02 Agosto 2009 Seguir en 
Para muchos artistas, no existe una fórmula para comportarse en el teatro o en un espectáculo musical. Todo depende del público y del género. "Creo que los actores quisieran un público que permanezca en silencio durante la función, que apague su celular, que llegue a horario a la función, que justo ese día no tenga un ataque de tos, etcétera. Pero en realidad, me parece que si quisiéramos construir un catálogo del buen espectador tendríamos que pensar a qué género pertenece la obra y a quién está destinada", señaló Viviana Perea, actriz, directora y responsable de la Sala Ross.
En este sentido, dijo que si se trata de una comedia, donde se necesita de la participación del público, lo ideal es un espectador sonriente, que responda a las preguntas o propuestas que le hace el actor. Por eso, un espectador que permanezca en silencio cuando el actor intenta establecer un diálogo es casi un despropósito", señaló. Por el contrario, si se trata de una obra mas dramática, los actores necesitan de un espectador más silencioso, atento, que no llegue tarde a la función, que no tosa o estornude y que no tenga el celular en mano.
"De todas maneras creo que un espectador que en medio de la función contesta un mensaje de texto (por dar un ejemplo) es un espectador que está aburrido y al cual la propuesta no le interesa demasiado. Es como en el teatro infantil: nunca falta el niño que llora ante la presencia del malo o cuando se apagan las luces. Pero si luego se logra contener a ese pequeño espectador y divertirlo, este niño se engancha y se divierte de lo lindo", agregó Perea.
En el caso de las obras para niños, en aquellas salas en las que se permite el ingreso de los espectadores con comida, bebida y golosinas, es común que entre función y función el personal de limpieza extraiga de entre las butacas una cantidad sorprendente de paquetes vacíos de galletitas o papas fritas, botellas de gaseosa y restos de comida, cantidad que podría reducirse si muchos de los papás alentasen a sus niños a tirar los desechos en los tachos de basura.
Hecha la salvedad, muchos teatristas aseguran que el divertidísimo paisaje que ofrecen los niños riendo junto a los actores mientras mastican en plenitud su galleta preferida es uno de los más gratificantes de la vida teatral. De hecho, si no fuera por estos juegos, muchas de las puestas infantiles perderían esa magia que las caracteriza.
En este sentido, dijo que si se trata de una comedia, donde se necesita de la participación del público, lo ideal es un espectador sonriente, que responda a las preguntas o propuestas que le hace el actor. Por eso, un espectador que permanezca en silencio cuando el actor intenta establecer un diálogo es casi un despropósito", señaló. Por el contrario, si se trata de una obra mas dramática, los actores necesitan de un espectador más silencioso, atento, que no llegue tarde a la función, que no tosa o estornude y que no tenga el celular en mano.
"De todas maneras creo que un espectador que en medio de la función contesta un mensaje de texto (por dar un ejemplo) es un espectador que está aburrido y al cual la propuesta no le interesa demasiado. Es como en el teatro infantil: nunca falta el niño que llora ante la presencia del malo o cuando se apagan las luces. Pero si luego se logra contener a ese pequeño espectador y divertirlo, este niño se engancha y se divierte de lo lindo", agregó Perea.
En el caso de las obras para niños, en aquellas salas en las que se permite el ingreso de los espectadores con comida, bebida y golosinas, es común que entre función y función el personal de limpieza extraiga de entre las butacas una cantidad sorprendente de paquetes vacíos de galletitas o papas fritas, botellas de gaseosa y restos de comida, cantidad que podría reducirse si muchos de los papás alentasen a sus niños a tirar los desechos en los tachos de basura.
Hecha la salvedad, muchos teatristas aseguran que el divertidísimo paisaje que ofrecen los niños riendo junto a los actores mientras mastican en plenitud su galleta preferida es uno de los más gratificantes de la vida teatral. De hecho, si no fuera por estos juegos, muchas de las puestas infantiles perderían esa magia que las caracteriza.
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