La abuela siempre aparece en el recuerdo del país de la infancia

Los lectores cuentan que nada conmueve más que revivir la niñez.

TERNURA Y TRAVESURAS. Cierro los ojos y ve a mi abuela, como siempre tan alegre, rememora un lector. ARCHIVO TERNURA Y TRAVESURAS. "Cierro los ojos y ve a mi abuela, como siempre tan alegre", rememora un lector. ARCHIVO
09 Agosto 2009

"Si fuera niña otra vez, volvería a acompañar a mi padre al Mercado del Norte a comer pizza los sábados a la mañana. Si hoy fuese niña otra vez y supiera que me quedaría sin él tan pronto, lo abrazaría hasta que le falte el aire, para que su rostro me quede grabado por siempre", reza uno de los mensajes más emotivos que ayer respondieron a la convocatoria de LA GACETA.com, que firma Alita.
La importante cantidad de comentarios que llegaron a nuestro diario demuestran que hay pocas cosas que convoquen más que la invitación a volver a ser niños. Un  dato que resalta: la apelación constante, llena de ternura, a los abuelos, por parte de los lectores.
"A pesar de los más de 40 grados de calor, volvería a jugar al básket en Central Cordoba, a pleno rayo del sol", recuerda un tucumumano que lleva casi tres décadas en Comodoro Rivadavia. La "mamá de Guada, de Cami y de Bruno" confiesa que si el tiempo pudiera dar marcha atrás, ella "se escaparía a jugar", y que sería "haría todas aquellas cosas que no se había animado a hacer, por miedo".
"Volvería a andar en bicicleta con mi papá, que me llevaba en una silla de las que se agarran al manubrio, a la que yo veía gigante, ansioso por crecer para usarla a mi antojo. Volvería a amasar pan con mi madre, a quien miraba sorprendido cada vez que prendía la leña en horno de barro y esperaba que estuvieran listos los muñecos de pan", escribe ijzís.
En el turno de los abuelos, Petete promete: "disfrutaría de mis abuelos muchísimo más (y eso que los disfruté); comería la leche planchada de mi abuela junto al brasero, en la cocina,con mis primas. En los veranos jugaría de nuevo en el río Seco, me escaparía por las siestas, aunque mi abuela me dijera que se me iba a aparecer el duende...¡¡¡No dejaría de jugar nunca!!!".
"Se escucha a mi abuela supervisando la cocina; ya tiene todo listo, las empanadas empiezan a servirse, recién salidas del infaltable horno de barro; las mujeres se apuran a servir la mesa y los hombres van dejando su lugar cerca del fuego del asado. Llegaron los músicos y no faltan las guitarras que pasan de mano en mano, me quedo quietecita como siempre porque a los niños ya nos mandaron a dormir, y desde mi catre puedo escuchar las primeras chacareras. Cierro los ojos y la veo a mi abuela como siempre tan alegre sacar su pañuelo del batón colorido. Hoy la garganta se me hace un nudo y sólo puedo recordar la letra de aquel cantor: ’Nadie bailó la zamba de ayer, como lo hacía mi abuela, si me parece verla’", escribe Caro76.
"Volvería a tener esas ganas locas (una y otra vez) de regresar cada fin de año a mis veranos junto al mar, donde entendí la inmensidad del mar, que la utopía está en el horizonte, que las huellas desaparecen en la arena, que si nado contra la corriente, aunque cueste, es más lindo llegar", dice Constanza Fernández Kraus.
Hay mucho más: siestas pesacando mojarritas en el lago San Miguel, escapadas en bici, los veranos con los primos...Y un mensaje para los papás: "disfruten ahora de sus hijos, porque la niñez pasa muy rápido".

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