18 Octubre 2009 Seguir en 
"Adaptar requiere mucho trabajo y estudio. Desafortunadamente una gran cantidad de adaptadores considera que dicha faena consiste en cortar un poco aquí y cambiar un poco allá. Y ya está, se adaptó la pieza", comenta sarcásticamente Guillermo Montilla Santillán.
En este sentido, el director contó y analizó con precisión su experiencia. "En 'Titus Andrónicus' -el primer texto clásico que adapté-, había que comenzar primero leyendo el texto en su totalidad, luego investigando el contexto histórico de la obra: cuándo fue escrito, en qué circunstancias, en qué período del autor... Y luego interiorizarse de los estudios que se hicieron sobre la obra e incluso si ya había tenido adaptaciones. En el caso de Titus, Peter Brook era nuestro precedente y era un precedente de peso. Pensé la puesta en un espacio no convencional inserto en un espacio convencional (el Teatro San Martín). William Shakespeare estrenaba mucha de sus obras en espacios no convencionales, por lo tanto sentía que de alguna forma me acercaba al autor, pero desde mi tiempo", contó. Y agregó: "Titus se me antoja una metáfora sobre el hombre y el poder y en coincidencia, lo íbamos a representar en un espacio del poder. Era, al mismo tiempo, desde la dramaturgia, un viaje por muchos estilos, del mismo modo que la puesta iba a ser un tránsito por diferentes espacios".
Según Montilla Santillán, la materia más delicada es el texto propiamente dicho. ¿Qué se debe cambiar? ¿Por qué? "No se puede quitar algo de un texto porque la obra es larga simplemente, que es el modo que observo en la mayor cantidad de adaptaciones en esta provincia. Debo recortar lo que está en el original porque su época lo requería. No puedo quitar un personaje porque es pequeño, para evitar un miembro más en el grupo, sino porque su relevancia en la obra puede prescindirse. Si he elegido un texto de un autor es porque ese texto y ese autor me representan y no por otra cosa, y debo actuar frente a él con el mayor de los respetos. Y si agrego textos de mi autoría, como se hizo en Titus, estos eran de condición más técnica, con el fin de introducir al espectador en el espacio y en la convención", sostuvo.
El director afirma que lo que quiso hacer fue acercar el texto clásico al espectador contemporáneo para demostrar su vigencia. "Las modificaciones fueron llevadas a cabo en beneficio de eso. Pero para mí es importante que fuera Shakespeare el protagonista y no yo. El adaptador en ese sentido debe ser invisible", dijo.
Críticas
Edipo era joven, o cuando menos adulto, al enamorar a Yocasta, sin reconocer en ella a su madre ni por edad ni por parecido físico; eso se infiere al leer el texto. "En la última versión realizada aquí, la desacertada elección estaría en los roles, sin justificación escénica o dramatúrgica. Tuve incluso la experiencia en una versión de Moliere en la que se ajustó textos de Nietzsche, como si Zaratrusta y el Misántropo pudieran coincidir en una reunión. Y luego siempre 'Romeo y Julieta', caballito de batalla para los más horrendos crímenes contra el autor que se hayan realizado", planteó el dramaturgo al recordar algunas adaptaciones realizadas en Tucumán. Por el contrario, destacó "Sueño de una noche de verano", de Máximo Gómez, "que fue inspiradora y exquisita", concluyó.
En este sentido, el director contó y analizó con precisión su experiencia. "En 'Titus Andrónicus' -el primer texto clásico que adapté-, había que comenzar primero leyendo el texto en su totalidad, luego investigando el contexto histórico de la obra: cuándo fue escrito, en qué circunstancias, en qué período del autor... Y luego interiorizarse de los estudios que se hicieron sobre la obra e incluso si ya había tenido adaptaciones. En el caso de Titus, Peter Brook era nuestro precedente y era un precedente de peso. Pensé la puesta en un espacio no convencional inserto en un espacio convencional (el Teatro San Martín). William Shakespeare estrenaba mucha de sus obras en espacios no convencionales, por lo tanto sentía que de alguna forma me acercaba al autor, pero desde mi tiempo", contó. Y agregó: "Titus se me antoja una metáfora sobre el hombre y el poder y en coincidencia, lo íbamos a representar en un espacio del poder. Era, al mismo tiempo, desde la dramaturgia, un viaje por muchos estilos, del mismo modo que la puesta iba a ser un tránsito por diferentes espacios".
Según Montilla Santillán, la materia más delicada es el texto propiamente dicho. ¿Qué se debe cambiar? ¿Por qué? "No se puede quitar algo de un texto porque la obra es larga simplemente, que es el modo que observo en la mayor cantidad de adaptaciones en esta provincia. Debo recortar lo que está en el original porque su época lo requería. No puedo quitar un personaje porque es pequeño, para evitar un miembro más en el grupo, sino porque su relevancia en la obra puede prescindirse. Si he elegido un texto de un autor es porque ese texto y ese autor me representan y no por otra cosa, y debo actuar frente a él con el mayor de los respetos. Y si agrego textos de mi autoría, como se hizo en Titus, estos eran de condición más técnica, con el fin de introducir al espectador en el espacio y en la convención", sostuvo.
El director afirma que lo que quiso hacer fue acercar el texto clásico al espectador contemporáneo para demostrar su vigencia. "Las modificaciones fueron llevadas a cabo en beneficio de eso. Pero para mí es importante que fuera Shakespeare el protagonista y no yo. El adaptador en ese sentido debe ser invisible", dijo.
Críticas
Edipo era joven, o cuando menos adulto, al enamorar a Yocasta, sin reconocer en ella a su madre ni por edad ni por parecido físico; eso se infiere al leer el texto. "En la última versión realizada aquí, la desacertada elección estaría en los roles, sin justificación escénica o dramatúrgica. Tuve incluso la experiencia en una versión de Moliere en la que se ajustó textos de Nietzsche, como si Zaratrusta y el Misántropo pudieran coincidir en una reunión. Y luego siempre 'Romeo y Julieta', caballito de batalla para los más horrendos crímenes contra el autor que se hayan realizado", planteó el dramaturgo al recordar algunas adaptaciones realizadas en Tucumán. Por el contrario, destacó "Sueño de una noche de verano", de Máximo Gómez, "que fue inspiradora y exquisita", concluyó.
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