02 Agosto 2009 Seguir en 
Según el tipo de música que se esté escuchando en vivo se esperan reacciones diferentes. Para los rockeros, por ejemplo, la participación directa del público parece ser necesaria al punto de permitir que algunos suban al escenario; en el jazz, en cambio, los músicos prefieren que les presten atención aunque sin la pretensión de tener todo bajo control, y en el folclore la alternativa parece estar en la conjunción de ambas opciones.
"En mi caso no hay muchas cosas que me perturben cuando estoy; no hay muchas cosas que nos desconcentren, excepto cuando se ponen en riesgo los equipos o la seguridad de las personas", dice Santiago "Tito" González, baterista de Extrema Voluntad, una banda de hardcore con la que el público suele saltar mucho y trepar al escenario.
A él, como la mayoría de los músicos del rock local, lo que más le molesta del público es el regateo, y en su caso lleva varios años luchando contra esa mala maña. "El espectador debería acostumbrarse a pagar la entrada al precio que fijan los productores, y sobre todo si es un recital under. Un espectador consciente de la realidad es alguien que valora, apoya sin ningún interés y colabora", confirma.
"Lo más importante es poder pasarla bien arriba del escenario... es todo lo que podés hacer, aunque todos queremos un espectador que nos preste atención por lo menos la mitad del concierto en un pub", comenta risueño Gabriel Isa, un guitarrista de jazz con amplia trayectoria que actualmente integra un trío que lleva su nombre y el grupo Contrabando.La cantante folclórica Noralía Villafañe cree que lo peor que le puede pasar es que la gente hable y que ni la mire cuando actúa.
"Pero más me molesta eso cuando lo vivo como público y no me dejan escuchar. Pasa mucho en las peñas, donde el ruido es muy fuerte. Son cosas que hacen difícil brindar una buena actuación", confirma."Que te presten atención te genera un gran placer y te permite concentrarte en la música, en tratar de transmitir lo que se siente. Es el mejor regalo que te puede hacer el público", señala Noralía.
"En mi caso no hay muchas cosas que me perturben cuando estoy; no hay muchas cosas que nos desconcentren, excepto cuando se ponen en riesgo los equipos o la seguridad de las personas", dice Santiago "Tito" González, baterista de Extrema Voluntad, una banda de hardcore con la que el público suele saltar mucho y trepar al escenario.
A él, como la mayoría de los músicos del rock local, lo que más le molesta del público es el regateo, y en su caso lleva varios años luchando contra esa mala maña. "El espectador debería acostumbrarse a pagar la entrada al precio que fijan los productores, y sobre todo si es un recital under. Un espectador consciente de la realidad es alguien que valora, apoya sin ningún interés y colabora", confirma.
"Lo más importante es poder pasarla bien arriba del escenario... es todo lo que podés hacer, aunque todos queremos un espectador que nos preste atención por lo menos la mitad del concierto en un pub", comenta risueño Gabriel Isa, un guitarrista de jazz con amplia trayectoria que actualmente integra un trío que lleva su nombre y el grupo Contrabando.La cantante folclórica Noralía Villafañe cree que lo peor que le puede pasar es que la gente hable y que ni la mire cuando actúa.
"Pero más me molesta eso cuando lo vivo como público y no me dejan escuchar. Pasa mucho en las peñas, donde el ruido es muy fuerte. Son cosas que hacen difícil brindar una buena actuación", confirma."Que te presten atención te genera un gran placer y te permite concentrarte en la música, en tratar de transmitir lo que se siente. Es el mejor regalo que te puede hacer el público", señala Noralía.


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