Es lo que hay

Por Ricardo J. Kaliman - Profesor de Teoria Literaria y Cultural, UNT, Investigador Independiente, CONICET.

INFLUYENTE. Atahualpa Yupanqui es un emblema indiscutible de este género. LA GACETA / ARCHIVO
INFLUYENTE. Atahualpa Yupanqui es un emblema indiscutible de este género. LA GACETA / ARCHIVO
06 Septiembre 2009
Salteños son Los Chalchaleros, el Dúo Salteño y el Chaqueño Palavecino, tres estilos mutuamente inconfundibles, tres sonoridades diametralmente diferentes, tres repertorios que apenas coinciden en un puñado de temas clásicos, tres concepciones del mundo incluso, tres perspectivas ideológicas del arte y de la vida.
¿Hay entonces una identidad del folclore salteño? Santiagueños son Los Manseros, Farías Gómez y Raly Barrionuevo. ¿Hay entonces una identidad del folclore santiagueño?
En lo que sí se parecen estos intérpretes es que cada uno de ellos, por un lado, ha alcanzado, en su momento (algunos, claro, todavía lo hacen), una importante capacidad de convocatoria entre públicos que también, eventualmente, se intersectan, pero que sin duda tampoco coinciden totalmente entre sí; y, por otro lado, en que, efectivamente, cada uno de ellos reivindica, con cierto orgullo, su respectiva provincianidad, salteña o santiagueña según el caso. Pero esto no quiere decir que haya un cierto modo salteño o santiagueño de hacer folclore, como una esencia única que se presentará con 1.000 caras distintas.

Sin continuidad
Estas consideraciones son relevantes a la hora en que nos preguntamos por la identidad del folclore tucumano. El cancionero folclórico argentino incluye numerosas piezas hermosísimas que, dentro de diversos cánones expresivos y retóricos, refieren a la gente y los paisajes de nuestra provincia, comenzando por las creaciones de Atahualpa Yupanqui, emblema indiscutible de este género y esta práctica.
Pero hay que reconocer, al mismo tiempo, que, a diferencia de las dos provincias mencionadas anteriormente, Tucumán no ha generado esa continuidad prolífica de generación tras generación de compositores e intérpretes de resonancia nacional, que sostengan el nombre provincial una y otra vez ante los más variados auditorios.

Parte de la historia
Si uno busca razones, debería tener en cuenta el papel relevante que juegan el Estado y otras instituciones de incidencia en el proceso cultural (que en los momentos clave del desarrollo del folclore, tendían a mirar a Tucumán como el enclave de la avanzada de la modernidad cosmopolita en la región), así como la dinámica propia de la industria musical (en la que juegan un papel determinante las redes de contactos que enlazan con las posiciones decisivas en la estructura del mercado, y que en Tucumán nunca alcanzaron la fluidez que sí tienen en otros lugares del país.)
Las cosas son así porque así es nuestra historia. Es lo que hay. Pero lo que hay en Tucumán son compositores, poetas e intérpretes sensibles, talentosos y apasionados.
Uno puede escuchar muy buen folclore, entretenido o profundo, brillante o sutil, en el que uno puede corporal y emocionalmente encontrarse a sí mismo y también puede encontrar los sentimientos y las ilusiones del prójimo. Tal vez esa es la identidad que más importa.

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