Los chicos del colegio María del Rosario respondieron a LA GACETA. LA GACETA / FRANCO VERA

"Si en el mundo no hubiese adultos sería, por un lado, muy bueno y, por otro, muy malo. Lindo porque podría salir a jugar sin permiso y dormir hasta tarde, pero sería feo también, porque no tendría a nadie que me ayude, que me de plata, que me lleve a hockey, ni que me abrace y me de besos", opinó María Belén Ginel. Como ella, otros alumnos de 5 y 6 grado del colegio María del Rosario y del Instituto Doctor Carlos Pellegrini imaginaron cómo serían sus vidas si no existiesen los mayores y se lo contaron a LA GACETA.
"Horrible", sintetizó Agustina Remonda, a lo que Luciano Anastasio añadió: "porque no tendríamos quién nos explique o nos ayude".
A Josefina Vega la puso triste pensarlo. "Los adultos nos dicen qué hacer y cómo para que nos salgan bien las cosas. Son necesarios", sostuvo. En cambio, a Gustavo Ignacio Matos le asustó la idea. "¡Todos los niños andarían sin control! Nos hacen falta los grandes", subrayó. Algo similar dijo María Virginia Santillán: "¡los niños tendrían que trabajar, no tendríamos plata, educación, comida, ni agua!".
También Marcelo Nuñez imaginó un panorama negro: "No habría reglas, derechos, deberes... no seríamos nada".
"Sin adultos sería como una nube negra; sin educación ni respeto, porque no estarían nuestros padres para darnos el ejemplo", dijo Rocío María Rotger.
Para Valentina Japaze sería triste, feo, oscuro y todos pasarían hambre y, según Luciana Lourdes Leas habría desorden y más violencia.
Verónica Bringas dijo que sería más triste que felíz. "Porque necesitamos la protección de los adultos, su amor y su confianza", reflexionó la pequeña. Y Micaela Mastroberardino agregó: "Necesitamos alguien que nos guíe, que nos enseñe a caminar en la vida, impartiéndonos valores".
Desde otra óptica, algunos chicos pensaron que sería muy divertido. "Creo que nos sentiríamos libres, en la forma de comportarnos, de comer las comidas que nos gustan y cuando queremos", dijo Javier Riera.
Germán Arias consideró que el mundo sin padres sería divertido pero un caos. "Porque si nos enfermamos no sabemos cómo curarnos y tampoco sabemos cómo cocinar", afirmó.
"Sería un poco raro", concluyó María Lourdes Ríos Antenucci.







