Los golpes globalizados

En Washington, todo el mundo rico se aglutinó en un bloque sin fisuras: nadie ayudará a la Argentina, si el FMI no da el sí a su ex novia y hoy mujer indeseable.

22 Abril 2002
Por Carmen Coiro

BUENOS AIRES.- El Gobierno argentino vive horas de zozobra creciente: aunque al asumir Eduardo Duhalde, dijo que el Fondo Monetario (FMI) no sería quien dirigiría la política del país, hoy reza desesperado junto a su estrecho entorno porque se encienda en el organismo multinacional, de una vez por todas, esa luz verde que, hoy por hoy, parece haber sido eliminada del semáforo.
Mientras tanto, en Washington, todo el mundo rico que globaliza al mundo pobre se aglutinó en un bloque sin fisuras: nadie ayudará a la Argentina si el temible FMI no da el sí a su ex novia bella y hoy mujer indeseable. Pocas veces se han podido ver con más claridad que ahora las nuevas formas en que el poder mundial globalizado actúa sobre las naciones dominadas.
Argentina ha sumado una serie de errores interminables desde hace años donde la corrupción fue el más grave, una especie de enfermedad que llevó al país a una situación terminal.
Nadie puede negar esa realidad, ni lo titánico que resultaría si alguna vez se instalara aquí un poder decidido a eliminarla, en realidad, la única receta para salvar a la Nación de seguir cayendo en un abismo que parece sin fin.
Es cierto que esa no parece ser la decisión que tomaron, ni el ex presidente Fernando de la Rúa, que ganó las elecciones con esa promesa, ni Duhalde, demasiado mezclado con un pasado ominoso que nadie puede olvidar, para liderar una cruzada por la transparencia. Pero también es cierto que hoy Duhalde, hace esfuerzos indecibles por encontrar una mínima tabla de salvación que permita al menos frenar el hundimiento vertiginoso para en- tregar el barco a un futuro poder político con mayor consenso institucional y democrático. Sin embargo, en los poderes de la globalización esa idea parece no haber calado sobre los ánimos de quienes lo manejan. Si las multinacionales no ganan exorbitancias como hasta ahora, y el país no ajusta hasta el ahogo a su pueblo, ni el FMI ni sus socios europeos están dispuestos a abrir la válvula de oxígeno. ¿Por qué tanto ensañamiento con la Argentina? ¿Acaso la corrupción que hoy mancha a nuestro país, no se verifica en forma alarmante en las naciones que hoy se erigen en jueces y dioses? El escandaloso caso de la Enron en los EE.UU. es sólo una muestra de la forma en que se manejan las empresas en ese país.
¿Acaso las compañías españolas no se beneficiaron comprando a las estatales argentinas a precios irrisorios, en condiciones que no pasarían ni un primer examen de transparencia?
Pero hoy todos dicen "no". La razón parece ser, simplificando, una sola: al poder político -con su brazo económico- de los EE.UU., simplemente, no les gusta Duhalde. Y cada vez son menos sutiles a la hora de reconocerlo. Parecen haber decidido que Duhalde no pasará, y entonces ensayan el nuevo estilo de golpe de Estado globalizado, en un momento en que el mundo rico parece no dejar de generar en sus laboratorios torpes experimentos para quitarse de encima los gobiernos con los que no simpatizan.
Lo que ocurre con la Argentina parece ser un ensayo vital para el poder del Norte: golpear a los gobiernos institucionales en la víscera que más le duele, sin importar si en el medio caen cientos de miles de seres humanos. Es que el humanismo ya no existe en este mundo dominado por las ganancias. Las autoridades del FMI lo dijeron lo más claro que pudieron. No asomó el pudor cuando Anne Krueger dijo, palabras más, palabras menos, que no tiene ningún problema de conciencia a la hora de empujar a la desesperación a un enorme sector del pueblo argentino.Al parecer, el Fondo apuesta a que los pueblos ya no ejerzan su voz ni voto, sus reclamos soberanos en el disfrute de la democracia: la voz de los pobres no importa. Y por eso, cada vez más, los pobres se van quedando mudos. Y muertos de hambre.

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