Niños con hambre

Alimentar a los chicos debería ser una prioridad para el Estado.

22 Abril 2002
La verificación, que difundimos días atrás, de situaciones de hambre existentes entre los alumnos de la Escuela 248 "Juan Luis Nougués", de calle Lincoln al 1.400, tuvo enorme repercusión no solamente en nuestra provincia, sino en los medios periodísticos de todo el país. Como se informó en nuestra edición del 16, el reconocimiento médico de varios chicos, llevó a la conclusión de que los desmayos que sufrían eran debidos a la falta de alimento.
Los comedores se encuentran desprovistos por la falta de partidas presupuestarias. Si se piensa que en la provincia funcionan 654 comedores escolares, que durante el año pasado alimentaron a 157.000 chicos, puede tenerse una idea de lo que tales centros representan, dentro del dramático cuadro de miseria y desempleo que caracteriza a nuestra provincia y al país en la presente circunstancia. La situación sin duda habrá de acentuar sus relieves en el año que va transcurriendo, dado que existe un notable incremento en la matrícula, que llega al 20 por ciento según las estimaciones.
Frente al panorama descripto, como de costumbre la explicación oficial fue que en pocos días más se regularizarían las remesas, y que existe el propósito de incorporar los comedores escolares al esquema que maneja actualmente Prosonu (Programas Sociales Nutricionales). Entretanto, la solidaridad pública se expresó a través de donaciones, indicadoras del eco que casos como estos tienen siempre en el grueso de la población.
Hay, por otra parte, iniciativas concretas destinadas a operar sobre la crítica situación comunitaria de la provincia, como la Red de Responsabilidad Social, constituida días pasados en nuestra ciudad, y sobre cuyas características informamos oportunamente.
Por encima de todas estas derivaciones, queda en pie el hecho de que con el hambre tocamos el punto más grave de la problemática de la población. Parece obvio recordar que el alimento es una necesidad primerísima, frente a la cual no es posible margen alguno de espera. El hecho de que sea un niño quien la esté sufriendo torna aún más patética y apremiante, si cabe, la situación. Constituye una fundamental obligación del Estado, en todas sus ramas, cuidar que la provisión de alimento no sufra absolutamente ninguna interrupción.
No puede depender un comedor escolar de las complicaciones burocráticas, ni someterse a las esperas de fondos que deben remitir la Nación o la Provincia. Su situación es algo que ha de solucionarse de inmediato y de cualquier modo, aunque para ello deba postergarse cualquier otra erogación del poder público. Por otro lado, llama la atención que se deje a las cosas llegar a los extremos, en lugar de tomar previsiones. La provisión de fondos para los comedores debe constituir una prioridad para el Tesoro oficial en toda circunstancia, y los fondos a su respecto tendrían que ser gestionados con la máxima diligencia, sin esperar que las situaciones estallen.
La realidad muestra, sin duda alguna, que una gran cantidad de la población infantil de Tucumán se nutre gracias a los comedores escolares. En esos centros se ofrece un mínimo respiro a los hogares cuyos jefes, acosados por la falta de trabajo y por la miseria, no pueden directamente proveer de comida a sus hijos. El hecho de que esa salida también sufra frecuentes interrupciones, no hace sino aumentar peligrosamente la gravedad del clima social de la provincia, sobre cuyas inquietantes características sería ocioso insistir. Es necesario, entonces, que estas situaciones se atiendan de un modo adecuado a la emergencia que representan. Hablamos de otorgarles, repetimos, la máxima prioridad y preocupación, a fin de que no se repitan casos como los de la escuela "Juan Luis Nougués", que constituyen una afrenta para el Estado y para la comunidad.

Tamaño texto
Comentarios