"El mercader de Venecia" actualizó el pensamiento de Shakespeare

Manuel Maccarini dice que un texto clásico involucra todo el universo del hombre.

OPCION. En El mercader de Venecia Maccarini apostó por la diversidad. LA GACETA / ARCHIVO
OPCION. En "El mercader de Venecia" Maccarini apostó por la diversidad. LA GACETA / ARCHIVO
18 Octubre 2009
"Traduzco con mis pobres palabras un viejo proverbio: 'Pinta tu propia aldea y hablarás del  mundo'. Una verdad sin discusión. Un clásico condensa los pensamientos y las problemáticas esenciales que atraviesan nuestro efímero espacio humano. Sólo esto basta para la tentación de hacer un clásico", señala el dramaturgo Manuel Maccarini.
El director ha trabajado sobre textos de Goldoni, Shakespeare, Moliere y Calderón de la Barca, entre otros. "Lo hice a partir de un diagnóstico: ¿a qué público refiero? y ¿qué debo traducirles? En cada caso procedí de manera diferente. De cada texto extraje o profundicé un aspecto que consideré adecuado a cada repertorio. Un clásico involucra todo el universo humano: pasiones e ideas que abarcan diversas psicologías y posicionamientos, pero en cada tratamiento puse el acento en aquello que hace a mi mandato ético y estético. Una cuestión subjetiva, por supuesto. Pero de eso trata el arte en general", reflexiona. En todos los casos Maccarini trató de sostener lo esencial de cada autor. Y en este aspecto consideró también 'la forma'. Es decir la época, el estilo y el pensamiento, pero entrecruzándolo conceptualmente con el momento actual, el nuestro, el propio del espectador. "Esto me permite establecer correspondencias para desenmascarar una conducta moral y social en la que aún nos mostramos atrapados, empequeñecidos", describe el director de "El mercader de Venecia".

Juego lúdico
Luego contó que con "El servidor de dos patrones", que adaptó para la Comedia Municipal de Catamarca, consideró que, tratándose del  primer trabajo oficial después de un largo silencio, debía recuperarse al público y, a la vez, entrenar al elenco en el rigor del empleo de los recursos actorales. "Entonces lo espectacular y lo lúdico de la Commedia'dell Arte debía estar en primer plano. El texto padeció una buena peinada y reacomodé su estructura", asegura.
Posteriormente, relata que cuando abordó "La comedia de las equivocaciones", estaba dirigida al público adolescente, por lo que bajó el tenor erótico y profundizó el juego del equívoco. 
Maccarini afirmó que con "El mercader de Venecia" se propuso una suerte de actualización en su pensamiento. "Rompí la polaridad que la caracteriza. Y el juego binario quedó sustituido por la diversidad. Ahora estaba humanizado, lejos de ser un representante víctima en general", describió.
"Al trabajar 'Juan Moreira', en cambio, sentí que ya no servía seguir insistiendo con el paradigma histórico-social, sino que debía transitar como un mito. Mostrar de qué manera un hecho histórico se modifica, transformado a través de los tiempos; desde la literatura original del folletín, pasando por el circo, el teatro, la televisión, el cine, bajo sus diversas estéticas, hasta llegar a una cierta forma del teatro antropológico", ejemplificó.

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