La lógica de lo absurdo

Con el apartamiento de Jerez, los gobernantes terminan de distanciarse de la sociedad.

22 Abril 2002
Por Alvaro José Aurane

Uno de los principios básicos del miedo establece que todo es posible. Absolutamente todo. Dicho de otro modo, pocas sospechas son tan aterradoras como la de que cualquier cosa puede concretarse, por descabellada que parezca. La lógica del absurdo es un apéndice básico en el manual del pánico. Y en esta provincia, quienes manejan los poderes políticos están escribiendo el capítulo tucumano de esa pavorosa idea.Si un fiscal investiga la corrupción, será separado de esa tarea por quienes son investigados. Si atendió más de 300 causas en menos de dos años, no se trata de que hay mucha corrupción, sino de que él se busca mucho trabajo. Si se cuidó de no gastar la totalidad de los $20.000 mensuales de los que disponía para apoyo técnico, no habrá reconocimientos de austeridad y de eficiencia. Total, entre dos de los 20 legisladores que lo apartaron de su trabajo, consumían por mes mucho más que ese monto en concepto de gastos de bloque.
Si suplantando al ministro fiscal Luis de Mitri por un letrado funcional al poder político se podía poner coto a Jerez, entonces valía la pena intentarlo con un juicio político. De paso, no estaba de más acosar al fiscal con pedidos de destitución. Como fracasaron las intentonas, no quedó más remedio que modificar la Ley Orgánica de Tribunales, al solo efecto de remover al incomodante titular de la Fiscalía Anticorrupción. Si quedaban dudas de que sólo por eso se modificó esa norma, nadie menos que el presidente del bloque del Frente Fundacional, José Gutiérrez, se encargó de hacer la confesión de parte. "Con la separación de Jerez, se ha despolitizado a la Justicia (...) El fiscal tiene animosidad contra los legisladores", le dijo a LA GACETA, tal como se publicó ayer.Si se es niño y se asiste a una escuela con comedor, se padecerá hambre hasta el desmayo. Pero la casi totalidad de los legisladores, que son representantes de esas criaturas desnutridas, se negarán a hacer públicas sus declaraciones juradas de bienes, seguramente abultados. Aun cuando se lo solicite la Justicia.
Si el pueblo, entre ajustes y devaluaciones, no sabe cuánto ganará legítimamente mañana, tampoco tiene por qué saber cuánto ganarán legítimamente mañana sus representantes en los poderes del Estado.

Perdido por perdido
Si el Poder Judicial pide un desafuero, la Cámara contestará con juicios políticos a los magistrados. Si se piden 39 desafueros, se actuará de manera corporativa y nadie se pondrá colorado. Uno de los que no es procesado gracias a esa inmunidad, podrá infamar a gusto y paladar a pastores de la Iglesia. Si el único que no está acusado acude a declarar, será amenazado de expulsión.
Si no hay ni gasa en los hospitales, las escuelas se caen a pedazos y la Policía no tiene vehículos, o los tiene pero sin combustible, será un buen momento para modificar la Constitución. Aunque la Carta Magna sea un pilar del ordenamiento social, su reforma se teñirá de denuncias de compra de voluntades.
Si la plaza está saturada de bonos, se emitirán 55 millones más de moneda espuria. El pobre ciudadano sufrirá un desagio del 15% para canjear Bocade por pesos. Pero para algunas grandes empresas, amigas del Gobierno, se habilitará una operatoria paralela, con el cambio uno a uno. De paso, algún ahorrativo empleado del PE, que cobra en bonos pero consigue efectivo al por mayor, podrá habilitar una "cueva" en pleno centro.
Si se quiere explotar un tren de pasajeros y no se tienen los seguros, cabe la posibilidad de que igual se obtenga la subconcesión. A veces ocurre que aparecen fax, que parecen provenir de organismos oficiales, que dicen que la casa está en orden.
Si se reflejan las denuncias, se sufrirán campañas difamatorias sin que jamás se identifique a un responsable. Y cualquiera será calumniado con panfletos y con afiches. Otras veces, algún vicegobernador bajará al recinto de sesiones a despotricar contra los críticos. Y será ovacionado por un buen número de legisladores.
Si se observa un pueblo que va por un lado, mientras los gobernantes van para el otro, no se está perdido. Se está en Tucumán.

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