamiento violento o, simplemente, porque deja menos tiempo de ocio. Por otro lado, una vez que salen de la cárcel, aquellos que han sido educados reinciden menos y tienen mejores oportunidades laborales.

En otra parte
En México DF, profesores universitarios dan clases en  un salón con rejas; en Buenos Aires, hay aulas universitarias que albergan estudiantes libres y presos sin distinción. El Centro Universitario de Devoto de la Universidad de Buenos Aires y el Programa de Educación Superior para Centros de Readaptación Social del Distrito Federal (PESCER) de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México son los únicos en América Latina que imparten carreras universitarias para presos.
"Estoy convencido de que la educación no tiene como fin la readaptación, la baja de reincidencia ni la prevención del delito. La educación en principio es un derecho y su objeto es el desarrollo integral de la persona", advierte el fundador del Grupo de Estudio sobre Educación en Cárceles (G.E.S.E.C.) y organizador en La Plata de un seminario independiente sobre el mismo tema, único en Latinoamérica.
Según el estudio realizado en América Latina por el investigador de la Universidad de Montreal y consultor de la Unesco, Hugo Rangel, la educación en cárceles tendrá que superar varios obstáculos: falta de continuidad en programas y funcionarios, falta de capacitación docente, escasos programas de seguimiento a la liberación, retardos procesales y sobrepoblación.
Ante este panorama adverso, los profesores buscan la línea de fuga para que el poder subvertivo del arte permanezca. Y gracias al arte, un domingo de visita en una cárcel mexicana, Rubén López Delgado puede compartir con su padre la alegría de ver su nombre publicado en el suplemento cultural del periódico que antes lo exponía en la sección policial. En una cárcel argentina, Luis Alberto Lozano expresa lo mismo de otra forma: "Nuestro cuerpo está adentro, pero nuestra mente ya está en otra parte."
                     © LA GACETA

Liliana Chávez - Licenciada en Letras, periodista cultural del diario mexicano Milenio.

N. de la D. :
- El proyecto que dio origen a este trabajo fue el ganador de la beca AVINA de Investigación Periodística.

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